El ejército israelí mata a ocho personas en Líbano en una de las jornadas más mortíferas desde la tregua
Las tropas han bombardeado supuestas posiciones de Hezbolá y Hamás en municipios a 80 kilómetros al norte de Israel

El ejército israelí ha lanzado múltiples ataques sobre Líbano durante las últimas horas del viernes y ha causado al menos ocho víctimas mortales y decenas de heridos, según el Ministerio de Sanidad libanés. El conjunto de las agresiones, que han apuntado contra supuestas posiciones de Hamás y contra infraestructura de Hezbolá, suponen una de las jornadas más mortíferas desde el inicio del alto el fuego, pactado en noviembre de 2024.
Por la tarde, un comunicado castrense ha reivindicado el disparo de misiles en Ein el Helwe, un campo de refugiados palestino a las afueras de Sidón y el mayor de los 12 que hay en Líbano. La ofensiva ha dejado dos víctimas mortales, de acuerdo con periódicos locales.
Según la nota israelí, el objetivo de la agresión ha sido “un centro de comando” de Hamás que la milicia “había utilizado recientemente para planificar y preparar ataques terroristas contra las tropas israelíes [que siguen ocupando Líbano en incumplimiento del cese]” y contra Israel. Aunque no aporta detalles, el comunicado acusa al grupo palestino de “repetidas violaciones” de la tregua que rige en suelo libanés.
Ya entrada la noche, las fuerzas aéreas israelíes han desplazado las hostilidades contra la provincia montañosa de la Bekaa, al este de Líbano, donde la formación política y militar Hezbolá tiene presencia. Seis misiles en una rápida sucesión —según testigos— han causado al menos seis víctimas mortales y 25 heridos, según las autoridades libanesas. Los recuentos son preliminares, puesto que los equipos de Defensa Civil trabajan para encontrar supervivientes.
En un comunicado similar al referido en el ataque a Hamás, el ejército de Israel ha asegurado que las hostilidades se han dirigido a un centro de comando de la organización chií Hezbolá, a quien también ha acusado de preparar atentados contra Israel, de “explotar la población civil libanesa como escudo humano” y de infringir “los entendimientos” del alto el fuego”.
Los bombardeos en la Bekaa, que han causado destrozos en las zonas de Bednayel, Temnin y Rayak, pueden interpretarse como una escalada por su fuerza y por su distancia con respecto a territorio israelí. Israel ha disparado algunos de esos proyectiles a 80 kilómetros al norte de la frontera.
Desde el alto el fuego, las tropas israelíes han concentrado la mayoría de sus hostilidades en la franja fronteriza del sur de Líbano. La campaña era un intento de aplicar presión para que el Gobierno de Líbano tomara el control sobre el terreno y los combatientes de Hezbolá se desplazaran hacia el norte del río Litani, a 30 kilómetros de Israel, tal y como exige la tregua.
A primeros de enero, Beirut anunció que había completado el desarme de esta y otras milicias en ese territorio sureño, y declaró que pasaba a trabajar para lograr el monopolio de las armas en manos del Estado en el resto de Líbano, a lo que se comprometió el año pasado. A partir de ese momento, el ejército israelí desplazó parte de sus hostilidades hacia el norte del río Litani, indicando nuevos esfuerzos para que el ejecutivo libanés no arrastre los pies con el desarme de Hezbolá en esa zona.
Este grupo, que evita responder los ataques israelíes desde noviembre de 2024, ha expresado su rechazo a entregar su arsenal por encima del Litani, alegando que no se desarmará mientras Israel perpetúe la ocupación de múltiples territorios del país.
El Ministerio de Sanidad libanés, que no distingue entre civiles y combatientes, registra más de 300 víctimas mortales a causa de la metralla israelí desde el alto el fuego. Los registros de la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU aseguran que Israel ha matado a más de 130 civiles “no combatientes” durante el mismo periodo.
Ein el Helwe fue el lugar donde Israel perpetró en noviembre el ataque más letal desde la firma del cese, en el que la milicia proiraní Hezbolá y las autoridades israelíes debían poner fin a más de un año de intercambio de proyectiles desde octubre de 2023. En esa ocasión, en la que Israel también defendió los disparos como un ataque contra un lugar de entrenamiento de Hamás en el interior del abarrotado campo, las tropas judías mataron a 14 personas, de las cuales 8 eran menores, según la OHCHR.
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