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El futuro de la alimentación tiene nombre: acuicultura

Garantizar pescado para una población en crecimiento sin comprometer la salud de los océanos es uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Una acuicultura responsable y eficiente, como la que hoy se hace en España, representa algo más que una tendencia: asegura alimento para todos y contribuye a la conservación de especies

Fijarse en la piel radiante de una dorada, una trucha o un rodaballo es imaginar el mañana con el pescado en nuestra dieta.apromar

Los mejores chefs del mundo coinciden en algo esencial: el respeto absoluto por el producto. La cocina más auténtica no busca disfrazar ni ocultar, sino revelar. Mucho antes de engalanarlos con la receta ⎯tradicional o rompedora⎯ cuando a los alimentos frescos se les permite hablar, nos cuentan mucho: de su origen, de su entorno y de la mano humana que los acompaña. Historias que se esconden entre sus texturas, sus aromas y colores. El pescado, especialmente, transporta consigo un mensaje del mar y los ríos, un reflejo de sus ecosistemas y de su riqueza. Algunas de sus pieles, como la de la lubina, plateada y brillante, funciona como una pequeña esfera para quienes juegan a ver el porvenir. A través de su reflejo se puede vislumbrar el futuro de la alimentación.

Los mares no pueden ofrecer mucho más sin comprometer la sostenibilidad de sus ecosistemas, por lo que intentar extraer más para cubrir la demanda actual provocaría el colapso y la extinción de las especies comerciales que consumimos hoy en pocos años
Cristina Tomás, investigadora del ITACyL y presidenta de la Sociedad Española de Acuicultura (SEA)

Que este pescado se erija en protagonista no es casual. Hoy, cerca del 98% de la lubina que consumimos procede de la acuicultura, una actividad que permite conciliar la protección de los ecosistemas marinos y fluviales con la necesidad de alimentar a una población mundial en constante crecimiento. Según la FAO, se prevé que en 2050 el planeta alcance los 9.700 millones de habitantes, un 34% más que en la actualidad. Fijarse en la piel radiante de una lubina es imaginar un mañana en el que el pescado siga formando parte de nuestra dieta sin comprometer la salud de los océanos y ríos, una visión que se extiende a la dorada, la corvina, el rodaballo, la anguila, el atún rojo, la trucha arcoíris o el esturión, por ejemplo.

Pilar del sistema alimentario

“Si la acuicultura no existiera, francamente, sería muy difícil ⎯por no decir inviable⎯ cumplir de forma generalizada la recomendación de consumir pescado 3 o 4 veces por semana”, comenta Cristina Tomás, veterinaria y doctora en Ciencia y Tecnología de la Producción Animal. “Y no se trata de una cuestión de preferencias, sino de límites biofísicos”.

La investigadora, que forma parte del Centro de Investigación en Acuicultura del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL), y actual presidenta de la Sociedad Española de Acuicultura (SEA), explica que desde finales del siglo XX, las capturas marinas se han mantenido estancadas en torno a los 90 millones de toneladas anuales. “Los mares no pueden ofrecer mucho más sin comprometer la sostenibilidad de sus ecosistemas, por lo que intentar extraer más para cubrir la demanda actual provocaría el colapso y la extinción de las especies comerciales que consumimos hoy en cuestión de pocos años”, alerta Tomás.

Mientras la pesca extractiva responsable alcanzaba sus límites, la acuicultura ha crecido de manera sostenida hasta convertirse en un pilar clave del sistema alimentario global, para proporcionar proteína de alta calidad a millones de personas. Según la FAO, más del 50% del pescado que consumimos proviene de la acuicultura, y 2022 marcó un hito histórico: por primera vez, la producción acuícola superó a la pesca de captura como principal fuente de animales acuáticos para consumo humano. Sin acuicultura, la mitad del pescado que llega a nuestras mesas simplemente no estaría disponible.

Esta actividad permite conciliar la protección de los ecosistemas marinos y fluviales con la necesidad de alimentar a una población mundial en crecimiento constante

Los alimentos del mar nos aportan proteínas de alto valor biológico ⎯contienen todos los aminoácidos esenciales⎯, ácidos grasos Omega-3 y una cantidad relevante de minerales y vitaminas que son esenciales para cuidar la salud del cerebro y la cardiovascular, así como la de los sistemas inmunitario, endocrino y respiratorio. Queda claro que el pescado, fuente de vida, transmite un mensaje esperanzador en cada bocado.

Seguir escuchándolo no sería posible sin un sector sólido, innovador y líder que lo sostenga. La acuicultura española es hoy el principal productor acuícola de la Unión Europea, con más de 268.564 toneladas anuales y un valor en primera venta superior a los 856,5 millones de euros. Unas cifras que consolidan al país entre las grandes potencias europeas del sector y reflejan la madurez de un modelo con un enorme potencial de crecimiento.

Cuida la biodiversidad y conserva el ecosistema

Pero más allá de alimentar a la población, esta actividad contribuye a la conservación de especies. “La acuicultura, bajo una gestión responsable, no es una amenaza para la biodiversidad, sino una herramienta estratégica para la conservación de especies”, asegura la presidenta de la SEA. “Su contribución va mucho más allá de reducir la presión sobre los ecosistemas naturales, puede ser el motor de restauración de ecosistemas y salvaguarda genética”.

La acuicultura, bajo una gestión responsible, no es una amenaza para la biodiversidad, sino una herramienta estratégica para la conservación de especies
Cristina Tomás, veterinaria y doctora en Ciencia y Tecnología de la Producción Animal

Prueba de ello es que, si hoy más de la mitad del pescado procede de cultivo, eso significa que millones de toneladas no se extraen del medio natural cada año. En un contexto donde muchas poblaciones pesqueras han alcanzado su límite biológico, la acuicultura permite la recuperación de los caladeros naturales y que poblaciones pesqueras al límite biológico tengan un respiro.

“Además ⎯recuerda Cristina Tomás⎯ la acuicultura ha desarrollado programas de repoblación cruciales para especies emblemáticas como la anguila o el esturión, mantiene bancos genéticos y control reproductivo para asegurar la supervivencia de especies amenazadas y produce juveniles que se reintroducen en el medio natural con mayores tasas de supervivencia”.

En definitiva, hace años que la acuicultura ha dejado de ser solo el complemento de la pesca extractiva para convertirse en una actividad esencial que mantiene con aliento la alimentación del presente y del futuro. Su doble capacidad de producir alimentos de alto valor nutricional y aliviar la presión sobre los ecosistemas acuáticos la convierte en una herramienta imprescindible.

Sin ella, no solo comeríamos menos pescado; también tendríamos mares y ríos más frágiles, ecosistemas más vulnerables y especies mucho más cerca del punto de no retorno. Gracias a la acuicultura se vislumbra un futuro con pescado para todos.

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