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Francia, el Reino Unido y Grecia envían cazas, helicópteros antidrones y buques de guerra a Chipre tras el ataque iraní

Las autoridades chipriotas evacuan a cientos de personas de las zonas cercanas a la base militar británica que fue objetivo de un dron iraní

Un avión se prepara para aterrizar en la base británica de Akrotiri, en Chipre, este martes.Associated Press/LaPresse (APN)

Los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán, cuyo régimen quieren derribar, ya están dejando consecuencias concretas en Europa. La guerra en Oriente Próximo se acerca a territorio europeo con el ataque de un dron iraní a una de las bases militares que el Reino Unido tiene en Chipre, país de la UE. Tras lo ocurrido el lunes, Grecia y Francia han salido en apoyo a su socio europeo y han enviado sistemas antimisiles, cazas militares y fragatas a la pequeña isla mediterránea, según un portavoz del Gobierno chipriota. Chipre acoge dos bases británicas que se consideran territorio soberano de Londres y que Irán ha puesto bajo el foco tras la decisión del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, de apoyar a Washington. Este martes, el líder británico ha anunciado también que enviará helicópteros antidrones a Chipre y desplegará en la región un buque destructor de defensa aérea.

Las autoridades de Nicosia han decidido, además, evacuar algunas poblaciones cerca de la base aérea británica de Akrotiri, que son zonas muy pobladas. El lunes, tras el anuncio de Starmer, el Gobierno chipriota cargó contra Reino Unido y le reclamó más información sobre el uso que dará a esas bases.

Chipre, un pequeño país de 1,3 millones de habitantes, ostenta este semestre la presidencia rotatoria del Consejo de la UE y, por tanto, tiene programadas allí decenas de reuniones de altos funcionarios, ministros e incluso una cumbre de líderes a finales de abril. Ahora tiene la posibilidad de activar la llamada cláusula de asistencia mutua de la UE, el artículo 42.7 de los tratados comunitarios. Un punto que garantiza la solidaridad entre los Estados miembros en caso de agresión armada contra cualquiera de ellos. Una asistencia que puede abarcar desde el apoyo diplomático y asistencia técnica o médica a ayuda civil o militar, según precisan fuentes comunitarias. Francia, por ejemplo, activó la cláusula de asistencia mutua tras los atentados del Bataclan en 2015.

De momento, Nicosia, que está analizando la situación, ha preferido la cooperación bilateral. De ahí la movilización del Reino Unido, Grecia y Francia. Atenas ha enviado cuatro aviones de combate F-16 y dos fragatas, una de ellas equipada con el sistema antidrones Centauros, que puede interceptar e incapacitar los artefactos de este tipo que vuelen a baja altura y que ya se utilizó contra los rebeldes hutíes que atacaron las rutas marítimas frente a Yemen, según han explicado las autoridades griegas. El otro buque de guerra está equipado con misiles antiaéreos Aster-30.

“Grecia está presente y seguirá estando presente para ayudar en todo lo posible en la defensa de la República de Chipre”, ha declarado el ministro de Defensa griego, Nikos Dendias, durante una visita a Nicosia el martes, informa Reuters. El Gobierno griego, además, ha decidido instalar un sistema de misiles antiaéreos MIM-104 Patriot en la isla griega de Cárpatos, en el sureste del Mediterráneo oriental, tras el ataque iraní con drones a la base aérea británica de Akrotiri, en Chipre.

Los movimientos de Francia, Grecia y el Reino Unido muestran el temor de Europa al impacto directo de la crisis y a que se pueda extender a territorio europeo con los ataques de drones iraníes Shahed. Pero la guerra en Oriente Próximo va a tener un impacto importante también en los precios de la energía, que ya se han disparado hasta niveles no vistos desde que empezó la invasión a gran escala de Rusia sobre Ucrania. Además, la Unión teme que la guerra y su expansión en una región muy tocada derive en una nueva crisis de refugiados hacia Europa, en un momento especialmente sensible, con varios países endureciendo su discurso migratorio.

Sin postura común

Pese a que el impacto directo en Europa de la ofensiva es claro, los líderes europeos han fracasado en construir una postura común fuerte sobre los ataques de Israel y Estados Unidos. Hoy, en las declaraciones públicas de algunos de ellos, predomina la disculpa a la Administración de Trump e incluso el seguidismo, como el de Alemania, Francia y el Reino Unido, que, sin condenar de ninguna manera las acciones de Washington y Tel Aviv, han asegurado que están listos para emprender “acciones defensivas” a menos que Teherán detenga sus “ataques indiscriminados”.

Aunque, si se rasca un poco en la superficie, la preocupación por las consecuencias globales y para el Viejo Continente de que el orden global haya saltado de nuevo por los aires (tal vez para siempre) es grande. En la lista de temores más a corto plazo: Ucrania, Groenlandia.

En los dos extremos de la respuesta europea están Alemania y España. Mientras que el canciller alemán, Friedrich Merz, ha asegurado que este no es momento de “sermonear” a los aliados europeos y se ha mostrado abierto a movilizar a sus soldados para emprender “medidas defensivas”, el presidente español, Pedro Sánchez, ha condenado tajantemente las acciones de Washington y Tel Aviv por vulnerar la legislación internacional con sus ataques a Irán —en medio, además, de una negociación— y ha negado a la Administración de Trump el uso de las bases de Rota para participar en la operación en Irán.

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