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Nana Akosua Hanson, escritora ghanesa: “Tenemos casos de chicos gais que son engañados por gente en Facebook, o acuden a una cita y les dan una paliza en grupo”

La actriz de teatro y autora fundó el colectivo feminista Drama Queens y creó la novela gráfica de cuatro superheroínas ‘queer’ afro ‘MoonGirls’, para que el público pueda ponerse en la piel de gente a la que se le arrebata la humanidad

Nana Akosua Hanson, escritora ghanesa

“El oro de África, especialmente el procedente de los imperios de Ghana, Malí y Songhai, atrajo al mundo a sus puertas. Nuestra riqueza iluminó los mercados mundiales, pero también desató un deseo centenario por los cuerpos africanos”. La frase, de la escritora ghanesa Nana Akosua Hanson (Acra, 35 años) para presentar el capítulo 16 de su novela gráfica MoonGirls, es toda una declaración de intenciones sobre el objetivo de su obra. De ahí que las cuatro superheroínas africanas queer que protagonizan el cómic que Hanson creó en 2019 hoy se dediquen a desvelar la verdad de “un sistema patriarcal” en el que hay quienes “obtienen una ventaja injusta en riqueza y poder”.

“Sus efectos [del colonialismo] son visibles en la inestabilidad del Sahel, en las genealogías rotas y en las tensiones silenciosas entre las regiones africanas”, aclara la escritora, entrevistada en Nigeria, en el Forum Création Africa Lagos organizado por la Maison des Mondes Africaines, para dinamizar el intercambio entre las industrias culturales y creativas del continente. “No se trata de fantasmas del pasado”, sino que siguen presentes en “la forma en que África sigue siendo explotada por su mano de obra, sus minerales, sus tierras, su cultura, mientras se le dice que olvide sus heridas”.

Antes de lanzarse a escribir esta novela gráfica feminista, Hanson era actriz de teatro y, desde ese rol, fue la cofundadora del grupo Drama Queens, que integran activistas por el reconocimiento de los derechos de personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, entre otras, que trabajan en el ámbito artístico en Ghana.

Pregunta. ¿Es una reina del drama?

Respuesta. Sí, soy una reina del drama (risas). En verdad, Drama Queens es una organización juvenil de activismo artístico que fundamos en 2016 para luchar por los derechos humanos, básicamente, llevando adelante políticas feministas panafricanas.

P. Drama queen (reina del drama en español) es un término que se utiliza para menospreciar los sentimientos de las mujeres. No obstante, ustedes usan el insulto para defenderse con arte.

R. En efecto. Como activistas, intentamos darle otro sentido a la expresión despectiva, jugando con el estereotipo de lo que es una drama queen. Todo empezó como una organización ligada a las artes escénicas: la primera forma artística que utilizamos fue el teatro, produciendo obras en torno a la cultura de la violación y los derechos LGBTIQ+.

P. ¿Además del teatro, en qué otras expresiones se manifiestan?

R. En colaboraciones musicales y exposiciones de arte, porque allí los temas son más fáciles de asimilar y atraen a la gente más que una conversación dura. A nuestras reuniones informales vienen los menores de 30 años y hablamos de los temas importantes en cada momento. Yo tenía la esperanza de que este fuera un espacio donde las jóvenes activistas feministas pudieran empezar y, luego, liderar sus propias organizaciones. Son ellas y ellos quienes organizan los eventos, tratando de mejorar su capacidad de hacerse oír al salir del territorio teatral.

En nuestras escuelas no tenemos una educación sexual sustantiva y no se tocan asuntos como que nadie puede forzarte, o que si estás ebria, no significa que consientas algo

P. ¿Cuáles son los temas acuciantes que hay que enfrentar en este ámbito?

R. Empezamos con la cultura de la violación, hace unos 10 años. En Ghana, hubo un caso muy sonado en el que una persona muy famosa de los medios de comunicación fue acusada de violar a una chica de 19 años y eso generó una conversación pública en la que todo lo que se decía era para avergonzar a la chica: ¿por qué fuiste a su habitación de hotel? ¿Qué hacías allí de noche? Pudimos usar los recursos dramáticos para hablar del error de culpar a la víctima o a la superviviente en lugar de responsabilizar al violador. También, para impulsar el debate sobre el consentimiento en las relaciones sexuales. En nuestras escuelas no tenemos una educación sexual sustantiva y no se tocan asuntos como que nadie puede forzarte, o que si estás ebria, no significa que consientas algo. Mucho menos se habla acerca de las relaciones de poder.

