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El independentismo escocés promete un nuevo referéndum en 2028

El líder del SNP asegura que impondrá límites al precio de los alimentos básicos si logra la mayoría en las elecciones autonómicas del próximo 7 de mayo

El líder del SNP, John Swinney, este jueves en Glasgow durante la presentación del manifiesto electoral del partido.ROBERT PERRY (EFE)

A veces, el orden de los factores sí altera el producto. El líder del Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés), John Swinney, ha vuelto a prometer un referéndum de independencia para 2028 si su partido revalida la mayoría en las próximas elecciones autonómicas del 7 de mayo. Pero en el sistema electoral utilizado para esos comicios, de proporcionalidad corregida, los electores depositan dos papeletas: la primera, por el candidato que quieren para su circunscripción. La segunda, por su partido favorito.

Y Swinney ha dejado claras las prioridades: “Vuestro primer voto por el SNP supondrá un Gobierno del SNP, con una mejor sanidad, centros de salud más cercanos, ayudas para afrontar el coste de la vida, ayuda para la compra de primera vivienda, una economía que crezca y una inmensa ayuda para guarderías. Vuestro segundo voto nos permitirá asegurar una mayoría que haga posible un referéndum de independencia”, aseguró el líder independentista durante el lanzamiento de su campaña, celebrado en Glasgow. Swinney ya había dejado caer la propuesta este domingo en un debate televisado de la BBC, pero este jueves lo ha hecho oficial ante su electorado.

El SNP se quedó a un escaño de la mayoría absoluta (65 diputados) en las elecciones autonómicas de 2021. Lideraba entonces el partido de Nicola Sturgeon, carismática y popular. Dos años después, dimitió en medio de un escándalo de corrupción en las finanzas del partido. Dejó detrás de sí un Gobierno de coalición con los Verdes que había sugerido una vía unilateral y forzada para llevar a cabo un nuevo referéndum de independencia, después de que el Tribunal Supremo del Reino Unido rechazara la posibilidad de que el Parlamento Autonómico de Holyrood convocara por su cuenta la consulta, sin contar con Londres.

A Sturgeon la sustituyó Humza Yousaf, el primer musulmán, de origen paquistaní, al frente del Ejecutivo escocés. Su incapacidad para sostener la coalición, que dejó en minoría al SNP, lo llevó a dimitir. Swinney, su sucesor, es un político histórico, pero gris, al que se encomendaron las riendas de una formación en crisis y que veía amenazada una hegemonía de dos décadas. En las elecciones generales de julio del 2024, que llevaron a Downing Street al actual primer ministro británico, Keir Starmer, el Partido Laborista volvió a arrasar en Escocia, como había ocurrido siempre históricamente, y propinó un serio varapalo al independentismo del SNP.

Desde entonces, sin embargo, la popularidad de Starmer se ha hundido, y los sondeos auguran una nueva victoria en Escocia de los independentistas.

Amenaza de la ultraderecha

Esa victoria, sin embargo, no garantiza la mayoría absoluta. De hecho, las encuestas sugieren que el SNP sufrirá un ligero retroceso. En parte por su desgaste en el Gobierno autonómico, y en parte porque también en Escocia ha ganado popularidad la ultraderecha populista de Reform UK, el partido de Nigel Farage, al que las encuestas llegan a situar en segunda posición, con un 14% de los votos, por delante de los laboristas, verdes o conservadores.

Por eso, el SNP no abandona la promesa de la independencia, que no deja de ser el núcleo ideológico de la mayoría de sus seguidores, pero Swinney ha decidido centrarse mucho más (literalmente, según sus propias palabras) en el precio del pan, la leche, el queso, los huevos, el arroz o el pollo. El manifiesto electoral de la formación promete la imposición de un límite en los precios de los alimentos básicos, aunque eso suponga un choque con el Gobierno central.

“Si somos reelegidos, usaremos nuestros poderes y competencias en materia de salud pública para establecer un precio máximo de los alimentos esenciales”, ha prometido el líder del partido.

La reorientación de las prioridades y urgencias del SNP tiene todo el sentido del mundo. La última encuesta del exdiputado conservador y experto en demoscopia, Michael Ashcroft, fundador de la empresa Lord Ashcroft Polls, que trabaja con datos muy rigurosos, señala que las prioridades más urgentes para los escoceses, en este orden, son la sanidad, el coste de la vida, la economía y el empleo, la inmigración, la pobreza y la desigualdad, la vivienda y la educación. La independencia ocupa un lugar marginal. Incluso entre los votantes del SNP, la aspiración a separarse del Reino Unido ocupa el cuarto lugar entre sus deseos. Entre los votantes de los Verdes, el octavo lugar.

El manifiesto del SNP deja claro que, con el precedente de 2011 (el permiso del Gobierno de David Cameron y el Parlamento británico para que se celebrara un referéndum de independencia), una mayoría en las elecciones del 7 de mayo sería mandato suficiente para poner en marcha un nuevo referéndum. Pero la sugerencia de que cualquier nuevo intento tardaría al menos dos años en llevarse a cabo deja claro que la prioridad del partido —y de Swinney— es hoy la reconciliación con un electorado cansado de la hegemonía nacionalista. Dispuesto a darle una nueva oportunidad, sí, pero con pocas ganas de otra nueva aventura independentista.

En 2014, después de una intensa campaña que polarizó al país y activó como nunca a independentistas y unionistas, el no a la secesión ganó con un 55,3%, frente al 44,7% del sí. Ahora, 12 años después, el líder del SNP prefiere ganar tiempo y dar una patada hacia delante a la pelota.

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