“Tengo dos dientes laterales en forma de clavija” y soy imagen de Colgate: ¿nos hemos cansado de la sonrisa perfecta?
Comienza a apreciarse que las celebridades no tengan una sonrisa perfecta. Tanto es así que Myha’la Herrold, de la serie ‘Industry’, ahora es imagen de Colgate y Bad Bunny ha asegurado estar arrepentido de haberse puesto carillas


“Al ver Sensación de Vivir, me llamó la atención la cantidad de dientes raros y de expresiones faciales que hay”, comenta Noelia Ramírez en el episodio ¡Guapa! Fascismo del cuerpo volumen III del podcast Amiga date cuenta. La mítica serie de los 90 era ajena a la omnipresencia de las carillas que ahora prima en Hollywood, donde la inmensa mayoría tiene exactamente la misma sonrisa. Una sonrisa blanquísima, perfectamente alineada y para qué negarlo, tan carente de imperfecciones que apenas tiene personalidad. “Por más feos que tengas los dientes no te lo hagas. Yo me arrepiento todos los días de mi vida”, dijo Bad Bunny. “Parece que no eres artista hasta que te hagas los dientes”, aseguró con lástima el cantante. De hecho es tan extraño que una estrella no tenga una sonrisa perfecta que fueron precisamente las imperfecciones de la de Aimee Lou Wood las que hicieron de ella, que ahora es imagen de Versace, una de las preferidas de la tercera temporada de The White Lotus.
Comienza a apreciarse tanto que las celebridades no tengan una sonrisa canónica que Myha’la Herrold, de la serie Industry, ahora es imagen de Colgate. “Tengo dos dientes laterales en forma de clavija. Son unos dientecitos diminutos en la parte delantera”, dijo la actriz. “Mucha gente se los arregla y cantidad de veces se me han acercado dentistas que no conozco de nada para darme su tarjeta, diciéndome: ‘Cuando quieras’. Y yo pienso: ‘De ninguna manera. No les pasa nada malo a mis dientes y no hay nada que arreglar en mi sonrisa”, aseguró.

Fernando Autrán Mateu, Director y Fundador del Grupo Autrán, explica que la sonrisa perfecta no existe. “Cuando se respetan la forma natural de los dientes, las encías y los tejidos del entorno y la expresión de cada persona, la sonrisa resulta más armónica y mucho más sostenible en el tiempo. Muchas veces esa sonrisa individualizada requiere tratamientos que van más allá de unas carillas”, asegura.
La doctora en odontología estética Irene Esteve comenta que como señalaba Ramírez al comienzo, antaño las sonrisas tenían mucha más personalidad. “Al pensar en actores o actrices de otras épocas, cada sonrisa era distinta y ello formaba parte de su identidad mientras que ahora, hay una tendencia bastante homogénea: dientes muy blancos, muy rectos y con formas muy similares. El problema es que, para conseguir ese resultado, a veces se realizan tratamientos que no eran realmente necesarios, como tallar dientes sanos para colocar carillas o coronas”, explica a S Moda. También vemos a veces tratamientos estéticos mal realizados que perjudican mucha salud oral, como carillas de composite descompensadas, gruesas y mal ajustada que encontramos cada vez más en los pacientes”, advierte.

