Qué tiene “el drama” de Los Beckham para ser el pasatiempo perfecto para desconectar de la realidad
“No quiero reconciliarme con mi familia”. Con estas palabras, Brooklyn Beckham ha declarado la guerra a sus padres, algo que ha funcionado como el perfecto aliado escapista de la realidad


Cuando el mundo se tambalea, hay algo que une a millones de personas más allá del miedo, la inseguridad y la ansiedad: los trapos sucios de las celebridades. Tras años en los que los escándalos en el universo VIP primaban por su escasez a causa del poder de las redes sociales, con las que las figuras conocidas se habían apropiado de la narrativa, parece que el chismorreo de antaño ha regresado. Blake Lively fue indudablemente la encargada de asentar las bases con la investigación por el caso de Romper el círculo, que acaba de dar un nuevo giro al haber salido a la luz una espinosa conversación entre la actriz y Taylor Swift que ha mostrado las grietas de su amistad. Después llegó Ashley Tisdale y su ensayo publicado en The Cut en el que cuenta por qué abandonó el grupo “tóxico” de madres famosas en el que también estaban Hilary Duff y Meghan Trainor. En este convulso contexto, Brooklyn Beckham ha publicado mediante stories de Instagram un comunicado que tiene titular propio: “No quiero reconciliarme con mi familia”. “He guardado silencio durante años y he hecho todo lo posible por mantener estos asuntos en privado. Por desgracia, mis padres y su equipo han seguido acudiendo a la prensa, lo que me ha dejado sin otra opción que hablar por mí mismo y contar la verdad sobre algunas de las mentiras que se han publicado”, dice el hijo de Victoria y David Beckham. “Mi madre interceptó el primer baile con mi esposa, que llevaba planeado desde hacía semanas con una canción romántica. En frente de nuestros 500 invitados, Marc Anthony me llamó al escenario, donde según el plan iba a tener lugar nuestro baile romántico, pero, en cambio, ahí estaba mi madre esperando para bailar conmigo. Bailó de manera muy inapropiada conmigo enfrente de todo el mundo”, dice en una de las partes más delicadas y por ende, jugosas, del texto.
En este espectáculo de intimidades, hay quien ha encontrado un refugio escapista. Un entretenimiento adictivo con el que dejar de pensar que en la actualidad. “El mayor nepobaby de todos, distrayéndonos del colapso del siglo XXI. ¡Me encanta!”, comenta la autora y actriz Nienke ‘s Gravemad. “Muchísimas gracias a los Beckhams por darme esta bienvenida distracción que me aleja de la distópica geopolítica. Sentíos libres de seguir”, ha resumido la escritora y podcaster Jemna Forte en Instagram.
Brooklyn Beckham indica también que sus padres son auténticos expertos en dominar la narrativa, manipularla y dirigirla hacia donde les conviene, algo muy habitual entre las celebridades. Pero como señala la experta en prensa rosa Katie Baskerville, esa orquestada y maquillada narrativa rara vez se ve destrozada de forma tan espectacular como en esta ocasión. “Cuando alguien como Brooklyn presiona el botón rojo para la reputación de su familia, no podemos evitar buscar palomitas, sintonizar y participar”, asegura.
La presentadora y experta en prensa rosa Núria Marín, que lleva tiempo analizando en sus divertidos vídeos el derrumbe de la aparente perfección familiar de los Beckham, señala que lo primero que engancha a la gente de este escándalo es que en la actualidad, hay muy pocos famosos de tal envergadura y tan transversales. “Los Beckham son conocidos en todo el mundo y por personas de todas las edades. Llevan en nuestro imaginario muchos años, sentimos que los conocemos de siempre y que, de alguna forma, sus vidas nos pertenecen y tenemos derecho a saber qué les pasa. Pasaron un tiempo en España y como han renegado de su paso por nuestro país, hay un punto de demostrarles que este país no era tan malo. Les siguen pasando cosas malas en otros lugares, aunque no huelan a ajo, como decía Victoria”, dice Marín. “Nos encanta sentir que participamos en el proceso de desenmascarar a aquellos que aparentemente son perfectos, ver cómo se resquebraja esa imagen tan trabajada y convencernos de que quizá nosotros no tenemos tanto, pero precisamente por eso somos más felices que ellos”, añade.
