Cem Özdemir, el hijo de inmigrantes que gobernará la Alemania más próspera
El veterano ecologista, un pragmático que atrae el voto moderado, será en Baden-Würtemberg el primer presidente de un ‘land’ descendiente de turcos


Baden-Würtemberg tiene algo de isla en una Europa azotada por los vientos del radicalismo y la extrema derecha. En las elecciones regionales del pasado 8 de marzo, este Estado federado con 11 millones de habitantes en el suroeste de Alemania dio la victoria a Cem Özdemir. Hijo de inmigrantes turcos, Özdemir es el rostro pragmático de Los Verdes, partido asambleario nacido hace casi cinco décadas y establecido desde hace años como un partido de Gobierno que pacta sin problemas con los conservadores.
Tras una campaña en la que remontó una desventaja amplia en los sondeos, el vencedor negocia una coalición con la Unión Democristiana (CDU), que quedó a medio punto de Los Verdes. Juntos, ambos suman en torno a un 60% de votos, una cómoda hegemonía centrista en tiempos de polarización. Si ambos partidos llegan a un acuerdo, Özdemir será el primer hijo de la inmigración turca en convertirse en ministro-presidente, primer ministro de un land alemán.
La victoria de Özdemir (Bad Urach, 60 años) es un símbolo poderoso. Lo es en un país donde los tres millones de ciudadanos turcos y alemanes de origen turco conforman el primer grupo procedente de la inmigración. Y en un momento en el que prosperan, en Alemania y en toda Europa, los discursos contra los inmigrantes.
“Para la generación de sus padres, y para la suya, es algo extraordinario”, explica desde Stuttgart, capital del land, Johanna Henkel-Waidhofer, coautora de Brücken bauen (Construir puentes), la biografía del político alemán. La historia de su familia es la de los Gastarbeiter, literalmente los trabajadores invitados que llegaron para trabajar temporalmente en las fábricas del milagro económico y acabaron instalándose en Alemania, teniendo hijos y nietos, mientras muchos se resistían a aceptar que esta era una tierra de inmigración. El padre de Cem Özdemir trabajaba en la fábrica; la madre tenía una sastrería.
“La CDU, en Baden-Würtemberg, cometió un error de apreciación”, argumenta en Berlín el politólogo Wolfgang Schroeder. “Siempre dijeron: ‘El turco nunca será primer ministro aquí”. Se equivocaron, auque el futuro presidente del principal land exportador, sede de Mercedes, Porsche o Bosch, tampoco se definió nunca así, sino como “un suabo anatolio”, en alusión a la tierra de sus antepasados, Anatolia, y a la región alemana de Suabia, donde nació y creció.
“Se han cometido muchos errores en la política migratoria, pero hay algo bueno, y es que con el tiempo hay una mayor disposición a reconocer que estamos en camino de ser país de inmigración”, dice Schroeder, de la Universidad de Kassel. “Alguien como Özdemir”, continúa, “es un working class hero [héroe de la clase trabajadora], porque muestra a las personas que llegan aquí que, si se esfuerzan y entienden la cultura, pueden hacer una carrera y contribuir a que este país avance”.
Centrismo verde
Özdemir, que ha sido en el pasado diputado federal, eurodiputado y ministro de Agricultura, es mucho más que el primer hijo de Gastarbeiter en presidir un land. Es, además, el más destacado hoy de los realos. Es decir, el sector realista de Los Verdes, o centrista, y que durante décadas se enfrentó en épicas batallas ideológicas a los fundis, los fundamentalistas, más izquierdistas y puramente medioambientalistas y pacifistas.
“Él siempre fue un súper-realo”, observa Henkel-Waidhofer, la biógrafa. En eso se parece a Winfried Kretschmann, verde también y primer ministro de Baden-Würtemberg desde 2011, primero en coalición con los socialdemócratas y después con los democristianos.
En campaña, Özdemir ha disimulado la marca de su partido, que ha perdido popularidad tras los años de gobierno en la coalición del canciller socialdemócrata Olaf Scholz. Y ha irritado a muchos de sus correligionarios que le tildan de “conservador”, por su posición favorable a flexibilizar el calendario para la prohibición de los automóviles con gasolina o por defender controles más estrictos sobre la inmigración irregular.
Al teléfono, Daniel Cohn-Bendit, germano-francés, ecologista histórico, líder del Mayo del 68 parisino, describe así a Özdemir: “No es alguien ideológicamente bloqueado. Es un pragmático inteligente, no oportunista. Un verde liberal, abierto”.
A la pregunta sobre qué lección deja la victoria de Özdemir para el maltrecho campo progresista en Europa, Dany el Rojo responde: “La lección es que hay que presentarse ante las electoras y electores como alguien capaz de hablar a todo el mundo. Si ideológicamente usted combate a AfD [el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania] desde la izquierda radical, pierde. La sociedad está en el centro. No hay que ser sabelotodos, no hay que hablar desde la pretensión de superioridad moral, pero la izquierda es así, y uno se pregunta por qué no logra el 100% si lo sabe todo y siempre tiene razón”.
La victoria en Baden-Würtemberg, añade, “demuestra que un alemán de Anatolia podría ser canciller tanto como un alemán de [la región de] Sauerland como [el actual canciller democristiano] Friedrich Merz”.
Güner Balci, ensayista y comisionada para la integración en el barrio berlinés de Neukölln, ha escrito que el político ecologista suscita al mismo tiempo las iras de los racistas de extrema derecha, que no soportan ver a un hijo de Gastarbeiter en el poder, y de los identitarios turcos, que no le perdonan que impulsase la resolución en el Bundestag para reconocer el genocidio armenio.
“Unos lo odian porque se llama Cem y no Klaus, y los otros porque a pesar de sus raíces turcas no rinde culto a la bandera, ni se presenta como víctima”, señala Balci en un artículo en el diario Süddeutsche Zeitung. “Al final, no ha ganado porque le apoyaba la comunidad musulmana, ni porque cumplía con una cuota de diversidad: ha ganado porque la mayoría en Baden-Würtemberg confían en que haga una buena política. Punto”.
Özdemir conecta con el espacio que va del progresismo a la derecha moderada, pero es un espacio frágil. La extrema derecha sube, y en esto Baden Württenberg no es una excepción europea, ni una isla. Con un 18,8%, AfD quedó tercera. Y lo logró en la Alemania más próspera, aunque amenazada por el vendaval global: los aranceles de Donald Trump, la pujanza de China y el petróleo, que golpean su industria automovilística. Lo más difícil, para el futuro ministro-presidente, comienza ahora.
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