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Concha Cardeñoso, traductora de ‘Hamnet’: “He tardado muchos años en saber lo que es ganar dinero por un superventas”

La responsable de las adaptaciones al español de Maggie O’Farrell está actualmente trabajando con el próximo título de la irlandesa. Lleva tres décadas dedicándose a un oficio que ama y que ve amenazado por la Inteligencia Artificial

Concha Cardeñoso, traductora y responsable de las adaptaciones al español de los libros de la escritora irlandesa Maggie O'Farrell, en su apartamento en el Eixample de Barcelona, el 26 de marzo. GIANLUCA BATTISTA

Hace ya más de cinco años que Concha Cardeñoso Sáenz de Miera (León, 69 años) leyó por primera vez la versión original de Hamnet, escrita por la irlandesa Maggie O’Farrell. No se atrevió entonces a predecir si iba a ser o no un éxito. No se atrevió a pesar de las lágrimas que le cayeron a borbotones con el final “tan redondo y tan equilibrado” de esa ficción histórica sobre la vida de Agnes Hathaway, la esposa de William Shakespeare. Cardeñoso conoce lo aleatorio del mercado. Es traductora, principalmente de inglés a castellano, y acumula unos 300 libros en 30 años de carrera. Ha manejado textos prodigiosos, emocionantes, aclamados previamente en el mundo anglosajón; y ha visto también cómo muchos pasaban luego desapercibidos. Ya se sabe que no ocurrió eso con Hamnet: es su mayor best seller. 225.000 ejemplares despachados entre España y Latinoamérica, según datos que aporta la editorial, Libros del Asteroide. El segundo puede que sea El retrato de casada, misma autora y editorial, y unas 100.000 ventas.

El nombre de Concha Cardeñoso acompaña al de Maggie O’Farrell, relativamente grande, en la portada de sus seis títulos editados en la última década por Libros del Asteroide. Pero sin rostro ni biografía en la solapa. Las cientos de miles de personas que han leído a la irlandesa en español leen en realidad directamente a Cardeñoso, pero la mayoría no sabe nada de esta mujer. Igual que no saben nada de tantos otros de sus colegas que traducen otros tantos libros. Es por eso sobre todo que accede a esta entrevista, que tiene lugar por videollamada: espera que cuanto más se conozca su oficio —insistirá todo el rato en llamarlo oficio—, mejor se valorará y pagará. Especialmente ahora, en “época de muchas turbulencias” debidas a la Inteligencia Artificial.

Con ‘Land’, la próxima novela de O’Farrell

Cardeñoso está satisfecha con su trabajo con la literatura de O’Farrell, aunque también le supone un reto. Su prosa es contenida, pero en un constante baile con los tiempos verbales; y tiene un “vocabulario exquisito” y unas referencias históricas muy precisas que a cada tanto le obligan a documentarse.

A mediados de marzo, cuando habla con SModa, está de hecho consultando mapas topográficos de Irlanda. Los necesita para comprobar algunas referencias que aparecen en Land, lo siguiente de O’Farrell. Se publicará en inglés este junio; en España, calcula Libros del Asteroide, a principios de 2027. Cardeñoso lleva unas 100 páginas traducidas de un total de 400. Cuenta con unos cuatro meses para completarlo. Va leyendo a la vez, no se adelanta: se motiva más así. La historia se ubica en los años posteriores a la Gran Hambruna de la patata del siglo XIX, y se inspira parcialmente en los antepasados de la escritora. “Te subleva si tienes el sentido de la justicia más o menos desarrollado”, es de lo poco que avanza de la trama. Eso y que se está peleando, aún sin haber decidido cómo resolver, con un término, ‘distemper, que en una escena se usa para un juego de palabras entre ‘malestar’ y ‘mal humor’.

La adaptación al cine de Chloé Zhao de Hamnet, estrenada este invierno, no le convenció tanto a Cardeñoso como el resto del universo de O’Farrell. No estuvo de acuerdo con el protagonismo que tiene Shakespeare. Y hay otra cosa que tampoco le encanta, ni de película ni de novela: el título, que toma el nombre del hijo de Agnes y William. Se lo comentó a O’Farrell en una de las dos ocasiones en las que han coincidido en Barcelona:

—¿No debería haberse titulado Agnes, en lugar de Hamnet?

Recuerda que le respondió que de ser así quizá no hubiese tenido tanta repercusión. “Es el componente de mercadotecnia”, entiende Cardeñoso.

