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COLUMNA

Letizia toma la palabra

Donde otros ven una enmienda al jefe del Estado, yo veo la lucha por tener voz propia y no ser solo la consorte y madre de la heredera que sale pluscuamperfecta en las fotos

La tarde del 11 de marzo de 2004, la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, de 31 años, prometida del príncipe Felipe, acompañó a su novio y a su futura suegra, la reina Sofía, a visitar a los heridos por las bombas de los trenes del mayor atentado terrorista de la historia de España. En las fotos se la puede ver, demudada, muda y cabizbaja, sin saber dónde mirar ni dónde meterse al lado de los más profesionales rostros de su familia política. De lo que ha tronado y llovido dentro y fuera de esa Casa desde entonces –juicios, traiciones, abdicación, ascenso al trono, debacles familiares e institucionales- dan constancia unos cuantos decretos del BOE y miles de crónicas en la hemeroteca. Pero solo ella conoce el camino íntimo que ha transitado la mujer a la que se le echó encima toda la carcunda monárquica patria por pedirle a su pareja que la dejara hablar en el anuncio de su compromiso, hasta convertirse en la Reina que se presentó el lunes ante los heridos en el desastre de los trenes de Adamuz y no solo tomó la palabra tras las del Rey, sino que las bajó a tierra. Ni siquiera tuvo que buscar un abrigo de luto deprisa y corriendo. Venía casi directa de acompañar a su suegra doña Sofía, ahora sí ambas igual de reinas, en el trance de enterrar a su hermana pequeña, algo en lo que ella tiene experiencia. Y ya se sabe que las penas unen más que las alegrías hasta en las mejores familias.

Letizia Ortiz es una mujer a la que se le ve todo, no disimula sus simpatías y antipatías y es capaz de dejar a señores y señoras principalísimos con la palabra en la boca en un cóctel para agarrar al vuelo a alguien con quien le interesa hablar y hacerlo de tú a tú, sin más protocolo ni zarandajas que el respeto y la confianza mutua, sí. Pero en esa toma de la palabra pública está su conquista. Donde otros ven una enmienda a la jefatura del Estado, yo veo una lucha por tener voz propia, por ser Reina y no solo la consorte del Rey, la madre amantísima de su heredera y quedar pluscuamperfecta en las fotos. La monarca que cualquier republicano, como sospecho que es ella, respetaría mientras no se vote otra cosa. Así que, yo que ella, propondría la declaración de Adamuz como pueblo ejemplar, del alcalde al último vecino, y la concesión del ducado homónimo con grandeza de España a Julio, el adolescente que se tiró a las vías a salvar vidas sin pensar en la suya. Ni todas las generaciones de los Alba juntas desde 1472 acreditan la mitad de la mitad de méritos.

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