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Londres busca el paraguas de sus aliados europeos para ayudar a Washington en el conflicto de Oriente Próximo

Francia y Alemania también se comprometen a responder a Irán si ataca sus intereses en la región

El primer ministro británico, Keir Starmer; el canciller alemán, Friederich Merz; y el presidente francés, Emmanuel Macron, el 13 de febrero en MunichThomas Kienzle (via REUTERS)

Ante una guerra, cada país europeo lucha con sus propios fantasmas. El del Reino Unido se llama Irak. Solo así se entiende la declaración solemne de Keir Starmer este lunes ante el Parlamento británico, cuando compareció para explicar la posición de su Gobierno ante el caos desatado en Oriente Próximo por Estados Unidos e Israel, con su ataque, e Irán, con su respuesta.

El primer ministro británico ha pasado en 72 horas de negar cualquier ayuda a Donald Trump y Benjamín Netanyahu y defender una solución negociada para la amenaza nuclear de Irán a permitir que Estados Unidos utilice sus bases en la región de Oriente Próximo para lanzar ataques contra los depósitos iraníes de misiles balísticos. Pero no ha dejado en ningún momento de marcar distancia con una acción —la ofensiva directa contra el régimen de Teherán— que considera ilegal y poco efectiva.

“Todos recordamos los errores de Irak, y hemos aprendido esas lecciones. Las acciones del Reino Unido siempre tendrán una base legal, y tendrán viabilidad de acuerdo con un plan bien pensado previamente”, aseguró el primer ministro para alivio de los diputados laboristas. “No participamos en los ataques iniciales contra Irán, y no vamos a incorporarnos ahora a esta ofensiva”, prometió.

Pero incluso para justificar un aumento en la ayuda “defensiva” a Estados Unidos, Starmer ha intentado evitar los dos errores que hundieron al Gobierno laborista de Tony Blair, cuando se sumó a la aventura belicista de George W. Bush en Irak. Para empezar, el primer ministro británico ha buscado el paraguas de dos aliados fundamentales en Europa: Francia y Alemania. Los tres países emitieron este mismo fin de semana un comunicado conjunto en el que se comprometían a responder cualquier ataque de Irán a sus intereses o el de sus aliados en la región.

Exactamente lo que Londres ha comenzado a hacer, con la diferencia de que la presencia militar y los intereses británicos en Oriente Próximo es notablemente superior a la de sus dos aliados. Y es realmente la que interesa a Trump. Starmer está siempre en la cuerda floja, en un precario y constante ejercicio de equilibrismo para no irritar a Washington, preservar la “relación especial” entre ambos países y mantener calmada a una base laborista que no quiere ni oír hablar de ir a la guerra de la mano del presidente estadounidense.

Por eso, en segundo lugar, Starmer se ha asegurado —ha publicado incluso el informe previo del equipo jurídico de Downing Street— de que su decisión de una mayor implicación en el conflicto se ajustaba a la legalidad internacional.

“El único modo de frenar la amenaza [de Irán] es destrozar en origen sus misiles, tanto en los depósitos de almacenaje como en las plataformas de lanzamiento”, ha explicado Starmer, después de señalar que cerca de 300.000 británicos residen o están en tránsito en la región, y que el régimen de Teherán había atacado ya bases en Baréin o Chipre con personal militar del Reino Unido.

“Estados Unidos pidió permiso para usar las bases británicas para ese uso defensivo específico y limitado [atacar los depósitos de misiles], porque tienen la capacidad para hacerlo. Por eso hemos tomado la decisión de aceptar esa petición, con el propósito de evitar que Irán lance sus misiles por toda la región, asesine a civiles inocentes, ponga en riesgo las vidas de británicos y acabe golpeando a países que no habían participado en el ataque previo”, ha justificado Starmer ante la Cámara de los Comunes.

El mensaje final del primer ministro, sin embargo, tenía algo de refutación directa a la intervención directa contra Irán: “Este Gobierno no considera que se pueda cambiar un régimen [el de Teherán] desde el aire”, advertía.

La capacidad de Alemania

Para el Gobierno alemán, la declaración conjunta con Reino Unido y Francia sobre posibles medidas destinadas a “facilitar una acción defensiva necesaria y proporcionada para destruir en su origen las capacidad de Irán para disparar misiles y drones”, tiene pocos efectos prácticos. Es un movimiento que más bien ampara y ‘europeíza’ la cesión por parte de Londres a EEUU de sus bases militares.

Al contrario que Reino Unido, Alemania “no tiene los medios militares necesarios” [en la región]”, explicaba este lunes el ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul. “La República Federal no tiene la intención de participar de ninguna forma [en la operación]”, añadía. La declaración conjunta del E3 (como se llama al acuerdo informal de cooperación militar de los tres países) permite a cada uno de los firmantes aplicarla a sus intenciones y necesidades: para Berlín, implica solamente la capacidad de defender a sus militares en países como Irak y Jordania.

Alemania protegerá las tropas de este país estacionadas en varias bases en la zona del Golfo Pérsico, pero no contempla ninguna otra forma de participación en la operación de Estados Unidos e Israel.

Francia, con el pie cambiado

El ataque de EE UU e Israel a Irán ha cogido con el pie cambiado a Francia, comprometida durante los últimos meses en esfuerzos de estabilización de la región estructurados en torno operaciones diplomáticas. Especialmente en el Líbano, donde el presidente Emmanuel Macron había participado personalmente en el proceso de paz con el desarme del grupo chií Hezbolá en favor de las Fuerzas Armadas libanesas y una conferencia específica sobre la región. La operación militar estadounidense altera ahora todos esos planes.

Más allá del vago comunicado del E3, el Ministerio de Defensa francés no ha detallado en qué consistiría el despliegue defensivo. Francia tiene en Abu Dabi alrededor de 900 militares en la base naval de Mina Zayed y en la base aérea de Al-Dhafra. Los aviones Rafale franceses de dicha base intervinieron durante el fin de semana para neutralizar drones. Además, París está vinculada mediante acuerdos de defensa con varios Estados de la región, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait, todos ellos afectados. Si estos países lo solicitan, París puede decidir movilizar los medios militares que ya tiene desplegados en la zona. Tres buques militares estarían también en camino.

De hecho, Macron decidía este lunes convocar de nuevo otro consejo de seguridad para analizar la evolución del conflicto en Oriente Próximo en las últimas horas.

Alemania y Francia, además, escenificaron este lunes su sintonía militar a través de la firma de un tratado de cooperación nuclear. Ambos países señalaron en un comunicado que “han creado un grupo directivo nuclear de alto nivel que actuará como marco bilateral para el diálogo doctrinal y la coordinación de la cooperación estratégica, incluidas consultas sobre la combinación adecuada de capacidades convencionales, de defensa antimisiles y nucleares francesas”.

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