Creo que ‘Hamnet’ debería haberse titulado ‘Agnes’. Pero es un componente de mercadotecnia

Cardeñoso estudió Magisterio en León, entre los setenta y los ochenta vivió en Inglaterra, y desde hace cuarenta años en Barcelona. En los noventa, cuando sus dos hijas eran pequeñas, dejó Filología Anglogermánica a cuatro asignaturas de terminar, para comenzar a dedicarse a la traducción como autónoma. Lo primero fue un volumen del estilo Elige tu propia aventura, luego algunos cuentos que les leía a sus niñas. Ahora, seis estantes del repleto despacho de Cardeñoso los ocupan ‘sus’ libros. En un momento de la conversación va mostrando a cámara algunos de sus favoritos. Recomienda el ensayo Bajotierra, de Robert Macfarlane (Random House, 2020); El libro de la señorita Buncle, de D.E. Stevenson; Mi impresionante carrera, de Miles Franklin; o Mi prima Rachel, de Daphne du Maurier (los tres de Alba Editorial; por el último recibió el premio Esther Benítez 2018). Y aunque su especialidad ha sido el inglés, uno de los estantes de su biblioteca es para sus adaptaciones del catalán. Entre ellas una que compite por la medalla de plata de su carrera en cuanto a superventas: Canto yo y la montaña baila, de Irene Solà (Anagrama, 2019).

El suyo es un oficio feminizado, con alrededor de un 80% de mujeres en los grados universitarios. También, esto ya según Cardeñoso, “antiguo, imprescindible y ninguneado”. Antiguo “porque existe desde que unos pueblos se comenzaron a relacionar con otros”. Para lo de imprescindible, cita al teórico George Steiner, “que dijo que sin traducción, habitaríamos provincias lindantes con el silencio”. Es decir, “cada cultura en su burbuja, sin haber conocido nosotros Las mil y una noches, ni ellos a Cervantes”. Lo de ninguneado lo siente, entre otras cosas, “porque solo se acuerdan de nosotros cuando la traducción es mala. Los italianos tienen un dicho: traduttore traitore [traductores traidores]”.

Los traductores han pasado de no tener por qué figurar ni en pequeñito en los créditos —era así hasta la Ley de Propiedad Intelectual de 1987—, a cobrar como autores de ‘obra derivada’; y a la costumbre relativamente reciente de colocarlos en portada, como hace Libros del Asteroide, Alfaguara o Anagrama. Pero muchos no sienten que les salpiquen las vacas gordas del sector del libro, que parece que las hay: según la encuesta anual de la consultora GfK, desde la pandemia se han batido varios récords de facturación; en 2025, cerca de 1.250 millones de euros, un 4% más que en 2024. Más bien, los traductores tienen la sensación de ser el último eslabón de esa cadena. Lo comparte Cardeñoso: “Apenas se nota. Muchas tarifas llevan 20 años estancadas. Para que un libro nos produzca royalties [derechos de autor], tiene que vender muchísimo. Te enteras de algo si tienes la suerte de tener un best seller… Yo he tardado muchos años en enterarme. Son pocos los que han podido vivir solo de la traducción literaria, muchas compañeras recurren a cosas que dan más dinero, como los textos jurídicos. En mi caso, mi marido ha tenido siempre trabajo y eso me ha permitido sobrevivir”.

Hay editoriales que ya nos están relegando a editores de Inteligencia Artificial. Esto va a ir a más, y está por regular

El principal miedo ahora es eso que causa aun más turbulencias: la Inteligencia Artificial. Por recoger un solo informe, el de Microsoft Research de 2025 situaba a la traducción e interpretación entre los oficios con mayor riesgo de verse afectados, con datos de Estados Unidos. “Hay editoriales que ya nos están relegando a editores de Inteligencia Artificial. En el último Premio Planeta se habían presentado no sé cuántas obras [1.320 según la organización, la participación más alta de la historia del certamen]. Te digo que se debe a que muchos se presentaron con GPT. Esto va a ir a más. Lo malo es que no se advierta, y que la Inteligencia Artificial se alimente de nuestro trabajo. Todo eso está por regular”, lamenta Cardeñoso, que está en contacto con mucha gente joven y más precaria porque pertenece a ACE Traductores, una asociación que se fundó en 1983 con el objetivo de conseguir mejoras laborales.

Ella no se va a jubilar, por ahora. Ama su oficio, pero el principal motivo es que se le quedaría una pensión tirando a baja: “Lo que quiero es trabajar un poquito menos, para por fin disfrutar de esto plenamente”. Desde la perspectiva que le dan todos estos años, desde el realismo de reconocer lo complejo de los tiempos de la Inteligencia Artificial, cita a una de sus compañeras de oficio para defender que lo que aporta una traductora humana es “alma, vida y corazón”. Alguien que se rebane los sesos tratando de transmitir bien qué busca una escritora cuando escribe distemper.

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