P. ¿Puede poner un ejemplo de cómo trabajan estos asuntos en la ficción?

R. Por ejemplo, en 2018, representamos nuestra primera obra sobre los derechos LGBTIQ+. Debido a la homofobia y la transfobia que existen, trabajamos en una producción teatral que hizo que los espectadores se pusieran en el lugar de estas personas. El público pudo reflexionar acerca de cómo vivir en un mundo que los odia. Cuando ven que un joven queer está traumatizado por su padre, que quiere que sea un hombre en el sentido tradicional, entienden cómo su humanidad resulta demonizada. Les encantó y algunos se emocionaron mucho.

P. ¿Usted tuvo algún problema?

R. Hemos tratado de gestionar las representaciones con mucha seguridad… Bueno, este tipo de contenido es ilegal en Ghana. En verdad, todo el espectro (LGTBIQ+) está penalizado, y aunque muy pocas personas han ido a la cárcel por ello, siempre puedes ser acosado. Tenemos casos de chicos gais que son engañados por gente en Facebook, o acuden a una cita y les dan una paliza en grupo. Y no hay nada que puedas hacer avisando a la policía. Incluso, entre los legisladores, circula otro proyecto de ley más restrictivo (que puede reflotarse en cualquier momento) y que hasta posibilitaría que se criminalizase el acto de simpatizar con alguien: si eres padre y tienes un hijo gay o una hija lesbiana y no los denuncias a las autoridades, te pueden multar.

P. ¿Cree que hay mucha gente que defiende esta agenda conservadora?

R. Sí, Ghana tiene una población mayoritariamente cristiana, muy conservadora. Y el Gobierno actual refleja al pueblo.

P. ¿Qué es lo que la ha traído a este foro de industrias creativas en Lagos, Nigeria?

R. Vine a participar en un debate sobre un estudio de caso, una charla informal acerca de mi serie de novelas gráficas MoonGirls, que trata sobre un grupo de superheroínas africanas queer. Básicamente, tienen poderes y luchan por África. Son unos seis capítulos por temporada y ya tenemos 18 entregas publicadas. Hago los guiones y contratamos a las ilustradoras. El último capítulo salió en junio de 2025.

Ghana tiene mucho oro y a los mineros no les importa destruir las masas de agua con sus productos químicos. De esto también habla ‘MoonGirls’

P. Este cómic arrancó siendo algo minoritario y ahora ya es un fenómeno más allá de las fronteras de su país.

R. Sí, tenemos un buen número de seguidores. Desde que empezamos, el liderazgo ha crecido entre jóvenes africanos y la generación Z de todos los continentes. Estamos viendo si podemos hacer una película de animación en 3D de MoonGirls: buscamos un estudio que haga realidad nuestra visión.

P. Desde que empezaron el activismo teatral, en 2016, hasta hoy, ¿qué otros asuntos se han ido agregando al problema de la discriminación?

R. Nos interesa especialmente trabajar en torno a la justicia medioambiental: nos preocupa la contaminación de nuestros ríos debido a la minería de oro: el galamsey (pequeñas explotaciones ilegales), en la jerga local. Como sabéis, Ghana tiene mucho oro y a los mineros no les importa destruir las masas de agua con sus productos químicos. De esto también habla MoonGirls.

P. Por último, ¿cree que hay mujeres tradicionales que se adhieren a la nueva agenda feminista?

R En realidad, lo que te das cuenta es que la homofobia que existe en la sociedad está fabricada a partir de las opiniones cristianas modernas. Pero si te fijas en una mujer tradicional típica, como las de mi lugar de origen, y en cómo ven la sexualidad, siempre han sido libres y poderosas, tanto que incluso podían llegar a dejar a su marido porque no tenían con él buen sexo.

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Sobre la firma

Analía Iglesias
Colaboradora habitual en Planeta Futuro y El Viajero. Periodista y escritora argentina con dos décadas en España. Antes vivió en Alemania y en Marruecos, país que le inspiró el libro ‘Machi mushkil. Aproximaciones al destino magrebí’. Ha publicado dos ensayos en coautoría. Su primera novela es ‘Si los narcisos florecen, es revolución’.
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