Saludos nazis y chats racistas en universidades de Florida revelan un patrón de retórica extremista entre jóvenes conservadores
Expertos advierten sobre la normalización del lenguaje y los comportamientos extremistas, así como el acoso, en entornos educativos: “Así es como la radicalización toma forma en la práctica”


Un gesto que evoca el nazismo. Un chat de WhatsApp de estudiantes colmado de insultos racistas y mensajes antisemitas. Dos escándalos este mes, uno en la Universidad de Florida (UF), en el centro de la península, y otro en la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami —dos de los principales centros de altos estudios del Estado— no son incidentes aislados, sino que comparten un patrón más amplio de normalización de retórica extremista, simbolismo y acoso que han germinado en entornos digitales y han saltado a la palestra, señalan expertos. Las universidades de Florida se están convirtiendo en un campo de prueba para este fenómeno, que coincide con un aumento sostenido de incidentes antisemitas en Estados Unidos.
A comienzos de este mes se filtraron al Miami Herald mensajes de un chat de estudiantes de FIU que insultaban a los judíos, a los homosexuales, llamaban “putas” a las mujeres y describían actos de violencia contra los negros. Alguien dijo que el chat era el “paraíso nazi”, y otros mensajes hacían referencia a Adolf Hitler. El chat había sido creado por el secretario del Partido Republicano del condado de Miami-Dade, y entre los participantes estaba el presidente local del grupo Turning Point USA (fundado por el fallecido Charlie Kirk) y el exjefe de captación de los Republicanos Universitarios, una organización nacional de apoyo al partido que promueve valores conservadores entre los estudiantes. Los líderes republicanos estatales se desmarcaron rápidamente del incidente y condenaron los mensajes. FIU ha dicho que está haciendo una investigación criminal sobre el caso.
La semana pasada, cuando la polémica aún no se había disipado, dos estudiantes de UF miembros de los Republicanos Universitarios aparecieron en una foto haciendo un gesto que parece el saludo nazi. También circularon en redes sociales otras fotos de miembros con figuras de la extrema derecha, como el influencer Nick Fuentes. UF condenó el hecho y ordenó desmantelar la organización en su campus. El grupo ha demandado a la universidad, alegando que la medida viola sus derechos de libre expresión bajo la Primera Enmienda.
Los de Florida no son los únicos casos. Ya en octubre del año pasado, Politico reveló miles de mensajes privados entre líderes de grupos de jóvenes republicanos de todo el país en los que bromeaban sobre cámaras de gas, esclavitud y violaciones. En chats de Telegram a los que tuvo acceso dicho medio, miembros de estos grupos en Estados como Nueva York, Kansas, Arizona y Vermont intercambiaban mensajes racistas, refiriéndose a las personas negras como “monos” y haciendo comentarios despectivos sobre los judíos.
Los episodios tienen elementos que, según expertos, no son casuales. “Estos incidentes forman parte de un patrón más amplio en el que el lenguaje y los comportamientos extremistas se están volviendo más visibles y normalizados, incluso en los campus. Este proceso se desarrolla mucho antes de hacerse visible”, explica la doctora Liram Koblentz-Stenzler, experta en extremismo de derecha y antisemitismo.
“Lo que comienza como una broma en un espacio digital semiprivado pasa a formar parte de la interacción cotidiana, luego se traslada a entornos sociales y finalmente aparece en espacios más visibles”, como los campus. “Al presentarse como ‘bromas’ o ironía, el umbral de lo que se considera aceptable va cambiando gradualmente. Así es como la radicalización toma forma en la práctica. Lo que estamos viendo no es solo una mayor visibilidad, sino un cambio en la forma en que se utiliza el lenguaje extremista. Se convierte en parte de la comunicación cotidiana, de maneras que lo hacen más fácil de repetir y más difícil de cuestionar”, agrega Koblentz-Stenzler.
Los datos confirman esa tendencia. Según la Liga Antidifamación, solo en Florida se registraron 353 incidentes antisemitas en 2024, casi el triple que en 2020, una buena parte en espacios públicos e instituciones, incluyendo educativas. A nivel nacional, los incidentes alcanzaron un récord tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la guerra en Gaza.
“Estamos viendo ejemplos más visibles de antisemitismo que reaparece en sus formas clásicas de extrema derecha, incluidas expresiones explícitas de nazismo en espacios de tendencia conservadora”, señaló en un correo electrónico el Comité Judío Estadounidense. “Históricamente, el antisemitismo ha seguido un patrón cíclico: permanece latente un tiempo y luego resurge” actualizado.
El aumento de este tipo de retórica ha coincidido con episodios de violencia y una creciente polarización política en las universidades. En abril del año pasado, un estudiante de la Universidad Estatal de Florida (FSU) mató a dos personas e hirió a seis en una concurrida reunión del sindicato estudiantil. Los investigadores hallaron que tenía un historial digital de retórica racista y una “fascinación” con Hitler y la Alemania nazi. Meses después, en septiembre, el activista conservador Charlie Kirk fue asesinado durante un evento en la Universidad del Valle de Utah, en un ataque que, según las autoridades, tuvo motivaciones ideológicas, aunque estas han sido menos claramente definidas.

El choque con la persecución a estudiantes propalestinos
Tras el inicio de la guerra en Gaza, las protestas propalestinas se extendieron por decenas de universidades en todo el país, con campamentos, enfrentamientos con la policía, arrestos y suspensiones. La respuesta incluyó investigaciones federales y presión política desde Washington, incluyendo órdenes ejecutivas de Donald Trump declarando a las manifestaciones en favor de los derechos de Palestina como una instancia de antisemitismo. La Administración republicana utilizó la financiación como herramienta de presión, recortando miles de millones de dólares a universidades y exigiendo cambios en sus políticas internas. Algunos planteles endurecieron sus normas sobre protestas y sancionaron o expulsaron a estudiantes para cumplir con las demandas del Gobierno.
Robert Shibley, de la Foundation for Individual Rights and Expression, señala que “bajo la Primera Enmienda, las universidades no pueden sancionar a estudiantes o grupos simplemente por expresar ideas” que puedan resultar ofensivas.
Los tribunales han establecido que, para que exista acoso en un entorno educativo, la conducta debe ser “tan grave, persistente y objetivamente ofensiva” que prive a otros del acceso a la educación. “El desacuerdo vigoroso sobre temas importantes siempre va a ofender a alguien”, asegura Shibley. “Por eso, en lugar de permitir que organismos estatales como la Universidad de Florida censuren el discurso, la ley espera que en los campus se responda al discurso con más discurso: refutando a los oponentes, no silenciándolos”.
El Comité Judío Estadounidense, por su parte, agregó que “el antisemitismo sigue atravesando divisiones sociales y políticas, manifestándose de distintas formas tanto en la izquierda como en la derecha” y es fundamental que las universidades reconozcan estos patrones y que sus líderes respondan con firmeza.
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