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Red de redes
Columna

Un 23-F doméstico: reproches, insultos y decepción por España

El rebote de la mujer de Tejero tras el fracaso del golpe de Estado provoca risa, pero sus ideas dan escalofríos

Carmen Díez y Antonio Tejero, en enero de 1989 en una misa oficiada por su hijo en Madrid.DANIEL BLANCO (EFE)

Antonio Tejero, el teniente coronel de la Guardia Civil que intentó dar un golpe de Estado el 23-F, falleció este miércoles, precisamente el día en que todo el país hablaba de él porque el Gobierno desclasificó los documentos relativos a esa jornada de 1981. Entre los papeles del 23-F se leen informes del servicio secreto donde se admite que seis de sus agentes estuvieron implicados, documentos manuscritos intervenidos a militares en los que se asegura que uno de los errores cometidos durante el asalto fue “dejar al Borbón libre” y donde hablan de Juan Carlos I como un “objetivo a batir y anular”, también hay esquemas de la planificación del golpe, fechado en noviembre de 1980, en los que se organizan operaciones civiles, militares o mixtas; y hay relatos y transcripciones de lo que pasó en la sede de RTVE, en el Palacio de la Zarzuela o incluso en la casa de Antonio Tejero, donde estaba su mujer, Carmen Díez Pereira.

Las transcripciones de las llamadas que hizo la esposa de Tejero la noche del intento de golpe de Estado reflejan la desesperación de la mujer por contactar con su marido, que en ese momento se encontraba en el interior del Congreso, y su desamparo y enfado al darse cuenta de que los militares lo habían dejado atrás y el golpe no había salido adelante: “Es que no hay forma humana de que yo pueda hablar con él [por Tejero] por teléfono, ¿no?”, ruega la mujer en una conversación.

En cuanto se desclasificaron los documentos, las redes sociales se llenaron de capturas de pantalla de las conversaciones de la esposa de Tejero con su familia, sus amigas o de sus llamadas al Congreso. En varias de esas comunicaciones, Carmen se refería a su esposo como “tonto” o “desgraciao” y exclama que lo han dejado “tirao como una colilla”. “‘Tonto’, ‘gilipuertas’ o ‘cobarde’ están bien, pero la verdad es que nada como un buen ‘qué desgraciao’ para dejar a alguien a la altura del betún”, escribió en X la periodista Lucía Taboada. Algunos también ironizaron con que el teniente coronel de la Guardia Civil había muerto tras leer lo que decía su mujer aquella noche: “Ha aguantado todo en la vida, pero no que se filtren las conversaciones donde su mujer le llama ‘tonto’ y ‘desgraciao”, escribió @KokoroMiss.

El rebote de la esposa de Tejero, que llegó a tachar de “partida de maricones” a quienes se echaron atrás en el golpe y dejaron “solo” al “tonto desgraciado” de su marido, despertó las carcajadas de muchos en las redes. Ella, como Tejero, deseaba que el golpe de Estado saliera adelante, confiaba en que el asalto del 23-F estuviera respaldado tanto por civiles como por militares —“¿Has visto qué asco de Ejército? [...] Con la cantidad de hombres que hay ahí, por Dios, para salvar a España. España está llena de miedo”, le dijo a una amiga aquella noche— y de ahí viene esa reacción, de la impotencia de no poder revertir la forma de gobierno. “¿Has visto qué España tan mierda? Todos los militares estaban, todas las Capitanías Generales, que se habían adherido en un principio, todos se retractaron [...] Estoy decepcionada de España entera”, confesó a otra. “Este pueblo se merece lo que se le va a venir y nada más”, respondió la mujer.

Lo que vino (más bien continuó) fue la democracia. ¿Cuál habría sido su actitud si el golpe hubiera triunfado? Como publicó una usuaria en Instagram: “Si la mujer de Tejero hubiera participado en el golpe de Estado, todavía hoy estaríamos bajo su dictadura”. Por suerte no fue así.

El golpe se paró y la recién reinstaurada democracia siguió adelante. Imaginar la España que habría salido de aquel golpe a partir de las palabras y los deseos de la esposa de Tejero pone los pelos de punta. Quizá ese documento, hilarante con la distancia de los años, sea uno de los más importantes que se ha desclasificado: en las conversaciones con sus allegados se ve la España que deseaban unos pocos.

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