Ir al contenido
_
_
_
_
Columna

Depredadores en Sevilla y en Montana

Manuel Blanco Vega es la cara del mal en ‘El depredador de Sevilla’, una miniserie de Netflix que narra la condena a nueve años de cárcel a Blanco por agresión sexual a tres mujeres

Gabrielle Vega, en una imagen de 'El depredador de Sevilla'.

El perfil de Instagram de la fotógrafa Gabrielle Vega está lleno de imágenes de Montana, Estados Unidos. Hay paisajes inmensos y vacíos, hombres y mujeres con sombrero cowboy o melena al aire. Tienen piel nívea, ojos claros y un horizonte aparentemente sin preocupaciones.

Montana está muy lejos de Salamanca, España. Es la ciudad donde Gabrielle Vega aterrizó hace años para estudiar español. Lo pasó muy bien ahí, cuenta, en ese escenario tan diferente al barrio residencial donde transcurrió su infancia. Una vez instalada y familiarizada con sus calles, Vega quiso aprovechar su estancia y explorar otros destinos.

Buscó empresas que organizaran viajes a Marruecos y encontró Discover Excursions, con sede en Sevilla. La web le mostraba fotos de gente como ella pasándoselo de miedo. Jóvenes estadounidenses viviendo el sueño español. Siesta, sangría y fiesta. Buenas reseñas, buena vibra. Y hasta allí se fue.

Encontró a un guía llamado Manuel Blanco Vega, arquetipo del espabilao de turno con habilidades sociales. Moreno, con desparpajo, conocido más en la noche que en el día. Una perita en dulce que hemos conocido casi todas. Irresistible, aspirante a príncipe, fiestero y jeta. Pero no era como los demás. Blanco es la cara del mal en El depredador de Sevilla, una miniserie de Netflix de tres capítulos producida por Newtral y Atresmedia que narra la condena a nueve años de cárcel a Blanco por agresión sexual a Vega en Marruecos y a otras dos mujeres en Portugal. En la serie la protagonista es Vega y otras mujeres que han querido contar su testimonio tras el suyo y el juicio en el que ella declaró a través de videoconferencia. Se le quitaron las ganas de volver a España.

El patrón siempre es el mismo. En el documental y en la vida. Las emborrachaba mientras la tasa de él siempre fue del 0,0. Ellas, al despertar, no recordaban muchas cosas. A veces estaban desnudas junto a él, otras veces en un sofá. Otras recuerdan tan poco, o han querido olvidar para seguir viviendo, por eso no han hablado. Una de ellas se cayó por el balcón del ático de Manuel y murió. En el banquillo él dijo que a ver si es que no va a poder acostarse con personas, pero todas ellas, por supuesto, con consentimiento. Así funcionan los depredadores. Con gracejo, con encanto. En Sevilla, en Montana. O seré yo, otra de tantas exageradas.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_