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El asedio de los paramilitares a Kordofán del Sur deja a la población al borde del colapso humanitario en Sudán

Las campañas de asedio de los paramilitares, contestadas por el Ejército, y la escalada bélica han causado hambruna, desplazado a cientos de miles de civiles y destruido los servicios básicos

Familias desplazadas recién llegadas a la zona de recepción del campamento de Umdulu, en Sudán, donde se les proporcionarán suministros básicos y se les asignará un lugar donde alojarse, en una foto tomada el 30 de enero de 2026. Karl Schembri/NRC

No suele ocurrir que la llegada de cebollas, sal o jabón despierte excesiva expectación, pero la capital del Estado sudanés de Kordofán del Sur, Kadugli, llevaba mucho tiempo esperando. El 3 de febrero, el Ejército rompió un asedio impuesto en la ciudad desde hacía casi tres años por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por las siglas en inglés) y otro grupo armado local. Así que los primeros camiones con suministros fueron recibidos como un auténtico bálsamo.

Apenas una semana antes se habían vivido escenas parecidas en la segunda mayor ciudad de esta región del centrosur de Sudán, Dilling, situada en una carretera cortada que une Kadugli con la capital de Kordofán del Norte, El Obeid. Allí, el ejército puso fin al cerco de las RSF y el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N) gracias a una ofensiva a través de carreteras secundarias, por las que introdujeron comida y suministros médicos.

Pese a este ansiado respiro, sin embargo, la situación humanitaria en Kordofán del Sur, que en los últimos meses se ha convertido en uno de los principales frentes de la guerra en Sudán, sigue siendo crítica. La escalada del conflicto y la política de asedios de los paramilitares ha forzado el desplazamiento de cientos de miles de personas, ha interrumpido la producción y el suministro de alimentos y ha colapsado los servicios básicos, lo que ha llegado a provocar unos niveles de hambre extremos que en algunas zonas sobrepasan el umbral de la hambruna.

Armas y hambre

En los últimos meses, el endurecimiento del cerco en Kadugli y Dilling por parte de las RSF y el SPLM-N, parte de su estrategia de extenuar a grandes ciudades como antesala a un asalto, colapsó los mercados locales y dejó a su población civil sin apenas acceso a comida, servicios médicos y dinero en efectivo. Los únicos suministros que entraban lo hacían principalmente a través de rutas de contrabando y solo un puñado de agencias humanitarias siguieron activas.

En la fase más cruda del asedio, los precios de los productos básicos en Dilling y en la cercana localidad de Habila se dispararon debido a su grave escasez, explica desde la región Kasem Hijazy, el coordinador de programas de la ONG GOAL en Sudán. “Los principales alimentos disponibles eran maíz, arroz, lentejas y algunas verduras locales; la fruta y otras verduras, que anteriormente habían sido una fuente importante de sustento, estaban agotadas”, señala.

En septiembre de 2025, un organismo de monitoreo global del hambre concluyó que Kadugli ya había superado el umbral de hambruna en cuanto al consumo de alimentos y a los niveles de desnutrición y mortalidad. También advirtió de que la situación en Dilling era similar, aunque no pudo declarar allí la fase más alta de inseguridad alimentaria aguda por falta de datos.

En medio de este cerco asfixiante, las RSF y el SPLM-N también atacaron de forma reiterada con drones y artillería la infraestructura sanitaria de Kadugli y de Dilling. En Kadugli, estos bombardeos, sumados a la falta de suministros, obligaron a cerrar por completo más de la mitad de los hospitales, según indica Mohamed Faisal, un portavoz de la Red de Médicos de Sudán, una organización con una extensa red de profesionales de la salud en todo el país.

Más del 80% de la población de Kadugli, unas 147.000 personas, y en torno a la mitad de la de Dilling, alrededor de 117.000, han huido a zonas más seguras

Para escapar del asedio, decenas de miles de civiles huyeron en los últimos meses de Kadugli y Dilling, aunque la escasez y el coste del combustible y el riesgo de escapar por carretera empujó a la mayoría a recurrir a peligrosas alternativas. “Los civiles dependían de carretas tiradas por burros, de caminar o de animales para llevar mercancías o acceder a servicios, a menudo tomando atajos que los exponían a un riesgo considerable”, observa Hijazy.

Aun así, se estima que más del 80% de la población de Kadugli, unas 147.000 personas, y en torno a la mitad de la de Dilling, alrededor de 117.000, han huido a zonas más seguras, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). En total, se calcula que alrededor de 360.000 personas permanecen desplazadas en Kordofán del Sur.

Además de hambre, robos e intimidaciones, el director de Plan International en Sudán, Mohamed Kamal, afirma que su ONG, una de las que cuenta con una mayor presencia en la región, ha registrado casos de violencia sexual, incluidas violaciones y embarazos no deseados, entre mujeres que huyeron de Kadugli y de Dilling. Las RSF han empleado la violencia sexual de forma generalizada y sistemática durante todo el transcurso de la guerra.

Hostigamiento continuado

El levantamiento parcial del asedio sobre las dos principales ciudades de Kordofán del Sur ha brindado un importante alivio. En Dilling, el precio del aceite de cocina ha caído un 80%, el de las cebollas un 84%, el de las lentejas un 86%, y el del azúcar un 90%, según una lista de precios compartida por GOAL, que apoya, entre otros proyectos, comedores comunitarios. En Kadugli, medios locales han informado de disminuciones de precio todavía mayores.

