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Red de redes
Columna

Un ascenso o la vida: por qué la generación Z rechaza ser jefa

Muchos jóvenes no quieren asumir cargos de responsabilidad porque las condiciones no les compensan y prefieren priorizar su vida personal

Interior de oficinas en Madrid.Luis Sevillano

“Los jóvenes no quieren ser jefes”, se lee con frecuencia en redes sociales y medios de comunicación, a menudo con intención de criticarlos, quizá, por su falta de ambición. Los miembros de la generación Z, pero también algunos mileniales, esgrimen que no les renta promocionar en sus empresas y asumir (más) responsabilidades porque la mejora salarial no compensa la carga mental que deberán enfrentar. Así, optan por mantenerse en sus puestos y no convertirse en jefes porque en sus actuales puestos tienen un horario y unas tareas con las que se sienten cómodos. Dicho de otro modo: tienen unas condiciones laborales compatibles con su vida personal. “Quiero llegar a casa y ver a mi hijo despierto”, argumentaba a este periódico una consultora que rechazó ascender en una Big Four hace unas semanas.

En los comentarios de ese artículo de Susana Carrizosa, algunos lectores aplaudían la decisión de quienes optan por no mandar: “Vida sabia. Otros valores”, concretó José María Imízcoz. Por su parte, Elena Alma contó lo que ha visto entre sus compañeros del sector tecnológico: “Las personas más felices que he conocido han sido las que han sabido dejar de correr detrás de la zanahoria y plantarse en un momento concreto: habían alcanzado una situación decente y sabían que no llegarían a ser CEO. Seguían trabajando bien, pero sin renunciar a vivir”.

Algunos vendrán con la cantinela de que los jóvenes de hoy son unos flojos por justificar el rechazo a un ascenso por considerar que las nuevas condiciones no son compatibles con su vida, igual que se pronuncian cuando no aguantan horas y horas en sus empresas por el sueldo que tienen —el sueldo medio de los menores de 25 años, por cierto, no superó los 1.500 euros en 2024, el INE—, pero lo que sucede en muchas empresas es que los más jóvenes, con el tiempo, van asumiendo cada vez más tareas y, de facto, más responsabilidades, sin que se les recompense económicamente.

En LinkedIn es donde más se habla de estos temas por ser una red social dedicada al ámbito laboral. Un usuario dedicó una larga publicación sobre lo que se ha llamado conscious unbossing, un término que, trasladado al español, sería algo como desjefización consciente, pero también se resume en la expresión “minimalismo profesional” (cumplir el contrato laboral y mantener la vida privada). En su texto decía que los miembros de la generación Z lo que no quieren es “ser jefes como los de antes”. “Muchos jóvenes no rechazan el liderazgo, rechazan el modelo de liderazgo que ven. No dicen ‘no quiero crecer’, dicen ‘no quiero quemarme’, ‘no quiero perder mi vida por un cargo”.

Otra publicación más reciente de un experimentado director de marketing advertía de que, si se trata de una crisis de liderazgo, es una que solo afecta a las empresas que no tienen en cuenta las reclamaciones de los más jóvenes, las que se han quedado ancladas en el pasado: “El rol de mando intermedio lleva años convirtiéndose en una trampa silenciosa [...] sin autoridad real, sin recursos suficientes y con una responsabilidad que crece más rápido que el reconocimiento. ¿Y encima se supone que tienen que querer eso?”, se preguntaba. “El liderazgo del futuro no va a ser menos. Va a ser diferente. Cuando lo hagamos atractivo de nuevo, con propósito real, límites sanos y autoridad que acompañe a la responsabilidad, veremos cómo vuelven las manos levantadas”, concluía su entrada.

A este rechazo a ser jefe por la falta de compensación o por preferir cuidar la vida personal, igual que sucedió con el quiet quitting —aquello de cumplir estrictamente con tus horarios y tus tareas—, lo han tildado de tendencia, pero al fin y al cabo es un derecho: el de recibir un salario y tener unas condiciones acordes a las responsabilidades y al puesto que uno ocupa.

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