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El Polisario se aleja de la lucha armada en el Sáhara y ofrece a Rabat ser un socio de paz

Los refugiados saharauis en los campamentos argelinos no cejan en reclamar un Estado, pero la causa pierde apoyos en la escena internacional después de tres rondas negociadoras y con el plan de autonomía marroquí abriéndose paso

El líder del Frente Polisario, Brahim Gali, saluda durante un desfile militar en el campo de refugiados Auserd, en el oeste de Argelia, el 8 de abril.Luis de Vega

El aura de esperanza y resistencia que envuelve a los aproximadamente 175.000 saharauis refugiados en los campamentos de Tinduf (oeste de Argelia) se mantiene pese a la espiral de crecientes adversidades que sufren. En medio de un conflicto que lleva cinco décadas casi bloqueado, las autoridades del Frente Polisario abrazan ahora más que antaño la posibilidad de una autonomía bajo la autoridad de Rabat, mientras se alejan en su discurso de la lucha armada y le ofrecen una vecindad basada en la cooperación y la paz.

Uno de los objetivos de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) es estrechar las relaciones con sus vecinos, incluido “el Reino de Marruecos”, para el que “el pueblo saharaui no será fuente de amenaza, sino socio dispuesto a la paz y la cooperación”. Así lo afirmó el presidente Brahim Gali al presidir un desfile militar en el campamento de Auserd el pasado miércoles, durante las celebraciones del 50 aniversario de esta entidad que no es miembro de la ONU, pero sí de la Unión Africana.

Los apoyos a la causa saharaui se han ido esfumando y las tres rondas negociadoras desarrolladas en las últimas semanas —dos en Washington y una en Madrid— tienen como principal timonel, junto a la ONU, a Estados Unidos, un país cuya Administración está abiertamente alineada con Rabat y su plan de autonomía, que cierra la puerta a la independencia prevista en el proceso de descolonización.

Los líderes del Polisario, brazo político y militar que lidera el movimiento saharaui sin oposición, comentan ahora en público la posibilidad de una autonomía como posible solución con más facilidad que años atrás. Al mismo tiempo, ya no esgrimen el enfrentamiento armado como camino para abordar el conflicto después de que en 2020 hubiera un recrudecimiento de los combates con el ejército marroquí. En todo caso, se siguen aferrando a un proceso de autodeterminación que prevea varias posibilidades, incluida la existencia de un Estado independiente donde no ondee la bandera marroquí.

“La autonomía como una opción presentada al pueblo saharaui la podemos discutir y la podemos aceptar, pero nunca aceptaremos la autonomía como una solución dictada, única y obligatoria, porque representa una confiscación al derecho inalienable del pueblo saharaui de elegir libremente su futuro”, confirma el ministro de Exteriores del Polisario y jefe de la delegación negociadora saharaui, Mohamed Yeslem Beissat.

“No podemos hacer de la independencia la única opción”, reitera en declaraciones a varios reporteros españoles presentes en Auserd, adonde EL PAÍS viaja invitado por el Polisario. Pese a todo, Beissat agradece el papel estadounidense porque “es de las pocas potencias que pueden obligar a Marruecos a negociar”.

“No hay solución fuera de las negociaciones y del diálogo basado en la legalidad”, agrega en unas palabras con las que deja atrás la solución por medio de las armas que, en sus tiempos, lideró junto a sus compañeros el hoy presidente Gali. Las partes, comentó el ministro, mantienen los contactos a la espera de una posible cuarta ronda negociadora, aunque, por el momento, no ven “buena fe” por parte de Marruecos.

Beissat aprovechó la ocasión para lanzar un rapapolvo al Gobierno que lidera Pedro Sánchez: “Tarde o temprano, La Moncloa llegará a la conclusión de que ignorar al pueblo saharaui es un error garrafal”. Añadió que sus relaciones son buenas con los diferentes actores políticos españoles “excepto con algún clan que representa a algunos en el gobierno”, señaló sin dar nombres. También Gali, de terno de camuflaje, lanzó reproches a Madrid durante el desfile militar tras las 50 salvas de honor. El presidente recordó a España “su responsabilidad jurídica, que no prescribe en la finalización de proceso de descolonización”.

Liberarse del yugo marroquí

El sentir general de la población en las polvorientas calles de los campamentos es el de no ceder y seguir resistiendo. Pasan los años, mejoran las comunicaciones, hay más comercios y negocios y las casas se construyen mejor, pero el objetivo primordial es el regreso a un Sáhara libre del yugo marroquí. Así lo pone de manifiesto Abdelahi Ahmed Salek, nacido en La Güera (sur del territorio) en 1975, el año de la conocida como Marcha Verde con la que el rey Hasán II ordenó el asalto popular sobre la colonia española. Estudió Optometría en la Cuba de Fidel Castro antes de regresar a Auserd y formar una familia.

