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El tiempo mutante de Marruecos en Ramadán

Marruecos cambia la hora para aliviar el ayuno durante el mes sagrado musulmán, pero también transforma las costumbres sociales

Fieles marroquíes rezan en una calle durante el mes de Ramadán, el 27 de febrero en Rabat.JALAL MORCHIDI (EFE)

En 2018, Marruecos decidió no volver a cambiar la hora y mantener el reloj inmutable en todas las estaciones. De modo que el país magrebí coincide en invierno con el horario peninsular español y en verano con el de Canarias, a causa del adelanto de hora europeo. Pero en Ramadán, el mes sagrado que varía según un calendario lunar, los marroquíes se sincronizaban hasta hace poco con el horario de Islandia (GMT, dos menos que en España en verano), para facilitar la vida de los creyentes.

Desde el 15 de febrero hasta el 22 de marzo, se han retrasado una hora las manecillas con el fin de adelantar el ftur o iftar, la ruptura del ayuno con una espesa y especiada sopa harira (verduras, legumbres, pasta y carne), tras la caída de sol. También para prolongar el descanso. Antes del rezo del amanecer, en el suhur o zahora, es preciso volver alimentarse e hidratarse para afrontar más de 13 horas de abstinencia.

Frente al bullicio nocturno, a la luz de los típicos farolillos, ciudades y pueblos languidecen durante las horas diurnas, cuando es preceptivo abstenerse de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales. Salvo para niños, enfermos y mujeres embarazadas, en lactancia o con menstruación, que sí pueden alimentarse. Los viajeros también están exentos, pero deben compensarlo más con días de ayuno más allá del mes sagrado.

Tampoco afecta el precepto religioso a los turistas que viajen al país norteafricano en vísperas de Semana Santa, aunque deberán prestar atención al horario mutante en Marruecos. Desde el Eid el Fitr, la celebración que pone fin al Ramadán –cuando en Rabat se volverá a coincidir con la hora de Madrid, París y Berlín–, hasta que se retrase de nuevo el reloj en Europa en la madrugada del Domingo de Ramos, los visitantes podrán experimentar hasta tres franjas horarias sucesivas,

Si llegan en ese tiempo de mutación temporal –por ejemplo en la bendita Noche del Destino de los últimos días del Ramadán–, podrán degustar un iftar con típicas chebaquías o chubarquías, pastas fritas con anís, canela y agua de azahar, generosamente bañadas en almíbar. Marruecos es un país goloso, con un consumo anual de 34 kilos de azúcar por cabeza, cuatro veces más de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Si los viajeros son invitados a una cena de Ramadán en familia, podrán seguir además los populares culebrones en televisión ante un banquete con dátiles y dulces, algún tayín de carne, pastelas de hojaldre rellenas y abundantes frituras de pescado. Los marroquíes tiran la casa por la ventana noche tras noche en Ramadán, con un derroche alimentario que ronda el 20% por encima de lo habitual, según el centro de estadística oficial.

Estos folletines del mes sagrado alcanzan una cuota del 64% en el pico de máxima audiencia del iftar. Como Bnat Lala Menana (Las hijas de Lala Menana) ―serie inspirada en La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca―, que ambienta en Chauen, la ciudad rifeña teñida de azul, una trama de sumisión femenina a las tradiciones.

El Ramadán alterna durante cuatro semanas abstinencia de día con atracones nocturnos. En la sociedad marroquí comienza a emerger el debate sobre la libertad de ayunar, de poder comer y beber en espacios abiertos a la luz del sol. No es una cuestión meramente teológica. El artículo 222 del Código Penal sanciona con hasta seis meses de cárcel a toda persona “notoriamente conocida por su pertenencia a la religión musulmana” en caso de ruptura del ayuno en público antes del ocaso.

Cárcel por no ayunar

“En el islam, dejar de ayunar es una cuestión personal, un pecado que puede expiarse [con la penitencia] de liberar un esclavo, ayunar durante dos meses consecutivos o dar de comer a 60 menesterosos”, advierte el analista Abdelá Turabi. “La regla religiosa no prescribe penas de prisión (...) y se trata más bien de una cuestión de orden público, esgrimida por sectores conservadores para evitar incidentes”, argumenta en el semanario Tel Quel. No son inusuales las informaciones de jóvenes detenidos y juzgados por fumar en la calle en pleno Ramadán o sobre un diabético agredido en un parque por comer chocolate, también a la luz del día, para compensar una bajada de glucosa.

El McDonald’s próximo a la estación ferroviaria del centro de Rabat permanecía abierto a primera hora de la tarde del miércoles, como el resto de los establecimientos de la cadena en Marruecos y los restaurantes de los hoteles para turistas. Niños comiendo hamburguesas, acompañados de padres que no probaban bocado, algunas mujeres jóvenes y viajeros europeos o subsaharianos conformaban la escasa clientela de un local que suele estar repleto. Ningún vigilante de seguridad controlaba el acceso, ni el cajero solicitaba el documento de identidad al hacer el pedido. La sociedad de Marruecos sigue asumiendo el tabú que pesa sobre la ruptura pública del ayuno antes del atardecer.

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