El Mobile se sobrepone a la guerra
El congreso tecnológico celebrado en Barcelona ha vuelto a dejar en evidencia la debilidad europea en la carrera por la IA

El Mobile World Congress (MWC) cerró ayer en Barcelona las puertas de una edición marcada por las tensiones geopolíticas: de la incertidumbre por la guerra en Irán a las protestas populares contra la presencia de empresas israelíes por la destrucción de Gaza pasando por la ausencia de compañías rusas debido a las sanciones internacionales que pesan sobre Moscú y sobre sus compañías desde la invasión de Ucrania.
La zozobra global —desbocada el sábado, en vísperas de la inauguración, con los ataques de Estados Unidos e Israel y con la respuesta iraní contra objetivos en toda la región— no impidió, sin embargo, que hasta 105.000 congresistas se reunieran en la capital catalana. La cifra es ligeramente inferior a la del año pasado en buena medida debido a la interrupción de los vuelos en los principales nudos aeroportuarios de Oriente Próximo.
Los debates cruciales sobre el presente y el futuro de la tecnología se abrieron paso entre la parte más estrictamente comercial del congreso. La inestabilidad global y los riesgos de la tecnología en materia de ciberseguridad o inteligencia artificial han marcado las conversaciones, pero también lo hizo el debate sobre la prohibición de las redes sociales a los menores. El propio creador de Internet, Tim Berners-Lee, se mostró partidario de prohibirlas por debajo de los 16 años.
Veinte años de Mobile han servido para muchas cosas, pero sobre todo para que Barcelona acepte sin miedos que el congreso se queda y que ya forma parte del paisaje. Cuando llegó a la ciudad en 2006 se vivía en el universo de los datos simples (3G) —cuando se mudó a la capital catalana, el congreso se llamaba 3GSM World Mobile Congress— y este año ya se han visto los primeros acuerdos para definir el 6G.
El Mobile ha generado más de 173.000 puestos de trabajo en las últimas dos décadas en Barcelona, donde además se estima que ha tenido una repercusión económica acumulada superior a 6.900 millones de euros. Los datos reflejan, además, el crecimiento de la economía digital en Cataluña, cuyo peso ha pasado del 16,4 % al 25,5 % del PIB desde 2006.
El gran reto que vuelve a quedar patente tras el congreso de este año es el de una Europa que mira atónita al imparable avance de la inteligencia artificial sin tener engrasados ni los mecanismos de su gobernanza ni la tecnología necesaria para liderar esa carrera. Congresos como el Mobile deben ayudar a promover una conciencia colectiva para que la Unión Europea no se resigne a perseguir solo la regulación de la IA desarrollada por otros, sino para que se decida a adopat las herramientas necesarias para que su enorme potencia comercial se traduzca de una vez por todas en algo parecido a un liderazgo tecnológico.
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