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Cartas al Director

Una Mallorca irreconocible

Las lectoras y los lectores escriben sobre el avance de la turistificación, el problema de los padres en el deporte infantil, los impuestos y el Estado del bienestar, y los itinerarios estudiantiles en secundaria

Solar lleno de coches de alquiler en el Poligono de Son Homs, cerca del Aeropuerto de Son San Joan, en Mallorca. CATI CLADERA (EFE)

Soy mallorquina de ocho apellidos. De pequeña, mi padre tenía vacas y vendía la leche; había muchos ganaderos como mi padre en la isla. Ahora quedan muy pocos, creo que tres. La idea ahora es que se lleven nuestra leche en barco para empaquetarla en la Península y luego traerla de vuelta para que la compremos en el supermercado. Una solución muy sostenible. Es solo un ejemplo del mundo loco en el que se ha convertido mi isla. La agricultura, el mundo de toda mi familia, está desapareciendo. Después de que el turismo haya colonizado la costa, ahora está devorando la Mallorca profunda. Al final, va a ser más fácil encontrar un mallorquín en un prado en Asturias que una vaca en un paisaje de Mallorca.

Angela Covas Riera. Felanitx (Mallorca)

No es una guerra, es una escuela

Como árbitro de baloncesto, cada fin de semana me enfrento a una realidad que se aleja de los valores del deporte. Mientras los niños entran al campo con muchísimas ganas de divertirse y aprender, desde la grada recibo una lluvia de insultos, gritos intimidantes y órdenes autoritarias, de padres que parecen haber olvidado que esto es un juego. Es necesario recordar que el árbitro no es un enemigo, sino que está ahí para que el partido pueda disputarse y, sobre todo, enseñar a los niños. Sin embargo, esta cultura expulsa del arbitraje a muchas personas válidas y, lo peor, da un ejemplo nefasto a los menores. La grada debería ser un espacio de apoyo, no un tribunal improvisado donde descargar las frustraciones propias mediante la intimidación. Si los adultos no somos capaces de gestionar nuestras emociones, ¿cómo pretendemos exigir deportividad a nuestros hijos?

Maria Formentí Soriano. Barcelona

Impuestos y Estado de bienestar

Entre 1950 y 1980, Occidente vivió la mayor expansión del Estado del bienestar y una notable reducción de la desigualdad. Este avance fue posible gracias a un fuerte aumento de la carga impositiva. Por eso resulta difícil entender que personas que pertenecen a la clase trabajadora (incluida la clase media) apoye bajadas de impuestos cuando son precisamente ellos quienes más dependen de servicios públicos robustos. Sería útil cuantificar cuánto deja de tributar cada estrato económico con una rebaja fiscal. Así veríamos que los principales beneficiados son las rentas altas, mientras que la reducción de ingresos públicos termina deteriorando los servicios que sostienen la igualdad de oportunidades.

Rubén Rodríguez Abalde. Vigo

Especialización prematura

¿En qué momento normalizamos que un adolescente de 15 años deba hipotecar su futuro? El sistema educativo actual nos obliga a elegir una modalidad de Bachillerato a una edad en la que apenas estamos descubriendo quiénes somos. Esta elección, lejos de ser un mero trámite, nos cierra puertas y nos encasilla en sectores laborales de manera casi irreversible. La inmensa mayoría de nosotros no tiene clara su vocación a esta edad. Necesitamos un sistema más flexible que fomente la exploración y el autodescubrimiento.

Alex Mulet Josa. Barcelona

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