Ir al contenido
_
_
_
_

“Las mujeres piensan en el regalo que están dando. Los hombres no”: ¿hay una brecha de género en el arte de regalar?

Existe la creencia de que son pocos los hombres que regalan bien. ¿Vagancia, casualidad o incompetencia estratégica?

Emma Thompson y Alan Rickman en 'Love actually', película en la que él regala joyas a su amante y un compact disc a su esposa.

Dicen que existe un capítulo de Los Simpson capaz de retratar cualquier fenómeno, y lo cierto es que hay uno que refleja lo habitual que es que los hombres no dominen en absoluto el arte de regalar que sin embargo, muchas mujeres sí dominan. Se trata de ese en el que Homer Simpson regala a su esposa, Marge, una bolsa de bolos con el nombre de Homer grabado. Uno de los últimos sketches del año de Saturday Night Life captura una estampa navideña que a muchos les resultará familiar: mientras que cada miembro de la familia recibe carísimos y sentidos regalos, la madre únicamente recibe una bata. De hecho recientemente Diana Oliver, al hablar en El País acerca de la carga desigual existente entre hombres y mujeres durante las Navidades, contaba el caso de una madrileña de 46 años llamada Marta que comentaba cómo la ilusión terminaba por convertirse en una losa a la hora de comprar regalos. “Lo que más me agota es encargarme de todos los regalos: comprobar que haya stock, buscar los mejores precios, gestionar envíos y asegurarse de que todo llegue a tiempo”, explicaba a la vez que aclaraba que su pareja no percibe la urgencia ni la carga real de este trabajo.

En un artículo publicado en The New York Times llamado Why Are Some Men Such Awkward Gift Givers? Let Them Explain (¿Por qué algunos hombres son tan torpes al regalar? Dejemos que ellos mismos lo expliquen), un novelista gráfico de 45 años llamado Steve Ellis confesaba ser incapaz de hacer buenos regalos. “Su regalo predilecto para su esposa solía ser flores, algo que parece correcto siempre y cuando ignoremos que ella se gana la vida como jardinera y paisajista. Ellos asegura que sea cual sea la ocasión, y por mucho que lo intente, sus intentos suelen acabar en desastre”, comenta Sridhar Pappu, que firma el tema. Añade que Steve Ellis considera que parte del problema podría tener que ver con su profesión. “Trabaja solo y está habituado a vivir en su cabeza, lo que puede desconectarlo del mundo real”, dice la periodista. Por si fuera poco, tampoco se siente cómodo al recibir regalos. “Nunca sé qué hacer. Me asombra que se les haya ocurrido regalarme algo así. Me siento culpable por no haber pensado en algo similar”, dice Ellis.

El estudio titulado Women Are Better at Selecting Gifts than Men (Las mujeres son mejores que los hombres a la hora de seleccionar regalo) elaborado por dos estudiosas de la facultad de comunicación de la ciudad holandesa de Tilburg nació para estudiar con algún tipo de método la creencia generalizada de que las mujeres son mejores que los hombres a la hora de seleccionar regalos; y ante la ausencia hasta entonces de un análisis con criterios objetivos, Monique M. H. Pollmann e Ilja van Beest se esforzaron en explicar las diferencias de género existentes en la calidad de la selección de regalos. Los resultados del análisis indican que a la hora de elegir el mejor regalo para los demás, las mujeres lo hacen mejor que los hombres, y esta diferencia de género se debe -según los datos obtenidos- al interés interpersonal que ellas tienen por los demás. “O, citando la respuesta de un participante del estudio ante la pregunta de quién regala mejor: ‘Diría que las mujeres lo hacen porque realmente piensan en el regalo que están dando. Los hombres no”, indican.

Rafael San Román., autor de ¿Qué le cuento a mi psicólogo? (Plataforma Editorial, 2024) explica que regalar es una habilidad que implica ser una persona atenta, generosa y oportuna capaz de calibrar bien. “Creo que tiene que haber una armonía entre las habilidades que tiene que poner el que regala y las facilidades que tiene que poner el que recibe el regalo. No hay nada de malo a priori ni se pierde magia por indicarle al otro qué es lo que quiere recibir, pues supone facilitar la vida a las personas. Mucha gente identifica los regalos con la sorpresa y es consciente de que cuando el otro acierta, se ha tomado la molestia de observarle bien y de conocerle para acertar, pero a veces no sucede”, explica a SModa el psicólogo .“En general, tanto en el ámbito de los regalos como en las relaciones, hay que ser conscientes de con quién estamos, valorar el conjunto y pasados los años, con sus consiguientes cumpleaños y navidades, asumir que quizás llega la hora de asumir que nuestro novio no es el mejor regalador del mundo”, dice el psicólogo.

