Al menos 1.700 soldados africanos reclutados por Rusia combaten en Ucrania
Cientos de jóvenes son engañados con falsas ofertas de empleo o altos sueldos a través de redes de emigración coordinadas por Moscú


Al menos 1.780 jóvenes africanos procedentes de 36 países combaten en este momento en las filas del ejército ruso en la guerra de Ucrania, ha informado este miércoles el ministro ucranio de Exteriores, Andrii Sybiha. Muchos de ellos viajaron a Rusia para continuar sus estudios o con la promesa de un empleo bien remunerado, sin saber que serían forzados a ir a la guerra como “carne de cañón”, según un informe de la organización de investigación Inpact que ha revelado la existencia de redes de captación a través de internet coordinadas por el Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso. “No es un fenómeno aislado, sino una estrategia deliberada y organizada”, asegura el informe. Las autoridades ucranias ya aseguraron en noviembre pasado que unos 18.000 ciudadanos de 128 países del mundo luchan en las filas rusas.
Malick Diop, senegalés de 25 años, obtuvo en 2023 una beca de estudios para la Universidad Lobachevsky, en la ciudad rusa de Nizhni Novgorod. Sin embargo, una vez en Rusia, fue reclutado por el ejército para trabajar como cocinero y enviado a Lugansk, ciudad ucrania en el este del país bajo control ruso desde 2014. En abril de 2025, le dieron un arma y lo enviaron al combate, donde fue capturado por las tropas de Kiev, que le acusaron de ser un mercenario. También el gambiano Lamin Yatta llegó a Bielorrusia en 2023 con un visado de estudiante. Tras viajar a Rusia en busca de empleo, fue detenido por la policía de ese país por encontrarse en situación irregular. Obligado a firmar un contrato con el ejército, fue enviado a Ucrania a luchar. En agosto de 2024 se le declaró muerto en combate.
Casos como estos, publicados por sus protagonistas o por sus familiares, inundan las redes sociales y comienzan a inquietar a los gobiernos africanos. Inpact ha documentado una lista de 1.417 ciudadanos de 35 países africanos reclutados por Rusia entre 2023 y 2025, de los que 316 han fallecido. Según reconocen los autores del informe, denominado El negocio de la desesperanza, estas cifras podrían ser mucho más elevadas. Los principales países de origen son Egipto, que ha aportado 361 soldados, Camerún (335) y Ghana (234). También destacan Argelia, Gambia, Malí, Kenia, Nigeria y Sudáfrica, entre otros.
“La duración media del servicio de los que murieron en combate era de tan solo seis meses, lo que revela que el destino de muchos de los reclutas africanos es servir de carne de cañón en el frente. Unos 50 de ellos firmaron el contrato tan solo un mes antes de ser asesinados”, asegura el informe. Casi un tercio de los muertos, 94, eran cameruneses. Hace un año, el Gobierno de Camerún alertó de la amenaza que suponían para su propio ejército las constantes deserciones de soldados que se marchaban a Rusia para combatir en el frente ucranio, atraídos por mejores condiciones salariales.
Según la citada investigación, la captación de jóvenes africanos ha ido en aumento, pasando de 177 en 2023 a 647 en 2025. Si bien algunos de ellos se alistan por ideología prorrusa o antioccidental a través de los numerosos canales desplegados por Moscú, que van desde páginas web hasta perfiles en Facebook y grupos de Telegram, la mayoría de ellos se ven tentados por sueldos y condiciones laborales inalcanzables en sus países o forzados una vez están en el territorio ruso. “Desde la perspectiva de los africanos, el reclutamiento está impulsado por un deseo de movilidad social y geográfica, en un contexto marcado por la pobreza estructural, la inestabilidad política y las crisis recurrentes en el continente africano”, asegura Inpact.
Las ofertas varían, aunque suelen incluir un primer pago de hasta 25.000 euros, un salario mensual de unos 2.000 euros, la adquisición de la nacionalidad rusa tras tres o seis meses de servicio y, en ocasiones, formación especializada. “La promesa de un visado rápido, un buen sueldo y una ciudadanía extranjera es una oferta atractiva para los jóvenes africanos que buscan una manera de salir de un continente que, en muchas ocasiones, no alcanza a dar oportunidades a su joven y creciente población”, añade el informe. Entre las tácticas de reclutamiento identificadas se encuentran agencias de viaje gestionadas por intermediarios del Kremlin, influencers a sueldo del Gobierno ruso, falsas ofertas de empleo y redes de emigración clandestina.
La inquietud se extiende
La inquietud comienza a extenderse por África. En agosto de 2024, un joven togolés consiguió un visado en la Embajada rusa de Benín y se fue a Moscú para continuar sus estudios. Una vez allí, fue forzado a alistarse, según el Gobierno togolés, y enviado a Ucrania, donde fue capturado por el ejército de este país. El Ministerio de Educación togolés, que ha detectado una veintena de casos similares, advirtió en un comunicado a sus universitarios sobre este tipo de engaños.
En diciembre de 2025, el Gobierno de Kenia desmanteló una red de captación y detuvo a cinco personas, incluido un conocido presentador de radio. Un informe de los servicios de inteligencia kenianos remitido la semana pasada al Parlamento asegura que un millar de ciudadanos de este país se han unido a las tropas rusas gracias a una red clandestina de emigración en la que están implicados funcionarios públicos y oficiales del aeropuerto internacional de Nairobi.
Este miércoles, el ministro de Asuntos Exteriores de Ghana, Samuel Okudzeto, se trasladó a Kiev para pedir al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, la liberación de dos ciudadanos ghaneses capturados durante la guerra mientras combatían del lado ruso.
Sin embargo, uno de los casos más sonados se vivió en Sudáfrica, donde el pasado noviembre salió a la luz la existencia de una red de captación en la que estaba supuestamente implicada Duduzile Zuma-Sambudla, hija del expresidente Jacob Zuma. El Gobierno sudafricano solicitó entonces al presidente ruso, Vladímir Putin, que facilitara el retorno de 17 sudafricanos que aseguran que firmaron un contrato para trabajar como guardias de seguridad, pero que se vieron luchando en el frente, petición a la que Moscú ha accedido.
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