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El ultranacionalista Jansa, favorito para volver a gobernar Eslovenia al frente de una coalición conservadora

El partido del periodista admirador de Trump logra un empate técnico con los liberales del actual primer ministro Golob

El presidente del Partido Democrático Esloveno (SDS), Janez Jansa, tras el cierre de las urnas el día de las elecciones parlamentarias este domingo en Liubliana.Borut Zivulovic (REUTERS)

El Movimiento Libertad (GS) del primer ministro Robert Golob ha vencido este domingo en las elecciones parlamentarias de Eslovenia con 29 escaños y el 28,5% de los votos. Sin embargo, el Partido Democrático de Eslovenia (SDS) del ultranacionalista Janez Jansa puede intentar formar Gobierno sumando sus 29 escaños, los nueve de la coalición derechista liderada por Nueva Eslovenia y los seis de Democracia, la escisión de centroderecha del SDS liderada por Anze Logar, el exdelfín de Jansa. Juntos suman 44 asientos de 90, por lo que necesitarían un apoyo activo o pasivo de la sorpresa de la noche: Verdad, un movimiento populista y antivacunas que entra en el Parlamento con cinco diputados. Dentro de la actual coalición, el socialdemócrata SD pierde un representante y se queda con seis, mientras que el izquierdista Levica repite los cinco de hace cuatro años.

Jansa (67 años), activista y periodista en la Yugoslavia tardía, es la mayor figura política en los 35 años de Estado esloveno. Ha sido primer ministro en tres ocasiones: de 2004 a 2008, de 2012 a 2013 y de 2020 a 2022. Este último mandato se caracterizó por sus constantes ataques a la independencia judicial y de los medios de comunicación. Su vuelta al poder merma al centroizquierda en Bruselas y añade un nuevo aliado al mandatario húngaro Viktor Orbán en el Consejo Europeo.

El veterano político, eso sí, no es para nada un aliado de Vladímir Putin en Europa, al contrario que Hungría y Eslovaquia. Jansa, primer ministro cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, siempre ha mostrado un apoyo férreo a Volodimir Zelenski, además de ser un profundo admirador del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Estas elecciones se perfilaron como un dilema sobre seguir con el actual Gobierno liberal y proeuropeísta de Golob o devolver al poder el discurso populista y ultranacionalista de Jansa.

La coalición de centroizquierda se ha caracterizado por ambiciosas reformas internas en el sistema sanitario, las pensiones y el sector público. Sin embargo, ha sido en política exterior donde se han sentido más cómodos. Eslovenia ha sido uno de los países más activos a la hora de condenar la muerte de más de 72.000 personas en Gaza por los ataques de Israel; en 2024, reconoció el Estado palestino y cortó el comercio de armas con el Gobierno de Benjamín Netanyahu.

A nivel europeo, el primer ministro Golob ha ido de la mano del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, como la resistencia progresista en una era virtuosa para la derecha y ultraderecha. Un regreso de Janša al poder mermaría seriamente al centroizquierda en Bruselas. Eslovenia también ha sido parte del Consejo de Seguridad de la ONU en el periodo 2024-2025.

Sin embargo, al Gobierno le ha mermado la sensación de inestabilidad después de que hasta diez ministros hayan dimitido en los últimos cuatro años. También han hecho daño los fracasos en los referendos sobre pensiones culturales y la Ley de eutanasia, así como la polémica por la aprobación de la Ley Sutar, descrita por organizaciones civiles como discriminatoria para la minoría romaní.

Los comicios han tenido lugar tras una campaña descrita por varios partidos como “la más agresiva en la historia del país”. Más allá del escándalo por la posible interferencia israelí y sus filtraciones de hipotética corrupción y tráfico de influencias en el Gobierno de Golob, las fuerzas de centro e izquierda han sido víctimas de ataques. El más explícito fue la colocación de una paloma (golob en esloveno) muerta junto a un cartel del primer ministro y su partido Svoboda. Anteriormente, alguien también había dejado un perro ahorcado en otro anuncio de los liberales.

Las redes sociales han sido otro campo hostil. El candidato socialdemócrata Luka Rotar, de 24 años, ha llevado a cabo una campaña en TikTok que ha logrado mejores números que los perfiles oficiales de los principales partidos y candidatos, a pesar de crear su cuenta en febrero. Algunos de sus vídeos han sido objeto de burlas y acoso por parte de las juventudes del SDS de Jansa.

Desde la derecha se ha insistido en la defensa de la identidad e idioma esloveno, en línea con el discurso ultranacionalista de Jansa. El país se ha llenado de carteles pidiendo el voto para el SDS “para que nuestros nietos sigan cantando canciones eslovenas”. Por parte del GS, se ha buscado transmitir “estabilidad y prosperidad”, las dos palabras con las que describieron para EL PAÍS su campaña.

La participación ha sido del 67,27%, ligeramente inferior a hace cuatro años. En los últimos días, desde la izquierda se insistió a la población para que acudiera a las urnas, algo que históricamente les ha ayudado. El analista político esloveno Srdjan Veljancic explica que la polarización de los últimos años favorece una alta participación: “Un patrón similar se ha visto en Estados Unidos desde el 2016. Aquí ya se reflejó en las elecciones europeas del 2024, en las que se vio el aumento de la politización de la sociedad”. También influyen factores banales como la meteorología: “El cielo nublado de hoy ayuda, ya que la gente no se queda en casa porque llueve ni salen de la ciudad disfrutando del sol”.

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