Solo el 13% de los emails está escrito por personas y más de la mitad cae en el filtro de spam: “No es un dato técnico, es un cambio estructural”
El análisis de 1.000 millones de correos electrónicos revela que son una herramienta totalmente dominada por sistemas automáticos


La inteligencia artificial (IA) puede darle la puntilla a los correos electrónicos, una forma de comunicación cada vez menos usada, especialmente entre los jóvenes, que lo ven como un vestigio del pasado. Muchos usuarios reciben cada día un aluvión de emails que no les interesan lo más mínimo. Un análisis de Hostinger, uno de los principales proveedores mundiales de alojamiento y dominios web, revela uno de los motivos de esa intrascendencia que rodea a la mayoría de comunicaciones electrónicas que recibimos: el 87% del tráfico global de correos electrónicos es generado por sistemas automatizados, es decir, no están escritos por personas. Otro dato muy llamativo de su informe es que solo el 44% de los emails pasaron los controles de seguridad (anti-spam y antivirus) de los destinatarios y lograron llegar hasta la bandeja de entrada.
La efectividad de los emails está cayendo. “Lo que durante años fue una herramienta de comunicación entre personas se ha convertido en una infraestructura digital dominada por automatismos”, concluyen los autores del estudio, cuyas conclusiones se han sacado tras procesar 1.000 millones de emails anonimizados que se mandaron durante el mes de enero de 2026.
“Hay algo que me parece especialmente relevante y que cambia por completo las reglas del juego: el email ha dejado de ser un canal abierto para convertirse en un ecosistema altamente filtrado por algoritmos de confianza”, explica Walter Guido, director regional de España en Hostinger. “Que más de la mitad del tráfico global ni siquiera llegue a la bandeja de entrada no es un dato técnico, es un cambio estructural”.
La mayor parte de los emails que circulan hoy en día son notificaciones, promociones, alertas y envíos transaccionales generados por plataformas empresariales, redes sociales, herramientas de software como servicio (SaaS) o sistemas de marketing. Es decir, contenidos poco atractivos. Aunque la IA generativa está contribuyendo a personalizar algo más los textos de los correos, el usuario detecta con una mirada si lo que tiene delante es una comunicación prefabricada y, en ese caso, tiende a desecharla o ignorarla.
Pero la desconexión de los emails con el gran público no procede de la automatización. O no solo. “Un correo escrito por una persona, pero enviado de forma masiva, sin consentimiento o sin segmentación, tiene muchas más papeletas de fracasar que uno automatizado, pero relevante y esperado”, ilustra Guido. La cuestión no es tanto quién lo escribe, sino para qué y cómo se envía.
También hay un componente cultural. Las nuevas generaciones, directamente, lo consideran un canal de comunicación obsoleto y poco ágil. Incluso para temas laborales, donde ven mejor usar sistemas de mensajería instantánea vinculados al entorno profesional, como Slack. Para su vida privada, directamente, lo ignoran o limitan su uso a lo imprescindible, como recibir códigos cuando abren cuentas en plataformas.
Cambio de paradigma
Para Guido, el cambio estructural al que se refiere, el hecho de que menos de la mitad de los emails que se mandan lleguen a destino, tiene al menos dos derivadas. La primera: el mailing masivo como instrumento de marketing, tal y como se concebía hace años, está prácticamente amortizado. “No porque haya dejado de funcionar en términos creativos, sino porque cada vez tiene más dificultades para superar los filtros de entrada”, apunta. La batalla no empieza en el contenido, sino en la entrega.
La segunda: la confianza se ha convertido en la métrica principal. “Antes medíamos aperturas o conversiones; ahora, el primer objetivo es mucho más básico y más exigente: ser considerado un remitente legítimo”. La reputación del remitente, es decir, que el sistema identifique al emisor como confiable o no, explica en un porcentaje muy alto (un 34%, según el estudio) los emails que se bloquean antes de llegar a la bandeja de entrada, al sospechar el sistema que pueden ser phishing (robo de información sensible mediante técnicas de suplantación de entidades legítimas), otros tipos de software malicioso o redes de bots.
Lo más importante para que un email llegue a ser leído por su destinatario es, pues, que pase los filtros automáticos del servicio de correo electrónico. Si se consigue superar ese escollo, entran en escena otras cuestiones que pueden captar la atención del usuario, como el asunto del email. “Ahí se suelen cometer errores, como ser excesivamente agresivo, artificioso o directamente engañoso. Eso puede generar aperturas puntuales, pero erosiona la confianza a largo plazo”, sostiene Guido.
Luego está el tema de la personalización. “Cambiar el nombre del destinatario no es personalizar, es automatizar con maquillaje. El usuario detecta rápidamente cuándo hay un esfuerzo genuino detrás y cuándo no”, dice el ejecutivo de Hostinger. Por último está la frecuencia: “Conviene no confundir visibilidad con saturación”, señala Guido.
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