Competitividad desde el realismo
La propuesta de ‘comprar europeo’ resulta acertada si se limita a sectores estratégicos donde exista una dependencia exterior


La Unión Europea lleva años intentando encontrar una respuesta a su pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China. La invasión rusa de Ucrania, y más recientemente, la política arancelaria de Donald Trump y su exigencia de que el continente se haga cargo de su propia defensa han hecho despertar a los Veintisiete de cierta complacencia histórica sin que todavía hayan encontrado una respuesta clara al desafío. Los líderes de la Unión vienen defendiendo desde la pandemia la necesidad de autonomía estratégica del continente —de la defensa a las cadenas de suministro, de la energía a los componentes tecnológicos— a la que ahora se suma el debate de si la UE puede permitirse seguir siendo un mercado abierto en un mundo cada vez más proteccionista.
La respuesta no es sencilla, aunque algunas respuestas lo parezcan. Los informes Draghi y Letta ya pusieron en evidencia las deficiencias de la agenda económica europea, sin que de momento se haya ido mucho más allá de los aplausos: apenas el 15% de las reformas propuestas se han puesto en marcha año y medio después. Ahora Francia enarbola la bandera de comprar europeo como forma de que Europa defienda sus intereses con la misma determinación que Washington o Pekín. Pero la UE no es EE UU ni China, sino una unión de 27 países con intereses divergentes, capacidades industriales asimétricas y dependencias comerciales heterogéneas. Las economías más pequeñas temen no ser capaces de competir en ese entorno. Si la apuesta por el producto europeo acaba derivando en una defensa del producto nacional herirá de muerte la esencia misma del mercado único.
Se trata por tanto de una herramienta que debe usarse con precisión casi quirúrgica, que exige que la preferencia europea tenga que ser abordada desde el realismo y circunscrita a sectores estratégicos y productos críticos, donde exista dependencia de alto riesgo. De lo contrario, la política de alianzas comerciales, como los acuerdos con Mercosur o la India que la UE viene impulsando en los últimos tiempos, puede caer en saco roto nada más haber sido firmados si los nuevos socios se sienten de entrada excluidos de la política comunitaria de compras públicas.
Por lo pronto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se ha comprometido a presentar en marzo un plan para impulsar el mercado único europeo, reducir regulación tanto a nivel comunitario como de los Estados y avanzar en la integración de los mercados de capitales. Un impulso que viene acompañado de la decisión de crear una Europa a varias velocidades (por equipos, en la jerga comunitaria) para sortear los vetos nacionales a la integración. En el actual contexto, parece evidente que esta es una apuesta imprescindible para la propia supervivencia de la Unión y para avanzar en la aspiración de ser una verdadera potencia global.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































