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‘Jaque al rey’, el documental del campeón del mundo de ajedrez que difamó y no pide perdón

Carlsen no reconoce en una película de Netflix que acusó sin pruebas a Niemann de hacer trampas en 2022

Magnus Carlsen, durante una partida recogida en el documental 'Jaque al rey'.Netflix

Hans Niemann, estadounidense de 22 años, tiene un talento enorme para el ajedrez; pero su carácter, volcánico y arrogante, no gusta a casi nadie. Magnus Carlsen, noruego de 35, es uno de los mejores ajedrecistas de la historia; de temperamento equilibrado en general, pero a veces explota y roza la arrogancia. Niemann ganó a Carlsen en la Sinquefield Cup de San Luis (EE UU) en septiembre de 2022. El escandinavo acusó de trampas, sin prueba alguna, a su rival, quien lo demandó por 100 millones de dólares; hubo un acuerdo extrajudicial. El documental Jaque al rey (Netflix) cuenta el escándalo mayúsculo —intervino hasta Elon Musk—, sin una palabra de disculpa de Carlsen.

Ciudadela (Menorca), abril de 2023. Cuatro meses antes del acuerdo extrajudicial, que ya se negocia (no se sabe cuánto pagó Carlsen a cambio de que se retirase la demanda), Niemann se comporta como un extravagante nuevo rico: llega al torneo Open Chess Menorca en limusina, exige a los organizadores una suite gratuita en el hotel (que no le dan) y sale a la terraza a las 10 de la mañana a fumarse un puro habano durante las partidas. Esas escenas podrían haber sido un final muy apropiado de Jaque al rey (el título original es Untold: Chess Mates) porque ilustran el gran alivio y satisfacción que sintió Niemann tras ser la víctima de una difamación con eco mundial que pudo haber arruinado su carrera deportiva y su vida.

Aunque el documental apenas repara en ello, hay testimonios suficientes para asegurar que la infancia y adolescencia de Niemann fueron convulsas, lo que contribuye a entender por qué es una persona de trato difícil. Durante la Copa Sinquefield, pocos días después de que Carlsen lo acusara y se retirase del torneo, Niemann, de 19 años entonces, confesó ante las cámaras que había hecho trampas en partidas por internet cuando era menor de edad; pero también aseguró que jamás las hizo en partidas presenciales, incluida, por supuesto, su muy sorprendente victoria sobre Carlsen.

Jaque al rey confirma con claridad la secuencia de hechos y causas que mejor han encajado siempre con la lógica. El grupo empresarial de Carlsen, Play Magnus, estaba negociando su fusión con la mayor plataforma de ajedrez en internet, la estadounidense Chess.com, que finalmente se produjo con un pago a los escandinavos de 80 millones de dólares (Chess.com dice que ahora tiene 250 millones de usuarios). En ese contexto, Carlsen recibió información privilegiada de que Niemann había hecho trampas en torneos en línea.

El número uno indiscutible del ajedrez actual (aunque renunció al título mundial en 2022) reconoce que jugó la famosa partida de San Luis muy influido por el pensamiento de que se enfrentaba a un tramposo. Por su parte, Niemann admite que tuvo mucha suerte porque el noruego eligió una apertura (forma de empezar una partida) que él había analizado esa misma mañana en el hotel. Ningún gran maestro de élite ha afirmado nunca que Niemann hiciese trampas ese día; todos coinciden en que el noruego rindió por debajo de su nivel, y también en el gran talento del estadounidense.

Pero el escándalo fue mayúsculo, no solo porque el acusador sin pruebas era nada menos que Carlsen (en plena negociación para fusionar sus empresas), sino sobre todo por una idiotez en la que el director del documental, Thomas Tancred, se regodea: la teoría, alimentada por el ínclito Elon Musk, de que Niemann había utilizado un vibrador anal en el que recibía mensajes en lenguaje morse con las mejores jugadas en cada posición de la partida, dictadas por una computadora. No hay ningún argumento racional ni técnico para creer que ese método escatológico sea más eficaz que un microauricular escondido en el oído. En todo caso, hacer trampas en una partida presencial es mucho más difícil que por internet, por las inspecciones con detectores de metales que los árbitros utilizan en todos los torneos de cierto nivel, entre otras medidas preventivas o de vigilancia para evitar o cazar a los tramposos.

EL PAÍS publicó entonces dos series de columnas diarias con los análisis de las partidas presenciales más brillantes de Niemann (y posteriormente otras decenas de partidas e informaciones). Los motivos para sospechar no eran tanto sus espectaculares jugadas, sino el enorme contraste con otras partidas de baja calidad, incluso en los mismos torneos. Es decir, los resultados de Niemann eran muy irregulares, con gráficos en dientes de sierra. Pero eso encajaba muy bien con los testimonios de los entrenadores que había tenido durante su adolescencia y su propio comportamiento chirriante.

Un mes después del escándalo, llegó una revelación que descompuso a Carlsen, como él mismo reconoce en el documental: Chess.com comunicó que, tras analizar muy exhaustivamente con sus sofisticados algoritmos (“Son los mejores del mundo para cazar a tramposos”, aseguran) la polémica partida de San Luis y otras presenciales de Niemann, no había ninguna prueba concluyente de trampas (aunque también reiteró que las trampas por internet habían sido numerosas). “Mi principal argumento se vino abajo”, admite Carlsen en el documental. Gracias a ello, Niemann logró salir del ataúd anímico cuya tapa no pudieron clavar, y presentó la demanda de 100 millones de dólares (unos 85 millones de euros) contra Carlsen (también contra Chess.com y otros; en total, pedía unos 400 millones de dólares). Y eso terminó en el acuerdo de pasillo pocos meses después de sus extravagancias en Menorca.

En noviembre de 2022, con el escándalo aún en su apogeo, dos meses después de la partida de marras, el autor de estas líneas, escondido tras una columna, observó a Niemann durante más de una hora mientras disputaba el Mundial por Naciones en Jerusalén con la selección de EE UU. Se movía sin cesar con muy diversos gestos, como si fuera incapaz de permanecer quieto durante un minuto. Una prueba más de que su talento es tan grande (en este momento es el 40º de la lista mundial, pero el pasado octubre era el 15º) como la inestabilidad de su carácter, lo que le llevó a ser un adolescente tramposo. A su vez, saber eso incitó a Carlsen a jugar mal contra él.

Esas conclusiones encajan muy bien con lo que se cuenta en el documental, donde todo indica que Carlsen no oculta ningún hecho relevante, salvo la cantidad de dinero que muy probablemente pagó a Niemann. Pero el rodaje de Jaque al rey era una magnífica oportunidad para que el número uno pidiese perdón por acusar sin pruebas, reafirmando así su gran carisma. No lo hace, lo que quizá manche su biografía para siempre.

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