La sombra de Merkel persigue a Merz un año después de ganar las elecciones alemanas
La excanciller asiste por primera vez desde que dejó el cargo al congreso democristiano, y subraya con su presencia el giro de su sucesor y sus debilidades


No abrió la boca. No hizo declaraciones ni pronunció discursos. Pero, con su sola presencia, Angela Merkel se convirtió este viernes en la estrella del congreso de la Unión Democristiana en la ciudad alemana occidental de Stuttgart, y opacó a su viejo rival, y actual canciller, Friedrich Merz.
Era la primera vez que la excanciller democristiana asistía a un cónclave de su partido desde que en 2021, tras 16 años en el poder, abandonó el escenario. Para Merz, vencedor hace un año en las elecciones generales, era una presencia incómoda. Un recordatorio de sus carencias a la hora de forjar consensos y sus dificultades para remontar en los sondeos. Pero también un signo de unidad. La excanciller sigue teniendo tirón popular.
La pesadilla, para Merz, es Alternativa para Alemania (AfD). El partido de extrema derecha encabeza la oposición en el Bundestag. Según los sondeos, vencerá en las elecciones de septiembre en los Estados orientales de Sajonia-Anhalt y Mecklenburgo-Pomerania Occidental, y podrían llegar a gobernar, algo insólito en la Alemania contemporánea. El debate sobre el cordón sanitario o cortafuegos, que impide a todos los partidos democráticos pactar con AfD, está abierto. Cuando los democristianos deban decidir qué hacer ante la victoria de la extrema derecha en septiembre, se intensificará.
“El cortafuegos es dañino para la CDU”, lamentaba esta semana, en un encuentro con periodistas en Berlín, Saskia Ludwig, diputada del ala derecha de la democracia cristiana. Un argumento es que, en vez de debilitar a la extrema derecha, el veto ha contribuido a reforzarla. Otro es que, si existen coincidencias ideológicas entre ambos partidos, deberían poder votar juntos en el Parlamento, o al menos dialogar, en vez de esconderlas. “Esto no significa que haya que coaligarse obligatoriamente con AfD”, precisó Ludwig. “Este partido tiene que hacer los deberes, y distanciarse de sus personas y posiciones extremistas, antes de poder ser socio de coalición”.
Al canciller democristiano se le reprocha en su partido que se dedique más a la política exterior (Ucrania, la relación transatlántica, el futuro de la UE) que a la política interna. Pero el congreso de Stuttgart acabó por cerrar filas con él: un 91,17% de los delegados votó a favor de su reelección como presidente de la CDU. Menos del 90% se habría considerado un fracaso.
“Tras el cambio de Gobierno, quizá no dejamos lo bastante claro que no se podía poner en marcha de la noche a la mañana el enorme esfuerzo reformista”, dijo antes Merz en un discurso ante el millar de delegados, muchos de ellos decepcionados por la lentitud de las reformas en la coalición con los socialdemócratas. Y añadió: “Acepto esta crítica”.
La excanciller, que aplaudió el discurso, se sentó junto a Annegret Kramp-Karrenbauer y Armin Laschet, sus sucesores al frente de la CDU, antes de que Merz tomara las riendas e impulsase un cambio de rumbo. Los tres enviaban un mensaje: el merkelismo, que durante una década y media determinó la política alemana y europea, vive.
Nostalgia del estilo ‘merkeliano’
Hay nostalgia de los años de Merkel en una parte de Alemania: la prosperidad, el consenso, la estabilidad. Y ella es popular: al 54% les gustaría que la CDU siguiese la línea más centrista, al estilo merkeliano, según un sondeo. A Merz le sucede lo contrario: incluso sale malparado en comparación con su antecesor inmediato, el socialdemócrata Olaf Scholz, que gobernó una sola legislatura. Un 35% de alemanes cree que Scholz gobernó mejor que él, según otro sondeo del diario conservador Bild. Un 22% dice que Merz gobierna mejor.
“Con su presencia quiere hacer una declaración”, dijo la diputada Ludwig en alusión a la asistencia de Merkel al congreso de Stuttgart. “No una declaración verbal, ahí no se meterá, pero deja claro lo que ella quiere de la CDU: que mantenga su línea”.
El problema es que Merz llegó a la cancillería prometiendo romper con la línea de Merkel. En la política de inmigración, ha impuesto medidas restrictivas que su predecesora critica. En otros terrenos, como las reformas económicas, ha ido con pies de plomo y ha decepcionado así a los suyos. Le acusan de excesivamente socialdemócrata, por levantar los límites al gasto y las inversiones. Otros, de ser demasiado tímido en las reformas y demasiado moderado. Demasiado merkeliano.
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