Los arrestos de migrantes en espacios públicos aumentan más de 1.100% durante el segundo mandato de Trump
El último informe del Deportation Data Project desglosa a través de las cifras del ICE el funcionamiento de la maquinaria antimigrantes del Gobierno de Estados Unidos


Nadie duda de que la maquinaria antimigrantes desplegada por la Administración de Donald Trump es más extensa y agresiva que nunca antes, pero los datos para confirmarlo han sido siempre esquivos. Esta semana, sin embargo, el Deportation Data Project (DDP), de la Universidad de California en Berkeley, ha publicado su análisis más extenso, con cifras desconocidas hasta ahora y que abarcan hasta el pasado 10 de marzo. Sus conclusiones confirman lo que se podía intuir de las imágenes del terror migratorio que se ha desatado en las calles estadounidenses: los arrestos de migrantes en espacios públicos han aumentado más de 1.100%, las detenciones de personas sin historiales criminales han subido 770% y las liberaciones bajo fianza se han paralizado prácticamente del todo. Estas son solo algunas entre varias otras tendencias que en conjunto pintan una imagen de cómo es que Estados Unidos está avanzando en su objetivo de llevar a cabo la mayor deportación de la historia.
El Gobierno de Trump no publica cifras sobre la implementación de su agenda migratoria de manera regular, y cuando sí lo hace, suelen estar incompletas. Pero el DDP consiguió los datos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a través de una demanda amparada bajo la Ley de Libertad de Información. En cuanto los tuvo, los publicó para consulta abierta, y esta semana ha presentado su propio análisis.
El Departamento de Seguridad Nacional ha puesto en duda las conclusiones del DDP y sostiene que el 70% de los arrestos de la agencia han sido de migrantes con antecedentes penales. Numerosos otros reportes a lo largo de los últimos meses han desmentido esto y demostrado que la mayoría de los detenidos no tienen historiales criminales. Asimismo, el DDP ha respondido que los datos analizados son las cifras brutas del ICE y que su proceso ha sido completamente transparente.
Más allá de la disputa política, los datos revelan una transformación estructural del sistema migratorio estadounidense, basada en dos cambios simultáneos: detener a más personas —y en más lugares— y dificultar al máximo que salgan del sistema una vez dentro, a menos que sea como deportados.
En el último año, los arrestos totales se han multiplicado por cuatro. El impulso crítico ha sido un aumento explosivo de detenciones fuera de centros penitenciarios. Estos arrestos en espacios públicos —en las calles, tribunales o citas migratorias— se han multiplicado por más de once. Los traslados desde cárceles y prisiones, es decir, de migrantes ya detenidos por otros delitos, el foco tradicional del ICE, se han duplicado.
Este giro también explica otro: el aumento del 770% en las detenciones de personas sin historial criminal. Al mismo tiempo, los arrestos de personas con delitos no violentos solo se han duplicado y los de delitos graves han crecido de forma mucho más moderada. En otras palabras, los datos confirman que el sistema ya no distingue de forma significativa entre perfiles, ampliando el alcance de la red migratoria.
No solo hay más arrestos. El sistema de detención ha crecido sustancialmente, con un aumento de cuatro veces en el número de camas utilizadas para personas arrestadas dentro del país. Este crecimiento ha sido posible tanto por una mayor inversión en nuevos centros —que apenas son una fracción de la expansión proyectada— como por la caída de detenciones en la frontera, que ha liberado espacio en los centros para quienes son arrestados en el interior del país.
Pero el dato más revelador no es el aumento de capacidad, sino el colapso de las liberaciones bajo fianza. En general, la probabilidad de salir en libertad en los primeros 60 días de detención ha caído del 16% al 5%. Para migrantes sin antecedentes penales —precisamente el grupo cuyas detenciones se han multiplicado por ocho— la probabilidad de ser liberados mientras luchan sus casos se ha desplomado, mientras que la de ser deportados en cuestión de semanas se ha duplicado.
Asimismo, a medida que los detenidos pasan más tiempo en los centros migratorios, reconocidos por sus terribles condiciones, muchos están optando por aceptar la deportación o solicitar una salida voluntaria, en lugar de quedarse y pelear en los tribunales. Estas salidas voluntarias se han multiplicado por 28, evidenciando la efectividad que está teniendo la detención como mecanismo de presión.
En conjunto, los datos del DDP muestran una estrategia que amplía el alcance del sistema migratorio, endurece sus condiciones y acelera sus resultados. Más que una suma de políticas, lo que emerge es una maquinaria coherente: detener a más personas, en más lugares, con menos criterios de selección y asegurar que, una vez dentro del sistema, tengan cada vez menos posibilidades de salir.
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