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Sanidad pública
Tribuna
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Colegios de médicos, instituciones que generan confianza

Decir que la sanidad pública es el mejor regalo que nos hemos hecho en el último siglo no es mirar atrás con complacencia, sino mirar al futuro con responsabilidad

Colegios de médicos

Pocas afirmaciones concitan un acuerdo tan amplio y tan profundo como esta: nuestro modelo sanitario es el mejor regalo que los españoles nos hemos hecho a nosotros mismos en los últimos cien años. No es una consigna ideológica ni una nostalgia del pasado; es una constatación basada en hechos, en datos y en la experiencia vital de millones de ciudadanos que han sido atendidos, cuidados y acompañados en los momentos más decisivos de su vida.

La última encuesta del Instituto 40dB. para EL PAÍS y la SER confirma que esta percepción sigue muy viva en la sociedad española. El 67,5% de los ciudadanos considera necesario reforzar la sanidad pública, frente a un escueto 2% que apuesta por dar mayor protagonismo a la privada. Incluso entre electorados ideológicamente diversos, el respaldo al sistema público es mayoritario. La sanidad, como las pensiones, sigue siendo uno de los grandes consensos sociales de nuestro país.

Este apoyo no es casual. La sanidad pública española ha sido, durante décadas, un potente mecanismo de cohesión social, de equidad y de igualdad real de oportunidades. Ha garantizado que nacer, enfermar o envejecer no dependa del nivel de renta. Ha protegido a generaciones enteras frente a la incertidumbre, y lo ha hecho con un nivel de calidad profesional y científica reconocido internacionalmente.

Ahora bien, el mismo estudio introduce un matiz que merece atención. Aunque sigue siendo mayoritaria la opinión de que mejorar la sanidad pública puede implicar pagar más impuestos, en los últimos años se percibe un desplazamiento hacia una mayor preocupación por la presión fiscal. Este dato no debe interpretarse como un desapego hacia lo público, sino como una exigencia legítima de eficiencia, planificación y buen gobierno. La ciudadanía no cuestiona el modelo; exige que se cuide.

En este contexto de exigencia social, hay un dato especialmente relevante: el 67,4% de los españoles confía en los colegios de médicos. En una época marcada por la desconfianza hacia muchas instituciones, este nivel de credibilidad es un hecho extraordinario. Refleja que la sociedad sigue identificando a los médicos y a sus organizaciones profesionales como garantes del interés general, del rigor científico y de la ética asistencial.

Esta confianza no es un privilegio; es una responsabilidad. Los Colegios de Médicos no solo representan a una profesión, sino que actúan como conciencia cívica del sistema sanitario, defendiendo la calidad de la atención, la seguridad del paciente y la dignidad del ejercicio profesional. Su voz resulta imprescindible cuando se debate sobre el presente y el futuro del modelo sanitario.

Porque reforzar la sanidad pública no es un eslogan. Significa invertir de forma sostenida, planificar a largo plazo, cuidar a los profesionales, reforzar la atención primaria, abordar la falta de médicos, mejorar las condiciones laborales y garantizar que la innovación llegue a todos por igual. Significa también regular con transparencia la colaboración público-privada para que sea complementaria y nunca sustitutiva del sistema público.

Nuestro modelo sanitario no es perfecto, pero ha demostrado una resiliencia extraordinaria incluso en las peores crisis, como la pandemia. Lejos de ser un problema, la sanidad pública es una de las grandes soluciones colectivas que hemos construido como país. Por eso, cuando se debilita, no se deteriora solo un servicio: se resiente la confianza social y la cohesión democrática.

Decir que la sanidad pública es el mejor regalo que nos hemos hecho en el último siglo no es mirar atrás con complacencia, sino mirar al futuro con responsabilidad. Significa asumir que ese regalo hay que protegerlo, actualizarlo y transmitirlo en mejores condiciones a las próximas generaciones.

Los ciudadanos lo tienen claro. Confían en su sanidad y confían en sus médicos. Ahora corresponde a todos —administraciones, profesionales y responsables públicos— estar a la altura de esa confianza. Porque cuidar la sanidad pública es, en definitiva, cuidarnos como sociedad.

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