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Acelerar bruscamente con el coche o abandonar en medio de una montaña, otro tipo de violencia silenciosa en la pareja

Tanto la serie ‘Querer’ como el libro ‘Comerás flores’ cuentan cómo las parejas de las protagonistas las atemorizan con formas de maltrato sutiles cuya intención es dominar, degradar y aterrar a sus víctimas

El actor Miguel Bernardeau interpretando a Aitor en la serie 'Querer'.Nicolás de Assas / Movistar Plus+

En Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025) Lucía Solla Sobral retrata una forma de maltrato que lamentablemente, es más habitual de lo que pudiera parecer: que un hombre acelere el coche para asustar a su pareja en plena discusión e incluso la amenace con dejarla en medio de la carretera… Y en ocasiones, llegue a hacerlo. “Lo catalogamos como maltrato psicológico, pero también es físico, porque están poniendo en peligro tu vida y te están amenazando. Cuando empecé a hablar con amigas para escribir el libro, este era uno de los comportamientos que más se repetía”, explicó la autora en Al cielo con ella. La presentadora, Henar Álvarez, le comentó que la gente se tomó a broma la noticia de que un hombre se había “olvidado” a su esposa en una gasolinera. Álvarez analizó luego en sus redes sociales que este tipo de comportamientos eran indudablemente una forma de castigo. “Recibí como cinco o seis mil mensajes de mujeres contándome que sus parejas las habían dejado tiradas en una carretera”, asegura.

“Me abandonó en la playa a 60 kilómetros de mi casa sin dinero ni móvil”, escribe una usuaria en los comentarios que acompañan al vídeo. “Mi padre hacía esto continuamente. Se reía viéndonos con ansiedad por los acelerones o los pequeños saltos que daba el coche. Al principio era gracioso. Dejó de serlo cuando nos vimos con mi madre tirados en mitad de la nada una noche de feria”. “En otra ocasión, me arrancó el móvil de las manos y lo tiró por la ventanilla”, explica otra mujer. “¿Qué tal dejarte en la montaña sola con tu torcedura de tobillo, adelantantándose rápido?”, pregunta una usuaria. Y así entra en la ecuación un escenario habitual en estas formas de maltrato: la montaña.

Recientemente se publicó la noticia de que un hombre llamado Thomas Plamberger silenció el móvil y rechazó un rescate en helicóptero en el Grossglockner, la montaña más alta de Austria, con el consiguiente resultado de la muerte de su pareja, Kerstin Gurtner, que falleció de hipotermia. En febrero de 2026 fue condenado por homicidio por negligencia grave a cinco meses de prisión y 9.600 euros.

A los abandonos en la montaña sin consecuencias mortales se les ha bautizado como ‘divorcio alpino’ y son más habituales de lo que parecen. “Seamos conscientes que la violencia machista también te puede pasar en un viaje romántico, en un plan de cumpleaños o en un sitio donde nadie te puede oír pedir ayuda. Y lo peor de todo es que sin testigos y con tan solo el novio o marido como superviviente, se considerará en la mayoría de los casos que te ha pasado algo por accidente”, asegura Mara Mariño, autora de S3xpidemIA (Editorial Loto Azul, 2025), en un vídeo en el que habla de estas noticias.

Noelia Palacios, técnica en la red de mujeres supervivientes que ayuda a mujeres víctimas de violencia machista Fundación Ana Bella, comenta que han tenido cantidad de casos parecidos. “Muchas mujeres nos cuentan que sus parejas las han dejado en mitad de un descampado, a altas horas de la noche, en ocasiones incluso sin batería en el teléfono. A algunas les quitaron además la cartera y las obligaron a bajarse del coche, por lo que volver a casa les era aún más complicado. Por lo tanto, estos comportamientos no ocurren solo en casos de montañismo, sino también en situaciones más cotidianas”, explica a S Moda. “A mí me pasó estando de vacaciones con él. De repente, algo no le gustó, y como íbamos en su vehículo, hizo su maleta y me dejó en el hotel sin dinero ni vehículo. No tenía manera de volverme”, asegura.

Bárbara María Zorrilla, directora del Centro de Psicoterapia y fundadora de Psicoterapia Integral Mujer, comenta que estos son claros ejemplos de violencia psicológica que implican poner en peligro de la integridad física y emocional de la víctima. “No son reacciones puntuales e impulsivas, sino formas de maltrato con la intencionalidad de dominar, generar miedo y degradar, y esta intencionalidad es lo que las hace, no solamente graves (porque producen efectos psicológicos dañinos en la víctima) sino delictivas. No se trata de la forma concreta de la agresión, sino del contexto de desigualdad de poder y de las consecuencias que tiene en la mujer, y así está contemplado en la legislación”, explica. Matiza que estas formas de violencia son difíciles de demostrar pese a que incluso existan informes periciales psicológicos y forenses. “He sido testigo de cómo, en numerosas ocasiones, comportamientos como amenazas veladas, intimidación y humillaciones quedan impunes, y las víctimas quedan desprotegidas”, asegura.

