Laia Estruch, el fuego de la ‘performance’: “Hay personas a las que les dan ataques de risa y no me ofende nada. Otras lloran”
La escultora Laia Estruch presenta durante la semana de ARCO su nueva exposición en Ehrhardt Flórez, su galería de Madrid. El año pasado, el Reina Sofía le dedicó una individual. Esta vez no será ella quien interactúe con las obras, sino el público

Hay artistas que trabajan con materiales y otros con ideas, si es que son cosas distintas. Laia Estruch (Barcelona, 45 años) recurre a su propio cuerpo, porque es su material más cercano y también su gran idea. “Hago performance porque implica trabajar con la vida en lugar de representarla, y eso me parece lo máximo”, asegura. Inaugurará su segunda exposición en la galería Ehrhardt Flórez de Madrid durante la semana de ARCO. En unas fechas en las que los aficionados al arte contemporáneo irán a la carrera, su propuesta requerirá de ellos más atención de lo habitual. El espacio estará ocupado por un conjunto de piezas concebidas para ser experimentadas antes que observadas: tres grandes puertas hinchables, membranosas, que obligan al visitante a perder el equilibrio, a medir fuerzas y a mantenerse alerta. Esta vez será el público quien ejecute la performance, no la propia artista.

“Estas obras surgieron mientras trabajaba en Trena, la escultura hinchable de gran formato que presenté en el MNAC de Barcelona en 2023”, explica. “Me quedé pillada con sus entradas y salidas, con ese umbral que, al atravesarlo, hacía que lo vieras todo de manera diferente. Esos cambios alteran la percepción y la conciencia, te colocan al límite, y es algo que quería seguir investigando”. La investigación es, dice, lo único a lo que puede comprometerse de cara a los espectadores. “Mi intención es dar un trozo de esto que hago y decir: estoy en plena investigación, acompañadme en ella, porque quiero compartirla”. Ya desde que empezó a estudiar Bellas Artes en Barcelona, tras cursar el bachillerato artístico, tenía claro que no sería de esas artistas empeñadas en alcanzar un virtuosismo formal. “No me interesaba eso de ‘pintar bien’, sino que tenía una especie de fuego, una pulsión por sacar algo de mí”. Al principio pensó incluso en el teatro, hasta que encauzó esa necesidad hacia la performance, “un espacio donde te la juegas, donde hay riesgo. Siento una atracción muy fuerte por esa responsabilidad”.
Tras terminar la carrera estudió en la prestigiosa Cooper Union de Nueva York, donde tuvo como profesora a la legendaria performer Sharon Hayes. Es una de sus influencias, aunque también cita nombres esenciales como Simone Forti, Yvonne Rainer, Trisha Brown, Laurie Anderson —“con ella lloré en un concierto en el Auditori”—, la artista española Itziar Okariz o la coreógrafa Pina Bausch. “He hecho mucha danza amateur y también mucho deporte: fútbol, voleibol, natación. Todo eso me ha hecho pensar en la resistencia del cuerpo. Mi trabajo es muy físico”.
El año pasado obtuvo una exposición individual en el Reina Sofía, la primera que el actual director, Manuel Segade, infiltró en la programación heredada de su predecesor, Manuel Borja-Villel. Fue una retrospectiva sui géneris. “Aquello fue un regalo, algo que me dio alas”, recuerda. “Poder viajar a Madrid, conocer el museo, trabajar con todos sus departamentos y mostrar todo mi cuerpo de trabajo de forma honesta, descubriendo cosas que yo misma no había visto antes, fue una oportunidad increíble”. Allí también quiso mostrar la economía de su práctica: piezas modulares e hinchables que ella misma transporta en una furgoneta pequeña y monta casi en solitario. El título, Hello Everyone, incidía en la idea de saludo a la ciudad y a su comunidad artística.

A muchos les sorprendió el colorido brillante y seductor de las esculturas. Ella habla de su “pantonario”. “Es verdad que hay algo de seductor en ellas, pero con la performance no busco eso: se trata más de sacudir, de sacudirnos a todos”. Por eso interactúa con sus propias estructuras o con recipientes llenos de agua, distorsiona sus rasgos faciales o utiliza la voz de manera inesperada: “Entiendo la voz como otro cuerpo, efímero, volátil, que nace y muere en cada exhalación”. A todo ello se suma un peculiar sentido del humor que puede resultar desconcertante. “Hay personas a las que les dan ataques de risa y no me ofende nada, igual que otras lloran. Algunos me dicen: ‘no sé qué me has tocado, pero me he emocionado”. En cualquier caso, concluye, “lo que quiero es dar una experiencia. No pretendo quitarle energía a la gente, sino dársela”.
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