Abdelahi es un cubarahui, como se les conoce popularmente, al igual que Hamudi Mojtar, de 51 años, uno de los responsables del proyecto Ojos del Sahara que se desarrolla desde el Centro de Oftalmología Bachir Saleh de la localidad de Rabuni, donde el Polisario tiene su centro administrativo. “No tenemos nada que perder”, afirma para enfatizar el ardor con el que defienden su postura en medio de la hamada, el pedregal que les acoge.

Otra de las trabajadoras de ese centro, Zeinabu Dah, de 30 años, entrecruza el deseo de independencia de su pueblo con el anhelo de mejoras más a corto plazo, como poder seguir desempeñando su empleo una vez contraiga matrimonio, algo que reconoce no es sencillo en los campamentos. “Hay que traer más saharauis al mundo”, señala con una amplia sonrisa. Pese a que trabaja en un proyecto financiado por el Gobierno de España, asegura que este le ha denegado varias veces el visado, llegando a alegar que no reunía la documentación necesaria o que no se fiaban de ella a la hora de regresar a los campamentos tras el viaje.

Ir a Madrid es algo en lo que no piensa Sidahmed Mohamed, nacido en 1945 en Guelta Zemur (este del Sáhara Occidental) y extrabajador en la empresa española Cubiertas y Tejados. Este responsable de un colmado en Auserd, al que le baila en su maltrecha dentadura uno de los dientes de arriba al hablar, cree que “la independencia está en manos de dios”, desconfía del plan de autonomía y no regresaría nunca bajo bandera marroquí. En el local contiguo despacha mientras escucha la oración a través de la radio Mohamed Fadel, antiguo ganadero nacido bajo bandera española en 1946 que insiste en apurar su regreso a la tierra arrebatada.

El de la última colonia africana se trata de un conflicto ampliamente olvidado que apenas ha sufrido avances desde que la potencia española se retiró definitivamente en febrero de 1976 de un territorio que, desde entonces, ocupa Marruecos. Apenas un puñado de delegaciones extranjeras de perfil bajo –entre ellos algunos políticos y activistas españoles– han acudido a los fastos organizados en el campamento de Auserd.

El enfado del Polisario con las autoridades de Madrid –no con los españoles, recalcan– se explica porque, en esencia, todos los gobiernos democráticos españoles se han alineado sin importar su color entre bambalinas con Rabat pese a que, de manera oficial, defendían una solución acordada entre las partes bajo el paraguas de la ONU. El gran aldabonazo lo propició el presidente Pedro Sánchez cuando, en 2022, defendió públicamente y mediante una carta al rey Mohamed VI el plan de autonomía marroquí. Las autoridades españolas, oficialmente potencia responsable de un territorio todavía sin descolonizar, como insiste Brahim Gali —que no quiso responder a preguntas de los reporteros en Auserd—, se alejaban más aún del Frente Polisario y del pueblo saharaui.

En los últimos años, el goteo de adhesiones a favor del Reino alauí, como las de Estados Unidos, Francia, la Unión Europea o el Consejo de Seguridad de la ONU, no ha dejado de atascar más aún a los saharauis en su deseo de que se cumpla el proceso de autodeterminación. Este incluye desde 1991 un referéndum con ese objetivo, considerado ya casi una utopía por la comunidad internacional.

Abdalah Mahfud, nacido en 1950 en la española Villa Cisneros, mantiene en su memoria un sinfín de recuerdos plagados de fechas, datos y lugares. “Los militares españoles a veces nos marginaban a los saharauis y a los canarios”, señala sin rencor este exfuncionario de la administración española en la colonia. “El Derecho Internacional ya no existe porque ha sido usurpado, sobre todo por Estados Unidos”, lamenta este hombre adicto a la información mientras prepara el té con el ancestral ritual de los habitantes del desierto. Desconfía de las negociaciones, de la autonomía marroquí, que considera una “jugada para que Rabat absorba a todos los saharauis con ayuda de EE UU”. Él no oculta que ya le pilla algo mayor el anhelo de regresar al Sáhara, pero su sueño es que, al menos, sí lo consigan sus nietos. Ajenos al conflicto, un grupo de niños corretean y dan patadas a un balón con los pies descalzos sin que las piedras frenen su ímpetu.

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