Durante años, la idea de violencia se ha reducido casi exclusivamente a lo que se puede ver: el daño físico evidente. Esta mirada limitada ha invisibilizado otras formas mucho más sutiles, como el desgaste emocional o la manipulación psicológica, que a menudo pasan desapercibidas pese a su enorme impacto. Sin embargo, son precisamente estas dinámicas silenciosas las que muchas veces abren la puerta a formas de maltrato más explícitas. Bárbara María Zorrilla señala que el hecho de que no haya marcas visibles hace que sea más difícil identificar el daño, tanto desde fuera como desde dentro de la propia relación. “La víctima se enfrenta a más dificultades para entender qué es lo que está pasando y por qué, con lo que le va a costar mucho más ponerle freno. Además, a esto se suma la normalización y justificación de ciertos comportamientos masculinos con expresiones como ‘tiene mal carácter’ o ‘cuando se enfada, pierde los nervios’, que restan gravedad a conductas que, en realidad, son profundamente problemáticas. Y por supuesto, la intermitencia del afecto y la manipulación psicológica que el agresor pone en marcha, minimizando, justificando y/o culpando a la víctima de lo ocurrido”, explica. A dichas razones añade que en la víctima pueden ponerse en marcha determinados mecanismos de defensa que van a jugar en contra de su capacidad de reacción para poner fin a esa relación. “Reconocer que se está sufriendo violencia implica asumir una situación de vulnerabilidad, entender que tu pareja es un agresor, enfrentarse a decisiones difíciles, pedir ayuda, plantearse denunciar, romper la relación…”, dice.

Todo esto se refleja a la perfección en la serie de Movistar Plus + Querer, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa (Los domingos). En una escena, el personaje de Aitor, interpretado por el actor Miguel Bernardeau, acelera el coche de un modo violento. Esta escena, entre otras cosas, hace que su mujer se plantee que existen serios problemas en su matrimonio.

José Antonio Sande Martínez, autor de Manual para mujeres maltratadas (Desclee de brouwer, 2026), considera pertinente diferenciar entre las secuelas psicológicas y los estados permanentes que generan. “Sobre los estados que se crean en la mujer están el miedo, la indefensión aprendida y la sumisión. Entre las secuelas a medio y largo plazo, la angustia, el estrés constante, la alerta hacia la persona y la vulnerabilidad al maltrato son secuelas de dichas conductas”, asegura.

“Una conducta aislada, aunque reprobable, no define por sí misma una dinámica de maltrato, para ello es necesario que exista este contexto de desigualdad, habitualidad y que en el caso del uso del coche, se convierta en una herramienta más para intimidar, castigar o controlar”, especifica Bárbara María Zorrilla, que indica que se habla de intencionalidad cuando el agresor no pierde el control sin más, sino que utiliza la conducción o el abandono como una forma de corregir o castigar a su pareja. “Otro elemento sería la habitualidad, es decir, que esos episodios no ocurren una sola vez, sino que se integran en la relación como un patrón reconocible, se repiten, y la víctima puede anticiparlos en función del estado de ánimo del agresor o de determinados desencadenantes. Y por supuesto, la intimidación y el miedo que produce en la mujer, que termina por adaptar su comportamiento para evitar conflictos, pensando que es ella la que provoca esas reacciones (por ejemplo, evitando expresar opiniones o discrepar mientras van en coche)”, asegura.

“De lo que se trata es de que en la relación hay una asimetría clara de poder, y de que el maltratador pone en marcha diferentes estrategias y conductas violentas para conseguir su objetivo, el sometimiento de la mujer”, añade.

“Cuando hablamos, descubrimos que no somos las únicas y que no estamos solas en esto”, dice Henar Álvarez en la entrevista a Lucía Solla Sobral. Zorrilla coincide con ella. “Es esencial que sigamos visibilizando estas agresiones que, aunque no sean físicas, pueden ser igualmente dañinas para la salud integral de las mujeres, y son denunciables. El miedo inducido, la sensación de peligro y la limitación de la libertad son elementos suficientes para hablar de violencia”, asegura para terminar.

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