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Cristina Guadalupe Eyanga, escritora ‘queer’ ecuatoguineana: “En las calles me dicen lesbiana bruja que roba adolescentes y los convierte en homosexuales”

La autora, una de las promesas del feminismo lésbico en África, cuenta que los abucheos del público son habituales en su carrera artística y cómo ha sido acusada de ser un “producto del colonialismo”

Cristina Guadalupe Eyanga

Salir del armario puede ser un acto de alto riesgo. Generosa, una mujer ecuatoguineana de 30 años, decide asumirlo y desafiar el mandato que regula su vida para elegir la libertad. Ella es la protagonista del relato Casada con un difunto, que cuenta cómo una mujer lesbiana elige casarse con otra mujer tras la muerte de su esposo varón. Es una historia basada en “hechos reales”, tal y como confirma su autora, la activista literaria y queer Cristina Guadalupe Eyanga (Bata, 30 años), en una entrevista por videollamada desde su casa en su ciudad natal.

El relato, que forma parte de la antología En un mundo raro (2024) de la editorial especializada en literatura LGTBIQ+ Dos Bigotes, narra cómo las mujeres queer de la etnia fang de Guinea Ecuatorial han normalizado los “matrimonios entre mujeres”. Aprovechándose de los vacíos de las costumbres, asaltan el corazón del patriarcado a través de su principal instrumento opresivo: el matrimonio tradicional o alúk fang, regulado con la entrega de la dote o nsua bi kieñ.

La escritora, farmacéutica de profesión, dramaturga y figura visible del feminismo lésbico en África participará el próximo viernes 30 de enero en las tertulias literarias del Centro de Estudios Africanos, un espacio virtual creado para promover la literatura africana. Allí hablará de cómo se traslada el activismo literario desde los espacios tradicionales hasta el hogar.

En 2022 fundó con la activista Nolwenn Catalina Mahé la Comunidad literaria Lorde, una plataforma de difusión literaria en línea que homenajea a la escritora afroamericana Audre Lorde y que pronto publicará el libro Voces diversas de Guinea Ecuatorial (antología inédita).

Pregunta. ¿Cómo se casa una mujer con un difunto?

Respuesta. Generosa, casada forzosamente con 16 años, se enfrenta tras la muerte de su marido, un hombre anciano, al levirato, una costumbre que obliga a la viuda a casarse con algún hermano de su difunto esposo para perpetuar su clan y/o línea familiar. La joven, de apenas 30 años, es madre de tres descendientes. El título de la obra reta al levirato porque la protagonista se niega a acatar una tradición que le obliga a seguir vinculada a un clan y a una familia. Al final rehace su vida con una mujer.

P. ¿Qué impacto tiene el levirato en la vida de las mujeres que aman a otras mujeres?

R. A la muerte del marido, las mujeres heterosexuales tienen cuatro opciones para rehacer sus vidas. Las dos primeras se centran en la elección de un miembro varón del clan del difunto para sucederlo. En el tercer caso, se contempla la devolución de la dote (nsua) y el abandono del hogar conyugal. Los bienes trabajados por la pareja y la descendencia se quedan custodiados por los varones del clan marital.

La cuarta opción es renunciar a la vida sexual activa y someterse a la patria potestad de la familia política. No obstante, son las mujeres que aman a otras mujeres las que más problemas provocan en el levirato. Nunca han respetado las tradiciones en este sentido.

En Bata me abuchean habitualmente en el espacio público, y me dicen “la lesbiana bruja que roba a adolescentes”

P. ¿Cuáles son las consecuencias de la desobediencia?

R. Estos problemas, a día de hoy, llegan a las comisarías de policía de Guinea Ecuatorial y generan dos soluciones. Por un lado, se encierra en las cárceles a las amantes cisgénero de las lesbianas casadas o viudas. Ahora bien, las amantes son habitualmente hombres transgénero. Por otro lado, se castiga con el repudio, la pérdida de la patria potestad de la descendencia y el encierro en los hogares a las lesbianas casadas o viudas cisgénero. Pierden, además, los derechos sobre los bienes trabajados en el matrimonio.

En Casada con un difunto, la familia del esposo difunto ordena, con ayuda de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de seguridad del Estado, la detención de la amante de Generosa. Estos casos son parte de mi trabajo diario como activista queer. En la comunidad LGTBIQA+ ya sabemos ubicar a las mujeres lesbianas que de repente desaparecen en Bata. Las localizamos en algún calabozo.

A mí me han dicho que soy producto del colonialismo

P. Los abucheos del público son frecuentes en su carrera literaria. ¿Cuándo fue la última vez que el público castigó su obra, que narra escenas de cadáveres y cuestiona los tabúes?

R. A mí me han dicho que soy producto del colonialismo. Sin embargo, mi carrera me ha ayudado a descubrir que mujeres queer como yo, antes de que llegara la empresa colonial, teníamos nombres. Nos llamaban lame-vulvas (nñáng bi bón), lagarto-pardal (ngoro á nga), u hombre-mujer (fám é mina), un conjunto de identidades estigmatizadas.

Con eso quiero decir que el mundo bantú, como cualquier otro, determina —en el pasado y hoy— qué seres vivos tienen derecho a la categoría “persona” y cuáles no. Me preguntas por qué escribo sobre cadáveres. Lo hago porque vivo en un entorno que determina mi muerte en nombre de África. La gente como yo nunca tuvo derecho a la vida. Casada con un difunto es mi primera obra de alcance internacional, pero antes escribí 365 Noches en vela por mentes obstinadas y almas deprimidas, un poemario que cuestiona el África precolonial, con sus cosas buenas y malas, frente a la narrativa de la otra África tergiversada [un conjunto de discursos y narrativas africanas que buscan combatir “la blanquitud” y estereotipar lo occidental como algo libertino, débil o despiadado].

En Bata me abuchean habitualmente en el espacio público, y me dicen “la lesbiana bruja que roba a adolescentes y los convierte en homosexuales en su casa”. El año pasado, el Grupo de Teatro CaNuMás —fundado y dirigido por la agente de igualdad Mamá Exu—, escenificó Esto no es bantú. La obra, con el guion escrito por mí, abordaba el feminismo y lo LGTBIQA+ desde lo africano y la dignidad humana. El acto en el Centro Cultural de España en Bata terminó en un escándalo. Muchas personas empezaron a salir de la sala de forma violenta, otras gritaban desde sus asientos cosas como “maricones fuera”, “antinaturales fuera”.

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