No está de acuerdo Paige Connell, la influencer que debate sobre la división equitativa de los trabajos del hogar que en sus redes sociales comparte con sus seguidores su experiencia matrimonial. Ella achaca este extendido fenómeno a la incompetencia estratégica a la que ya aludió Jared Sandberg en un artículo del Wall Street Journal de 2007. “¿De repente no se acuerdan de que hay que regalar o de golpe, regalan mal? Hay que dejar de permitirles que lo hagan así, porque pueden ser buenísimos regalando. Se pueden preocupar en la gente de su vida y pueden esforzarse”, asegura.

La psicóloga Marta de Prado, a la hora de hablar de si existe o no una brecha de género a la hora de regalar, señala que cree que es cuestión de cómo la gente ha sido entrenada en cuanto a la socialización emocional. “Lo habitual es que las mujeres desde pequeñas hayamos aprendido a atender las necesidades e incluso a anticiparlas; a pensar mucho en cómo cuidar el vínculo y a reflexionar acerca del regalo y del mensaje que conlleva. Solemos estar atentas todo el tiempo para ver si el otro dice que le gusta alguna que después, a la hora de regalar, demostremos que le conocemos y que nos importa. El regalo trae por ello consigo un significado determinado”, dice la psicóloga. “Pero entonces, ¿qué le pasa a muchos hombres? Que su foco no está tanto en lo emocional, sino en lo funcional. De hecho, muchas parejas vienen a consulta hablando de esto. No se trata de que haya falta de amor, sino que ellos no han tenido ese entrenamiento emocional o simbólico. Considero que quizás habría que ayudarles a regalar desde la empatía y desde la memoria emocional”, comenta.

The Cut publica la consulta de una mujer que se queja de que su novio nunca acierta con sus regalos. “No le pido que me lea la mente; literalmente le muestro una foto de algo y le digo: ‘¡Si alguna vez piensas en regalarme algo, esto sería genial!’. Llevamos cinco años juntos y siempre ha sido así”, comenta contrariada la lectora. Una prueba más de que es habitual que los hombres no dominen el arte de regalar bien.

Entonces, ¿es necesario exigir a los hombres que sepa satisfacer las expectativas al regalar o hay que asumir que es posible que el regalo no cumpla con las expectativas? Marta de Prado considera que ante las expectativas, puede emerger la frustración. “Creo que no hay que conformarse porque el problema, más allá del regalo en sí, radica en la sintonía emocional. El problema no es pedir, sino pedirlo desde el enfado acumulado”, matiza. Hewitt va más allá y comparte una controvertida impresión: la de que si un hombre realmennte se esfuerza, es porque espera sexo a cambio. De hecho en Love, Actually, el personaje de Alan Rickman compra un buen regalo para la joven con la que quiere tener sexo; no para su esposa, a la que da vida Emma Thompson. “Después de unos años de regalar y no recibir sexo, como se supone que funciona la economía patriarcal, sospecho que muchos hombres pierden el entusiasmo por comprar regalos a sus esposas o parejas. En efecto, se declaran en huelga de regalos, sin comprar nada o comprando regalos malos, y siendo desagradecidos con los regalos que reciben, como una forma de enfadarse por no recibir el único regalo que realmente desean: la felación de Navidad…”, dice tajante.

En cualquier caso, conviene tener en mente que aunque no todo el mundo tiene el don de regalar bien, para intentar dominar esa habilidad es necesario estar atentos a las necesidades de los demás. Porque al final, querer al otro implica escuchar sus deseos, observar sus reacciones y en definitiva, saber leerle. No hay mejor regalo que sentir que alguien te ve de verdad, y aunque ese don no trae consigo un lazo de regalo y aunque no existen unas gafas específicas para ver a los demás de verdad, el regalo perfecto, lejos de tener un precio determinado, es el que demuestra que el otro siente empatía y ha estado atento.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Marita Alonso
Redactora especializada en cultura pop y estilo de vida. Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid. 
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_