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La Hungría de Péter Magyar: europeísmo, Estado de derecho y respeto a voces críticas y a la comunidad LGTBI

El líder de Tisza inicia el desmantelamiento del sistema iliberal con el que el Orbán había blindado su poder durante 16 años. “Queremos un país que no sea vasallo de nadie”, dice el vencedor en las urnas

El candidato vencedor en las elecciones húngaras, Péter Magyar, comparecía este lunes ante los medios en Budapest.Denes Erdos (AP)

El líder de Tisza, Péter Magyar, logró una gesta improbable en Hungría este domingo. Con el apoyo fervoroso de una mayoría social diversa ideológicamente unida con un solo objetivo, venció al primer ministro ultraconservador Viktor Orbán con sus propias armas. Magyar sumó el 53% de los votos, que traducidos a escaños con el sistema desproporcinal ingeniado por Orbán, suponen 138 frente a los 55 de Fidesz. Con esa supermayoría, Tisza puede emprender las reformas constitucionales necesarias para deshacer el sistema iliberal con el que el Orbán había blindado su poder durante 16 años.

El discurso de Magyar tras conocer su victoria fue revelador. En los dos últimos años, desde que dejó Fidesz, el partido de Orbán, y se propuso derrocarle, había evitado pronunciarse sobre temas como los derechos LGTBI o las leyes de Orbán para aplastar las voces críticas y la sociedad civil. Sabía que la maquinaria propagandística del Gobierno aprovecharía todo argumento para presentarle como un títere de la Europa liberal. Con más de 3,1 millones de votos registrados y una victoria de dos tercios garantizada, el líder de Tisza, que no es precisamente progresista, abrió con sus primeras palabras las puertas de una nueva Hungría europea, diversa y democrática. Dios, la patria y las familias también estuvieron muy presentes en su noche electoral.

“Queremos un país que no sea vasallo de nadie”, dijo, en un mensaje que se debió escuchar en Washington y Pekín, pero sobre todo en Moscú. Durante horas hasta bien entrada la madrugada una multitud en éxtasis celebró en Budapest lo que para ellos, más que un traspaso de Gobierno, es un cambio de régimen. “¡Russki (rusos), marchaos!”, se oía aquí y allá en las calles abarrotadas de la capital.

“Un país en el que la gente pueda confiar en su Gobierno”, siguió Magyar, para los millones de húngaros que habían perdido la fe en las instituciones. “Un país en el que no se castigue a nadie por pensar distinto que la mayoría, por amar a alguien de forma diferente que la mayoría”. Por fin se dirigía al colectivo LGTBI y a las ONG hostigadas por Orbán. La explanada del muelle Angelo Rotta, con el Parlamento como testigo de la escena al otro lado del Danubio, estalló entonces en un arrebato de euforia.

Magyar ha sido una incógnita para buena parte del electorado, que le ha votado no con la esperanza de verse representados, sino como la mejor herramienta a su alcance para destronar a Orbán. Con la campaña cerrada, el abogado conservador que tiene detrás una amalgama de militantes y votantes que van desde la derecha a la izquierda, pasando por los liberales, esbozó algunas de sus prioridades.

“Los húngaros han dicho sí a Europa”, afirmó. Frente a años de ataques y confrontación con Bruselas, de vetos y bloqueos, Hungría quiere volver a ser un socio constructivo en el Consejo Europeo. Magyar ha logrado la mayoría necesaria para emprender reformas legislativas que le permitan acceder a los 18.000 millones de euros de fondos europeos congelados por las vulneraciones de Orbán al Estado de derecho.

“Hungría volverá a ser un aliado sólido en la UE y en la OTAN”, afirmó el hasta ahora líder de la oposición. Su primer viaje será a Polonia, para restaurar la relación con un socio estratégico y reanimar el grupo de Visegrado, que suma también a Eslovaquia y Chequia. Después irá a Viena y en tercer lugar a Bruselas, a recuperar el dinero.

El abogado anució ayer también que Budapest se unirá a la oficina de la Fiscalía europea, que investigará los abusos cometidos en 16 años de gobierno iliberal. Y que luchará contra la corrupción sistémica del círculo de Orbán, que pagará por sus delitos. Lo primero será crear una Oficina de recuperación de activos, anunció.

Al primer ministro le urgió a no tomar decisiones que aten las manos de Tisza en el margen de 30 días que tiene para el traspaso de poder y la formación del nuevo Parlamento. Magyar pidió a los “títeres del régimen” que se retiren de la vida pública. Al presidente, Tamás Sulyok, le conminó a encargarle formar Gobierno y después marcharse “con la dignidad que le quede”.

Prometió devolver la dignidad a los ciudadanos, acabar con el nepotismo, invertir en educación y sanidad. “Necesitamos un país en el que la policía y los servicios secretos sirvan a los húngaros, en el que el Estado cuide de los más vulnerables y proteja a todos los húngaros”, continuó.

Magyar, que previsiblemente continuará con la línea dura antimigración de Orbán, pero deberá resolver la multa diaria de un millón de euros por vulnerar el derecho al asilo, pidió a los húngaros en el extranjero volver al país. El país tiene por delante una tarea ingente, dijo, y todos los ciudadanos son necesarios.

“El Gobierno de Tisza representará a todo el mundo. El Gobierno no debe dividir. Es un pecado dividir a la nación”, afirmó veteando su discurso de elementos patrioticos y religiosos. Magyar habló de curar las heridas, de reconciliación, y se dirigió específicamente a las zonas rurales, bastiones de Fidesz, para asegurarles que también gobernará para ellos.

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