La izquierda plural vuelve a la carga
El problema es cómo hacerlo, ya que está saturado de siglas, liderazgos poco conocidos y soporta una pesada mochila de desacuerdos y disputas internas


La izquierda a la izquierda del PSOE vuelve a movilizarse para reemprender su proyecto común. Es una vuelta a empezar, pero se comprende que no había más remedio, el divorcio de Podemos con Sumar fue muy lesivo electoral y simbólicamente y las encuestas dibujan su peor situación desde hace años. Todo ello a pesar de que, como vimos en Extremadura, bien liderado y con las ideas claras es un espacio con gran potencial. No tienen más remedio que intentarlo. El problema es cómo hacerlo, ya que está saturado de siglas, liderazgos poco conocidos y soporta una pesada mochila de desacuerdos y disputas internas. Por otro lado, tanto las muestras de fatiga del Gobierno, que les afecta directamente porque comparten coalición con él, como el trasvase de parte de su electorado más joven hacia la extrema derecha, les obliga a enhebrar un discurso propio que no se vea como una repetición mecánica de las mismas consignas.
Su frente es, por tanto, doble. Primero, la parte organizativo-electoral, la creación de dicho espacio unitario; luego, el discurso. Antonio Maíllo, el líder andaluz de IU, quien parece estar moviendo todo el cotarro, piensa, con razón, que el orden de estos dos factores debe invertirse. En primer lugar deberían determinarse sus objetivos políticos, el “programa”, y atraer hacia ellos después a cuantas organizaciones estuvieran interesadas. Pero hay una tercera cuestión que me temo que puede ser la más espinosa, el liderazgo, designar a la persona que vaya de cabeza del cartel de esta confederación de partidos. Yolanda Díaz es la candidata favorita de la parte correspondiente a Movimiento Sumar, el anterior intento por cohesionar a todo este espacio político. A nadie se le escapa, sin embargo, que seguramente sea objeto de veto por parte de Podemos, y sin este grupo todo este impulso quedaría como una pasión inútil, como una vuelta a la fragmentación electoral de esta esfera política.
Desconozco los detalles de cuanto se pueda estar hablando o negociando en su interior, pero dados los precedentes no será fácil ir cerrando los acuerdos. En parte, porque habrán de hacerlo exponiendo su fuerza relativa en cada uno de los procesos electorales que vendrán antes de las generales, y esto es relevante tanto para las negociaciones internas como hacia el electorado en general. Sobre lo que sí me atrevo a opinar con más seguridad es en todo lo relativo al discurso. A mi juicio es la parte más espinosa de cuanto tienen por delante. Siempre y cuando aspiren a algo más que a una incorporación automática de quienes se sienten ya identitariamente próximos a estas formaciones.
Si hay algo difícil en estos momentos es armar un discurso de izquierdas. No porque no sea objetivamente necesario, que lo es, y de forma urgente, sino porque todo ese espacio sigue excesivamente anclado en sus tópicos, cuando el mundo transita hoy por otra dirección. Si se inclina en exceso hacia una retórica seudopanfletaria e hiperpolarizadora ―en la línea de Podemos o Mélenchon, por ejemplo―, competirá con Vox, pero perderá votos hacia el PSOE. Y si lo hace superponiéndose en exceso con este último partido puede acabar fracasando en su esfuerzo por ofrecer una política propia bien diferenciada de su competencia en la izquierda. Lo fácil es decir que sigan el ejemplo de Mamdani, concentrándose en campañas de proximidad y en los problemas de la gente común. Pero, que yo sepa, carecen de un político dotado de tanto carisma y el programa para una alcaldía no es igual al de una campaña nacional. Yo les recomendaría que aprendan de Die Linke, el único partido de izquierdas europeo que de verdad ha sabido reinventarse. Pero este es un partido, no una sopa de letras dispersa por satrapías territoriales.
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