El mayor estudio sobre el hígado alerta de los estragos silenciosos de la mala dieta y el alcohol: “Nunca me había dolido nada”
Uno de cada 60 adultos sufre sin saberlo fibrosis hepática, una dolencia en la que el órgano se vuelve rígido, afecta a su funcionamiento y puede evolucionar a cirrosis y cáncer


Una mañana, mientras caminaba por la plaza Vella de Terrassa (Barcelona), el mundo empezó a tambalearse alrededor de Josep María Martínez. “Me desperté en el hospital y no reconocía a nadie, ni siquiera a mi marido o a mi hijo”, recuerda. Tenía 49 años y sobrepeso —mide 1,70 metros y pesaba 115 kilos—, aunque tampoco le daba demasiada importancia ni creía tener mala salud. “Pero me diagnosticaron cirrosis. Había tantas cicatrices en mi hígado que ya no podía filtrar bien las toxinas. Algunas de ellas se acumularon en el cerebro y pasó lo que pasó”, recuerda.
Un trasplante de hígado le salvó la vida. Hoy tiene 60 años y cada semana hace senderismo y sale a correr. “Ahora me encuentro en plena forma. Pero lo más chocante de entonces es que nunca me había encontrado mal ni dolido nada hasta el día que ocurrió todo eso”, explica el paciente, que hoy preside la Asociación de Enfermos y Trasplantados Hepáticos de Cataluña y es vicepresidente de la federación nacional que agrupa a estas entidades autonómicas.
El caso describe bien una realidad poco conocida sobre la prevalencia de la fibrosis hepática, cuya magnitud empieza a aflorar. El Proyecto LiverScreen, el mayor estudio europeo realizado sobre la dolencia —30.000 participantes en nueve países—, revela ahora que el 1,6% de la población mayor de 40 años (una de cada 60 personas) la sufre sin saberlo.
La fibrosis se produce cuando el hígado ya no es capaz de reparar las lesiones producidas por el mal estilo de vida (dieta, alcohol, sedentarismo...), y estas se convierten en cicatrices que le impiden funcionar adecuadamente. La posibilidad de padecerla es mayor si el paciente sufre factores de riesgo bien conocidos como obesidad, diabetes e hipertensión, entre otros. Y la fibrosis es un paso clave hacia complicaciones muy graves como la cirrosis y el cáncer de hígado, asociados a una elevada mortalidad. Cada año fallecen en España unas 12.000 personas por enfermedades hepáticas.
“El estudio es importante por dos razones. Primero, porque revela la elevada prevalencia, hasta ahora desconocida, de una dolencia en la que la arquitectura del hígado ya está alterada. Y segundo, porque el objetivo del proyecto es detectar a los pacientes antes de que desarrollen síntomas, en atención primaria. Esto nos permite intervenir para evitar que la enfermedad hepática avance [como en el caso de Josep Maria Martínez] y requiera hospitalizaciones con pronósticos delicados y tratamientos muy complejos”, destaca Rafael Bañares, catedrático de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH).

Los resultados del estudio, que serán publicados en breve en una revista científica de alto impacto, han sido avanzados en el reciente congreso de la AEEH, celebrado recientemente en Madrid. Pere Ginés, investigador principal y consultor senior en Hepatología del Hospital Clínic (Barcelona), resalta el gran adelanto que supone el diagnóstico precoz.
“La enfermedad hepática se desarrolla muy lentamente, incluso durante 25 o 30 años. El paciente no irá al médico porque no tiene síntomas y los análisis habituales muchas veces tampoco la detectan. La gran novedad del nuevo enfoque es que ahora la podemos detectar en fases iniciales. Esto nos permite identificar la causa, tratarla y prevenir el avance hacia cirrosis o cáncer de hígado. El origen puede ser la mala dieta, el consumo de alcohol, el sedentarismo..., pero en ese punto aún estamos a tiempo de prevenirlo”, expone Ginés.
Rosario Hernández participa en el proyecto como médico de familia en el centro de salud La Marina (Barcelona). Si el objetivo final de LiverScreen es diagnosticar a los pacientes asintomáticos muchos años antes de que los daños en el hígado sean irreversibles, el papel de la atención primaria es primordial. “Proponemos a los pacientes mayores de 40 años a los que su médico ha solicitado un análisis de sangre si quieren participar en el estudio. Con ellos, utilizamos una ecuación que tiene en cuenta la edad, sexo y los resultados del análisis en glucosa, plaquetas y tres enzimas hepáticas (AST, ALT y GGT)”, explica.
Los resultados de esta fórmula, simple de utilizar y efectiva, son unos indicadores mucho más fiables sobre la fibrosis que las transaminasas solas (la ALT y la AST), el modo más utilizado para vigilar la salud del hígado. Las transaminasas, explican los expertos, “no son un buen biomarcador en relación a la fibrosis, ya que tenerlas un poco elevadas no indica necesariamente que exista la dolencia, ni tenerlas normales permite descartarla”.
Unos resultados de la ecuación (llamada Risk Score) alterados sí muestran que existe riesgo de fibrosis. Para confirmarlo o descartarlo, los pacientes son sometidos a una prueba no invasiva llamada “elastografía de transición” —más conocida por la marca comercial FibroScan—, similar a una ecografía y que mide la rigidez causada por las cicatrices.
“Hay pacientes a los que diagnosticamos fibrosis en el estudio y lo podías sospechar por lo que conoces de ellos. Pero en otros no, y te llevas una sorpresa. Por esto es importante este trabajo desde primaria, porque permite un diagnóstico precoz”, afirma Rosario Hernández, también miembro del grupo de estudio de hígado graso metabólico de la Sociedad Catalana de Medicina de Familia y Comunitaria (CAMFiC).
La presencia de fibrosis en el hígado se mide en una escala que va de F0 —ausencia de cicatrices— a F4, que es cuando la cirrosis ya se ha desarrollado. Los grados que van de 1 a 3 se consideran leve, moderada y avanzada, respectivamente, y son el objetivo del programa LiverScreen para prevenir que el paciente llegue a desarrollar cirrosis.
La historia del proyecto se remonta a un congreso europeo de hepatología celebrado en Barcelona hace una década. “Nos reunimos un grupo de investigadores europeos y decidimos formar un equipo que trabajara en la posibilidad de desarrollar el diagnóstico precoz de la enfermedad hepática crónica en fase silente asintomática”, recuerda Pere Ginés.
Una pandemia y varios impulsos y parones más tarde, LiverScreen es hoy una realidad. “Su fortaleza es el gran número de pacientes participantes, más de 30.000 de nueve países [Alemania, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, España, Francia, Italia, Países Bajos y Reino Unido], que representan las distintas realidades existentes en Europa”, indica este especialista.
El presidente de la AEEH, por su parte, incide en la importancia de involucrar a la atención primaria en la detección precoz de las enfermedades hepáticas, lo que permitiría su atención temprana y la prevención de muchos casos de cirrosis y cáncer de hígado. “Todo el mundo tiene asumido que vas al médico de familia y te puede encargar pruebas y hacer el control del corazón y la circulación, entre muchas otras dolencias. Pero no ocurre lo mismo con el hígado. Y este es un objetivo que debe ser prioritario si tenemos en cuenta la enorme carga de la enfermedad y su impacto social”, concluye Rafael Bañares, que ejerce de especialista en el Hospital Gregorio Marañón (Madrid).
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