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Red de Redes
Columna
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¿Cuánto cuesta comprarse Groenlandia?

Trump lleva dentro un magnate y seguramente cuando mira un mapa ve algo más parecido a un catálogo inmobiliario

Donald Trump es un visionario, lleva dentro un magnate inmobiliario, no lo puede evitar. En su caso, es casi una cuestión genética porque heredó la condición —de magnate— de su padre, Fred Trump, y eso siempre deja huella. De hecho, cambió el negocio de la promoción inmobiliaria, de la compra y venta de propiedades y terrenos, de la financiación de las obras y la gestión del suelo por el negocio de la política cuando llegó a la Casa Blanca por primera vez, en enero de 2017. Y ahí sigue nueve años después. Seguramente por eso cuando el presidente de Estados Unidos mira el mapa del mundo ve algo distinto de lo que vemos el resto de los mortales, algo más parecido a un catálogo inmobiliario, lleno de oportunidades de inversión. Como cuando se propuso hacer de la Gaza bombardeada y masacrada por Israel un resort turístico de lujo y difundió un dosier con imágenes creadas por inteligencia artificial para recrear la futura Riviera de Oriente Próximo. Hay que ponerle mucho empeño y tener madera de magnate para ver la oportunidad de negocio entre tanto escombro y tanto campamento de refugiado. De ahí que ahora le haya resultado tan fácil poner precio a la última propiedad a la que le ha echado el ojo: Groenlandia.

Trump ya venía semanas advirtiendo a los groenlandeses que quiere quedarse con su isla, lo quieran ellos o no. Por las buenas o por las malas, por la fuerza o con chequera. La propia Casa Blanca se ha lanzado a una campaña en las redes sociales para dejar claro que la actual Administración no contempla otro futuro para la isla que bajo bandera estadounidense. Sitúa, por ejemplo, un trineo tirado por perros a elegir entre dos escenarios, uno soleado bajo el amparo de la Casa Blanca o en medio de una tormenta bajo la égida del Kremlin y la bandera china. Hasta crea sus propios memes con Trump mirando el mapa de una Groenlandia nevada desde la cristalera del Despacho Oval. No cabe duda de que la comunicación de esta Casa Blanca juega en otra liga.

El caso es insistir. No importa que Dinamarca o que el Gobierno de Nuuk hayan rechazado la ofensiva estadounidense de todas las formas posibles. El estadounidense no se arredra ante un no y debe compartir la máxima de un fallecido banquero español que aseguraba que el secreto del negocio está en saber que todo tiene un precio. Trump se ha puesto a hacer números y ya tiene una cifra encima de la mesa: 700.000 millones de dólares por la isla, según fuentes cercanas a la negociación citadas por la cadena NBC News.

Hay quien mira la cifra con escándalo y quien se pone a hacer sus propias cuentas. Con los activos que gestiona, Blackrock tiene para comprarse 20 Groenlandias, por ejemplo. Solo al pago de intereses de la deuda, EE UU destinó en 2025 1,2 billones de dólares. Es decir, estamos hablando de cifras manejables para según quién. La cuantía supera con creces los cálculos de los últimos días en las redes. Los más generosos proponían dar a cada groenlandés un millón de dólares (frente a los 10.000 dólares de los más agarrados) y 100 años de exención fiscal a cambio de una isla con una extensión de poco más de dos millones de kilómetros de metros cuadrados. Total, entre 570 y 57.000 millones de dólares de coste. Una auténtica ganga inmobiliaria, a la vista de cómo están los precios de la vivienda por aquí.

Bien es cierto que Trump enlaza así con una tradición histórica, porque Estados Unidos se ha hecho con el 40% de su territorio a golpe de talonario, de Alaska a la Luisiana, de Florida a la isla de Manhattan. Ahora con la reapertura de las rutas del Ártico, Trump ha visto la oportunidad de crear un nuevo Mar-a-Lago, pero esta vez con osos polares en lugar de flamencos. ¿Quién se puede resistir? ¿Cómo pensar que alguien pueda ofenderse si la jugada ha salido bien tantas veces?

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Sobre la firma

Alicia González
Editorialista de EL PAÍS. Especialista en relaciones internacionales, geopolítica y economía, ha cubierto reuniones del FMI, de la OMC o el Foro de Davos. Ha trabajado en Gaceta de los Negocios, en comunicación del Ministerio de Economía (donde participó en la introducción del euro), Cinco Días, CNN+ y Cuatro.
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