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Ataque de Estados Unidos a Venezuela
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Trump y Venezuela: el retorno del imperio

El regreso de una de las formas más agresivas del imperialismo estadounidense amenaza con empeorar el panorama para América Latina

Durante los años noventa y la primera parte del nuevo milenio nos habíamos desacostumbrado a ver la cara más feroz del intervencionismo estadounidense en América Latina. Tanto es así que conceptos como imperialismo habían sido embalados y guardados, sustituidos por términos menos cargados ideológicamente —interferencia, hegemonía, presiones diplomáticas— para describir la política de la superpotencia en el hemisferio occidental. Lo ocurrido la noche del viernes indica que ha llegado la hora de desempolvar el concepto de imperialismo para definir el eje de la política exterior estadounidense hacia América Latina en la era Trump. Si por imperialismo entendemos el uso irrestricto de la superioridad militar de un país para imponer su voluntad sobre otro a despecho del derecho internacional, el bombardeo de Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores, por fuerzas estadounidenses representa un claro retorno de la administración Trump a una política descaradamente imperial. La intervención estadounidense ha de hecho acontecido en abierta violación de cualquier principio de derecho internacional y de la soberanía de una nación independiente. Se trata, además, de la primera ocasión en que Washington interviene militarmente, una práctica usualmente reservada a la región del Caribe y de América Central, y no por medio de una operación encubierta en una nación de América del Sur.

La política exterior de Washington hacia la región ha oscilado sistemáticamente entre fases de aprovechamiento agresivo de la asimetría de poder que marca las relaciones interamericanas y momentos más conciliatorios. En el siglo XIX, Estados Unidos operó con amplia libertad en el Caribe y Centroamérica. La culminación de esa agresividad fue la guerra contra España, que produjo la anexión de Puerto Rico, la ocupación de Filipinas y el establecimiento de un protectorado sobre Cuba amparado en la Enmienda Platt, vigente legalmente hasta 1933. Los años treinta y cuarenta supusieron, en cambio, un momento de contención: durante el largo mandato de Franklin D. Roosevelt, Washington sustituyó su cara más dura por la Política del Buen Vecino, un intento de conciliar los intereses políticos y económicos de EE. UU. con el respeto a la soberanía latinoamericana.

Con el inicio de la Guerra Fría en 1947, el péndulo volvió al otro extremo: se encadenaron operaciones encubiertas de la CIA e intervenciones directas. Inauguradas por el golpe en Guatemala (1954) contra el gobierno democrático de Jacobo Árbenz, las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial vieron una escalada: Cuba (1961), República Dominicana (1965), Chile (1973), Centroamérica en los años ochenta, Grenada (1983), Panamá (1989), entre otras. Administraciones demócratas y republicanas intervinieron mediante la fuerza u operaciones encubiertas para eliminar líderes o derrocar regímenes considerados incompatibles con sus intereses y empoderar a los juzgados indispensables para salvaguardarlos. Las principales víctimas fueron la soberanía de los países afectados, la legalidad internacional y, sobre todo, los intereses de sus poblaciones.

Los años noventa nos habían, pues, desacostumbrado a la faz más agresiva del imperialismo estadounidense. En un clima de “fin de la historia”, las relaciones interamericanas giraron en torno a debates tecnocráticos sobre los problemas y virtudes del libre comercio. Aunque persistían resabios de la Guerra Fría —encarnados, por ejemplo, en el aislamiento del régimen cubano por parte de Washington—, las violaciones impunes de la soberanía fueron sustituidas por prácticas menos intrusivas o, al menos, amparadas en una retórica de legalidad internacional.

Hoy, con Trump, la historia regresa y con ella las categorías —como imperialismo— que el siglo XX nos legó para analizarla y encararla críticamente.

Ahora bien, el retorno del imperialismo estadounidense bajo Trump presenta novedades respecto del pasado y abre un sinfín de incógnitas para el futuro de la región. En primer lugar, la operación militar constituye la primera ocasión en que Washington emplea su fuerza de manera unilateral y abierta al sur de Panamá. En ese sentido, Trump agrava el ya deplorable historial de intervenciones de EE. UU. en América Latina, ampliando su alcance geográfico. Para un presidente empecinado en ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz, no es un logro menor.

Queda por ver cómo reaccionará la región ante el retorno en toda regla del imperialismo estadounidense. Es probable que la intervención profundice las divisiones regionales —alimentadas por fracturas ideológicas— que han mermado sistemáticamente la capacidad de los países latinoamericanos para jugar un papel internacional de peso. Como era previsible, los líderes de extrema derecha de Argentina y Chile respaldan la iniciativa de Washington, mientras que Brasil, Uruguay y Colombia la condenen con fuerza; México, por su parte, queda en la aún más difícil posición de reprobarla sin provocar la ira de su imprevisible vecino. También es plausible que la operación acelere la creciente presencia china en la región, impulsando a países como Brasil o Colombia a reducir aún más su dependencia económica y militar de Washington. Falta saber si esa diversificación podrá materializarse sin topar con la oposición de la administración Trump, que ya en más de una ocasión se ha referido en términos muy negativos a este fenómeno. Sin embargo, el elemento más preocupante de cara al futuro es la forma en que el retorno del intervencionismo estadounidense volverá a ser, como durante la Guerra Fría, un factor de desestabilización interna de los sistemas políticos latinoamericanos.

Si una región lastrada por décadas de crecimiento mediocre, desigualdad y crisis migratorias no ofrecía ya un panorama halagüeño, el regreso de una de las formas más agresivas del imperialismo estadounidense amenaza con empeorarlo.


Vanni Pettinà, es profesor de Historia Americana en la Universidad Ca’ Foscari de Venezia.

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