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Yael Admi, israelí, y Reem Alhajajra, palestina: “Las cosas serían distintas si las mujeres participaran en las negociaciones de paz”

Las dos activistas lideran un movimiento a ambos lados de la frontera que reivindica el papel de las madres como motor de reconciliación en el conflicto de Oriente Próximo

La israelí Yael Admi y la palestina Reem Alhajajra no hablan el mismo idioma, pero se entienden. Solo necesitan mirarse para saber que la otra está relatando sus motivos para luchar por una salida pacífica al conflicto palestino-israelí. Porque, pese a todo lo que las separa, luchan por lo mismo: “La seguridad y las vidas de nuestros hijos”, dice Alhajajra en árabe. A su lado, Admi asiente y la toma del brazo en un gesto cariñoso: “La admiro tanto, es una mujer valiente y una gran líder”.

Admi y Alhajajra forman parte de la iniciativa Mothers’ Call (la llamada de las madres), un movimiento liderado por mujeres que reclama el fin de la violencia y que se retomen las negociaciones para que tanto Palestina como Israel puedan vivir en paz. Juntas han organizado en los últimos cinco años manifestaciones y actos públicos con presencia de mujeres palestinas e israelís, un trabajo que les valió la nominación conjunta al Premio Nobel de la Paz en 2024. La Generalitat les otorga este jueves el Premio Internacional Cataluña en reconocimiento a “su compromiso sostenido con la reconciliación, el diálogo y la construcción de un futuro de paz compartido en Oriente Medio”.

Admi, de 66 años, madre de seis hijos y cofundadora del movimiento israelí Women Wage Peace, y Alhajajra, de 43 y madre de cuatro hijos y líder de la organización palestina Women of the Sun, se conocieron en 2019. Desde entonces han construido una relación basada en la convicción de que las mujeres —y especialmente las madres— deben estar en el centro de cualquier proceso político que aspire a poner fin al conflicto. “Lo que nos une es que hablamos la misma lengua y como madres tenemos los mismos sentimientos: no queremos perder a nuestros hijos”, dice Admi. “No creo que haya un mensaje más potente que el de las madres”, tercia Alhajajra con ayuda de una intérprete. “Son las mujeres y los niños quienes han pagado el precio más alto”. Más de 71.000 personas han muerto por los ataques israelíes desde octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.

En octubre de 2023, apenas tres días antes del ataque de Hamás y el estallido de la guerra, ambas organizaciones lograron reunir a unas 1.500 mujeres israelíes y palestinas en una concentración sin precedentes a orillas del mar Muerto. Cogidas de la mano, exigieron el fin del derramamiento de sangre y un acuerdo político negociado. Aquella imagen de unidad y esperanza quedó rápidamente sepultada por la violencia, pero no borrada. “Fue un shock, fue terrible. Reem me mandó un mensaje, me dijo ‘sabes que esto significa que tenemos que trabajar todavía más duro, con más coraje’, y yo le contesté que no nos íbamos a rendir”, recuerda Admi.

Desde Cisjordania, donde reside con su familia, Alhajajra, licenciada en Administración de Empresas y Trabajo Social, sigue enfrentándose a los obstáculos cotidianos de la ocupación: controles militares, permisos inciertos, viajes interminables. Admi, desde Israel, lidia con una sociedad sacudida por el miedo, el duelo y la hostilidad hacia cualquier discurso conciliador. “Se dan dos procesos paralelos en Israel. Uno, comprensible, el de la guerra, el odio y la venganza, y otro, el de la esperanza y el de entender que la alternativa a la guerra y lo que nos va a dar seguridad es la diplomacia y el acuerdo. Pero cada vez más gente lo está entendiendo y premios como este nos ayudan a hacer llegar el mensaje”, señala Admi, doctora en Filosofía especializada en ética y en diálogo.

Alhajajra recuerda que antes del ataque de Hamás del 7 de octubre, que dejó casi 1.200 muertos israelíes, las mujeres presionaban para que los líderes de ambos bandos se sentaran a negociar: “Las mujeres no suelen estar presentes en política y a los mandatarios les resulta difícil de aceptar que lo estén, y esto ocurre en ambos lados”. Ambas líderes reivindican el papel de las madres como motor de reconciliación en uno de los conflictos más enquistados del mundo. “Las cosas serían distintas si las mujeres tuvieran un papel en las negociaciones de paz e intentaran resolver el conflicto”, añade, con Admi asintiendo a su lado.

En lo personal, ambas han pagado el precio de trabajar juntas. “Nos dicen que somos unas traidoras, que vendemos la sangre de nuestros hijos”, lamenta Alhajajra. Al otro lado de la frontera las acusaciones contra Admi son similares: “Desde que soy una ingenua hasta una traidora que ayuda al enemigo al que hay que vencer y demostrar quién manda”. Ambas fueron reconocidas por la revista Time como dos de las mujeres más influyentes del mundo en 2024.

Alhajajra no se reconoce en la palabra activista. “Estamos dentro del círculo, no fuera. Es nuestra vida diaria y para nosotros, el pueblo palestino, la paz es una necesidad. Para la seguridad de nuestros hijos y sus vidas. No lo entiendo de otra forma”. En el caso de Admi, la muerte de su hermano mayor Yshai Ron cuando ella tenía 12 años, durante los combates de 1969 entre Egipto e Israel lo cambió todo. “Murió en otra guerra absurda, evitable y estúpida. A esa edad entendí que en la guerra no hay vencedores y prometí a mis padres dos cosas que marcaron mi vida. La primera, que les daría muchos hijos, muchos nietos, para que quizá pudieran encontrar un poco de felicidad después de aquel sufrimiento horrible. Y la segunda, que trabajaría por la paz, para que ninguna madre tuviera que enterrar a su hijo a causa de estas guerras estúpidas”. Hoy, con seis hijos y 13 nietos, mantiene su compromiso. Su madre no llegó a verlo; murió de pena poco después.

Su próximo gesto simbólico —una caminata descalza desde Roma hasta Jerusalén prevista para marzo de 2026— busca llamar la atención internacional sobre una idea sencilla y radical a la vez: que la seguridad no se construye solo con armas, sino escuchando a quienes cargan con el coste humano de la guerra.

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano
Es redactora de la sección de Internacional. Fue la corresponsal de EL PAÍS en Alemania de 2021 a 2024 y antes pasó por las secciones de Economía, Nacional, Sociedad e Investigación. Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y cursó el máster de Periodismo UAM/ELPAÍS.
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