El ministerio de Salud federal también ha tratado de movilizarse rápidamente para mitigar la pronunciada escasez de provisiones médicas. A mediados de febrero envió a Kadugli más de 100 toneladas de suministros básicos y varias ambulancias, con la previsión de que se distribuyeran por hospitales y clínicas ya operativos, priorizando los servicios de emergencia.

Pero pese a estas mejorías, la intensidad del conflicto y la gravedad de la crisis humanitaria en la región complican la posibilidad de revertir la situación sin una acción mucho mayor.

En el frente, la situación continúa siendo fluida y las RSF y el SPLM-N ya han podido revertir antes avances del Ejército en Kordofán del Sur. Además, las fuerzas regulares rompieron el asedio inicial sobre Dilling a través de una ruta rural secundaria con efectivos paramilitares dispersos, mientras que las carreteras principales del Estado siguen siendo muy inseguras.

Las RSF y el SPLM-N también han continuado bombardeando infraestructuras básicas y zonas residenciales en localidades del Estado fuera de su control. El 5 de febrero, un ataque a un hospital de Kuik, una ciudad en la carretera entre Kadugli y Dilling, mató a 22 personas, incluido personal médico. Dos días después, un dron impactó un vehículo en el que viajaban civiles desplazados y mató a 24, entre ellos ocho niños. Y tres días más tarde, el almacén del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU en Kadugli fue alcanzado con misiles.

“Creo que intentan enviar el mensaje de que siguen estando allí”, considera Faisal, de la Red de Médicos de Sudán, una de las organizaciones que más ataques está pudiendo registrar en Kordofán del Sur pese al amplio apagón de telecomunicaciones en todo el Estado. “Aunque se haya roto el asedio, [quieren transmitir que] nadie está aún a salvo”, prosigue el médico.

Las RSF y el SPLM-N también han continuado bombardeando infraestructuras básicas y zonas residenciales en localidades del Estado fuera de su control

En medio de esta inseguridad generalizada, Hijazy, de GOAL, asegura que “la circulación de vehículos en [Dilling] sigue siendo extremadamente limitada porque los residentes buscan evitar exponerse a los [ataques] si salen a la calle”. También observa que está “restringiendo gravemente la circulación de las ONG” y que los ingresos diarios en los centros de salud que reciben su apoyo han disminuido, “probablemente por la menor movilidad de la población”.

Las condiciones humanitarias en la región también son ya tan críticas que son muy difíciles de revertir. “Los niveles de hambruna son tan severos que requerirán un empujón muy, muy grande”, constata Karl Schembri del Consejo Noruego para Refugiados (NRC), que visitó recientemente a equipos de la organización en campos de desplazados de Kordofán del Sur. “Todavía estamos a tiempo de hacerlo”, considera, “pero es una carrera contrarreloj”.

La situación es igualmente límite en el ámbito sanitario. “La mayoría de los hospitales ya no funcionan por falta de médicos y suministros; incluso acceder a ellos es un grave problema”, asegura Kamal de Plan International, que está presente tanto en Dilling como en Kadugli. “También estamos recibiendo información sobre la propagación del cólera, la malaria y otros cuadros febriles”, agrega, lo que pone de manifiesto el colapso del sistema sanitario local.

Asimismo, la mayoría de los residentes de Kadugli y de Dilling ya habían huido antes de que el Ejército rompiera el cerco sobre las dos ciudades, y miles se encuentran ahora en campos de desplazados dispersos por la región donde se han tenido que construir refugios y donde reciben muy poca ayuda. “Para quienes se han ido, la situación sigue igual”, señala Schembri.

Las RSF también están utilizando drones para atacar convoyes comerciales y humanitarios, en un intento de sabotear el envío de suministros y mantener así el cerco sobre Kordofán del Sur desde el cielo. En esta línea, la ONU, que ha logrado enviar ya sus primeros convoyes a Kadugli, ha criticado que se han producido bombardeos cerca de rutas de suministro claves.

Más allá de la inseguridad, la dificultad de acceso, los ataques y los obstáculos de las partes beligerantes, la acción humanitaria en Kordofán del Sur, como en el resto de Sudán, se está viendo muy limitada por la falta de financiación. Hasta principios de febrero, el plan de acción de la ONU para 2026, de 2.900 millones de dólares (2.445 millones de euros), solo contaba con un 5,5% de los fondos.

La situación es además especialmente urgente porque está previsto que en junio empiece la época de lluvias en Sudán, que suele extenderse hasta finales de verano. Durante este período, la circulación se ve muy limitada por las inundaciones y muchas comunidades quedan aisladas e inaccesibles, por lo que se necesita almacenar previamente suministros esenciales.

“En unos meses empezará a llover a cántaros, lo que dejará las carreteras intransitables en gran parte de Kordofán del Sur y llegar a algunos campamentos [de desplazados] será todavía más difícil y costoso”, avanza Schembri, que insiste en la necesidad de “llegar a estos lugares para colocar reservas de alimentos antes de que el hambre se extienda aún más”.

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