Fernando Autrán Mateu coincide en señalar que se están haciendo habituales las sonrisas muy uniformes, como si existiera un modelo único. “Estamos pasando de mejorar sonrisas a estandarizarlas, y eso es un error. Es simplemente vulgar, y muchas veces exagerado. Cuando todos tienen la misma sonrisa, la estética deja de ser estética y se convierte en uniforme. La odontología estética debería realzar la identidad de cada persona, no borrarla. Un problema añadido que sucede en muchos casos es que para hacer estos tratamientos, se daña de forma irreparable los dientes. Por eso es tan necesario ponerse en manos de verdaderos especialistas con alto grado de experiencia”, explica. Esteve añade que desde un punto de vista estético, cuando todas las sonrisas se parecen demasiado o tienen características muy similares (rectas, blancas, opacas), se pierde naturalidad. “En mi consulta intento justamente lo contrario: mejorar la sonrisa respetando tanto el diente natural como la personalidad del paciente. Con técnicas como las carillas sin tallado, podemos transformar una sonrisa sin eliminar tejido dental y sin crear ese efecto artificial que a veces vemos”, asegura.
La odontóloga Ros Megías, consultora en experiencia del paciente y fundadora de Brand&Health, quiere poner el foco en el coste en salud de intervenir sobre estructuras que no lo necesitan. “Hay tratamientos que son irreversibles. Y cuando se aplican sobre dientes sanos por razones puramente estéticas, estamos asumiendo un riesgo que no siempre se explica con suficiente claridad”, dice.
La perfectamente imperfecta sonrisa de Samantha Hudson es una de sus señas de identidad y por ello, el hecho de que se haya puesto ortodoncia ha molestado a más de una persona. “Ni pretendo ponerme unas carillas ni tener una sonrisa completamente blanca y pulcra. Creo que a veces desde lo queer también caemos en el encasillamiento, y permitimos que esas cuestiones, que son significativas, pero superficiales, se conviertan en lo más definitorio de nuestra realidad”, dijo a Pikara Magazine la artista, que anteriormente ya comentó la cantidad de comentarios que recibe a través de las redes a causa de sus dientes. “Tengo una higiene dental perfecta, dicho por un dentista”, dijo. “Dime que tengo la boca como un manojo de llaves, que parece una ruina romana y te quedas a gusto, pero, ¿que me lo vendas como salud?”, añadió molesta.

Megías comenta entonces que la estética sin salud es una ilusión con fecha de caducidad. “Podemos tener una sonrisa visualmente impecable y al mismo tiempo tener ausencias dentales que comprometen la masticación, problemas de encías sin resolver o una mordida que provoca tensión muscular y dolor. La boca es un sistema. Y cuando intervenimos solo en lo que se ve sin atender lo que funciona, tarde o temprano el sistema falla”, dice Megías, que quiere recordar que cuando los dientes están sanos, bien posicionados y en armonía con la estructura facial de esa persona, la sonrisa simplemente funciona. “No necesita ser perfecta para ser bonita”, puntualiza.
Para lograr el equilibrio entre estética y salud dental, Irene Esteve asegura que es clave planificar y comprender que la estética debe ir siempre después de la salud. “Primero se estabiliza la boca —tratando caries, encías o problemas funcionales— y muchas veces también se corrige la posición de los dientes con ortodoncia si es necesario. Cuando todo está perfecto ya se puede pensar en tratamientos estéticos como el blanqueamiento o las carillas”, asegura.

En tiempos de sonrisas homogeneizadas en las que el blanco nuclear, al que la ortodoncista Elena Carrión y la odontóloga ortodoncista María Rosa Fernández llaman ‘blanco váter o blanco Roca’ y que según aseguran, “no existe en la naturaleza”, cada vez son más las famosas que presumen de sonrisas imperfectas. Es la ruptura con un canon de perfección dental impuesto por Hollywood desde los años treinta. La actriz y cantante Alana Haim se ha negado públicamente a arreglarse sus incisivos montados, de los que está “muy orgullosa”. “No me voy a hacer nada en la boca. Quiero parecerme a mí misma, a mis padres, a mi familia y a la gente negra de Boston”, aseguró la actriz de The Bear Ayo Edebiri. Porque los ojos pueden ser el espejo del alma, pero la sonrisa, de la identidad de cada uno, por lo que quizás haya llegado el momento de abrazar las particularidades de cada uno antes de que se imponga una estética clónica y para qué negarlo, ciertamente aburrida… Porque como cantaba el dúo electrónico Groove Armada, If everybody looked the same, we’d get tired of looking at each other (Si todos fuéramos iguales, nos cansaríamos de mirarnos los unos a los otros).
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