La oleada de memes —muchos generados con inteligencia artificial— que recrean ese supuesto baile inapropiado de Victoria Beckham se ha convertido en una de las ventanas de escapismo preferidas de los internautas. Saint Hoax es la popular cuenta de Instagram generadora de memes que precisamente es la que ha anunciado que este drama VIP supone el regreso por la puerta grande la cultura pop, que estaba adormilada por el autocontrol de las celebridades, y asegura que los memes “tienen la capacidad de captar la percepción de una manera que está en total consonancia con el espíritu de la época”.
La psicóloga Marta de Prado señala que al conectar con historias que pueden ser dramáticas o intensas, se logra desplazar el foco de atención de las propias preocupaciones. “Existe además un mecanismo de defensa que se llama desplazamiento. No nos duele ver cómo se cae el mito de los Beckham, sino que nos distrae. Pensar que a ellos, que en teoría lo tienen todo, les pasan también estas cosas, nos permite ordenar nuestros conflictos internamente. Pensamos que no somos frágiles, sino que todo el mundo lo es”, dice. “Empleamos el humor como mecanismo de defensa, algo que nos ayuda a hacer incluso compartible el dolor y a reducir la carga emocional que tiene. Poder reírnos de esos cotilleos no es necesariamente banalizar, sino que nos ayuda a proteger y dirigir la situación que cada uno viva”, asegura.
No está de más aludir al Schadenfreude, que en alemán se traduce como placer por el sufrimiento ajeno y que indudablemente entra en juego al ver cómo esas vidas aparentemente idílicas de los Beckham no lo son tanto. “Ver cómo lloran los ricos es algo que nos gusta desde siempre porque nos hace sentir que existe algo de ‘justicia’ . Les tocó ser guapos, ricos y famosos, pero no lo pueden tener todo. Además, nos reímos porque en el fondo pensamos que a ellos las cosas les afectan menos, aunque no sea así”, comenta Marín al respecto.
María Jesús Nieto Jiménez, Psicoterapeuta Familiar y supervisora Docente por FEATF, dice que este fenómeno no habla necesariamente de crueldad, sino de dinámicas sociales profundas. “Desde la psicología social, estas narrativas cumplen una función simbólica: rompen el mito de la perfección. Los famosos representan modelos de éxito casi inalcanzables; cuando su imagen se humaniza a través del conflicto, se reduce la distancia emocional con ellos y se restablece cierto equilibrio social”, dice. Señala que estas historias funcionan como espacios narrativos seguros y permiten observar conflictos familiares —lealtades, rupturas, alianzas o silencios— sin exponerse directamente. “Desde el enfoque sistémico, el drama mediático puede entenderse como un espejo colectivo: proyectamos en él tensiones presentes en muchas familias —expectativas, decepciones, diferencias generacionales— que rara vez se verbalizan abiertamente”, explica.
Para terminar, María Jesús Nieto Jiménez no quiere dejar pasar la oportunidad de hacer una interesante reflexión. Pese a que estas historias se convierten en material de consumo rápido o en distracción emocional constante y pueden reforzar una cultura de evitación del conflicto propio, cuando se leen con cierta conciencia, pueden también abrir preguntas valiosas. “Desde la terapia sistémica entendemos que los conflictos no surgen en el vacío. Emergen en redes de relación, en contextos sociales exigentes y en modelos de éxito que dejan poco espacio a la vulnerabilidad. En este sentido, los dramas mediáticos no solo hablan de familias concretas, sino de una sociedad con dificultades para sostener el conflicto emocional sin transformarlo en espectáculo”, asegura. Entonces la clave, lejos de juzgar por qué se presta atención a estas historias, radica en que cada persona se pregunte qué es lo que le despierta. “Allí donde algo nos engancha, suele haber una emoción que también busca ser escuchada”, señala. O tal vez, sencillamente, la gente ansíe reír imaginando a Victoria Beckham, cuyos bailes en las Spice Girls no eran especialmente memorables, dejando atónito a Marc Anthony y cómo no, a Brooklyn Beckham, al sacar su lado más ‘bailongo’ precisamente en la boda de su hijo.
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