Estados Unidos asegura que Gaza ha entrado en la fase definitiva de la tregua, pero no menciona la retirada de tropas israelíes
El enviado especial de Trump afirma sin dar más detalles que la Franja se mueve “hacia la desmilitarización y la gobernanza tecnocrática”

Estados Unidos asegura que Gaza ha entrado en la segunda y última fase de la tregua, que debe convertir en permanente el cese de las hostilidades que el Gobierno de Israel y el grupo islámico Hamás iniciaron el pasado octubre. El enviado especial de Washington en Oriente Próximo, Steve Witkoff, emitió el miércoles un comunicado en el que dio la bienvenida a ese segundo tramo del frágil alto el fuego con el que el presidente de EE UU, Donald Trump, pretende terminar con el conflicto que ha destruido la Franja desde octubre de 2023. “Anunciamos el lanzamiento de la segunda fase del Plan de 20 puntos del presidente para poner fin al conflicto de Gaza, pasando del alto el fuego a la desmilitarización, la gobernanza tecnocrática y la reconstrucción”, dijo Witkoff.
El plan de Trump sobre el que se edifica la tregua prevé en su segunda fase la estabilización del territorio mediante el desarme de Hamás y la retirada total de las tropas israelíes. Pero el comunicado de Witkoff, un magnate inmobiliario reconvertido en diplomático, solo menciona los deberes que el acuerdo prevé para los milicianos palestinos y no los que comprometen a las autoridades israelíes. La declaración evita aludir a la obligación del ejército israelí de seguir replegándose hasta desaparecer de Gaza, después de haber retirado sus tropas del 47% del territorio en la primera fase, y tampoco menciona un posible horizonte que incluya la creación de un Estado palestino, como sí hacía el plan original de Trump.
Por ahora, el anuncio estadounidense de cambio de fase no va acompañado de ninguna acción concreta, aunque sugiere que se está trabajando para instaurar los pilares de ese nuevo escenario. Entre ellos está la creación de un modelo de gobernanza que excluya a Hamás y el despliegue de una fuerza de estabilización internacional (ISF, por sus siglas en inglés) que tome el control del territorio a medida que las milicias palestinas se desarmen y el ejército de Israel desaparezca de la Franja.
La Casa Blanca rompe así con el silencio y el aparente estancamiento que ha envuelto en las últimas semanas el avance de la tregua. La primera fase entró en vigor el 10 de octubre y ha tenido como mayores éxitos la liberación de los 48 rehenes vivos o muertos en manos de Hamás —todos menos un cadáver, que la milicia alega no encontrar— y el fin de los bombardeos masivos por parte de Israel.
El acuerdo, sin embargo, ha pendido de un hilo en todo momento. Israel ha continuado abriendo fuego a diario, especialmente en el perímetro de la Línea Amarilla —una frontera interna que divide Gaza, supuestamente temporal— que delimita la presencia de sus tropas. También ha mantenido las restricciones sobre el flujo de ayuda humanitaria y ha seguido impidiendo el tráfico por el paso que conecta Gaza con Egipto. Israel justifica estos incumplimientos como respuesta a la supuesta violación de la tregua por parte de Hamás, a quien acusa de retener el cuerpo del último rehén de manera interesada.
Desde el inicio de la tregua hace tres meses, las tropas israelíes han matado a 451 palestinos en Gaza, según informaron el jueves las autoridades sanitarias de la Franja. La cifra de víctimas mortales desde 2023 supera las 71.400 según recogen esas mismas fuentes y asume la ONU. Uno de los últimos fallecidos por fuego israelí, de acuerdo con la agencia palestina Wafa, fue el doctor Hatem Abu Saleh, a quien un soldado israelí disparó el miércoles en Jan Yunis, donde trabajaba en el Complejo Médico Nasser.
Además, el bloqueo parcial sobre los suministros básicos hace que una de cada cuatro familias sigan comiendo solo una vez al día, según denuncian grupos humanitarios sobre el terreno, y que al menos seis bebés hayan muerto de frío este invierno. La Franja atraviesa un temporal de lluvias y viento al que un millón y medio de personas —de los dos millones que residen en Gaza— están especialmente expuestos, al vivir en tiendas de campaña muy precarias o en refugios improvisados. La agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés) denuncia que tiene material de invierno bloqueado a las puertas del enclave por la negativa de Israel a dejarles entrar.
La continuación de la violencia armada en la Franja y la falta de mejora en las condiciones de vida de los palestinos han hecho temer el colapso de la tregua antes de su paso a la segunda fase. Sin embargo, por debajo de la mesa ha habido progresos diplomáticos. El Consejo de Seguridad de la ONU otorgó a la fuerza de estabilización internacional ISF un mandato el pasado noviembre, dando legitimidad global al plan de paz de Trump.
Además, las facciones palestinas acordaron el miércoles en El Cairo la creación de un comité tecnocrático que se encargará del día a día de la Franja y que será parte de la gobernanza diseñada por EE UU para excluir a Hamás. Esta milicia, como su aliada Yihad Islámica, ha dado la bienvenida al comité tras haber aceptado deshacerse del control administrativo del enclave como parte del acuerdo.
La Autoridad Palestina, que está liderada por Fatah y que gobierna partes de Cisjordania, mostró también el miércoles su compromiso con un modelo de gobernanza transitorio que le atribuye el control de Gaza en un futuro incierto, tras llevar a cabo una serie de reformas. En un comunicado, la AP señaló la importancia de “vincular las instituciones” entre Gaza y Cisjordania, evitando “la fragmentación y manteniendo el principio de un único sistema político, una legislación y una arma legítima”.
El comité tecnocrático estará supervisado por un órgano llamado Junta de la Paz. Se espera que esta entidad, que será liderada por Trump y contará con la participación de otros líderes internacionales, sea presentada de manera inminente.
Un futuro incierto
El anuncio de Witkoff y la construcción de entidades políticas transitorias no resuelven los puntos débiles del acuerdo que sostiene la tregua. Por un lado, Hamás sigue teniendo a miles de combatientes armados y el ambiguo plan de EE UU no detalla quién o de qué manera debe desarmar a la milicia. Últimamente, el estadounidense ha manifestado que los países que aporten contingentes militares a la misión internacional de la ISF deben ser quienes desarmen a Hamás por la fuerza, pero no se conoce que ningún Estado haya ofrecido a sus soldados para esa peligrosa labor.
Además, la última fase de la tregua se enfrenta a la discrepancia fundamental entre Israel y Hamás que hasta ahora ha impedido un alto el fuego permanente: las autoridades israelíes, que no se han comprometido a retirarse del enclave, exigen el desarme total de brazo armado de Hamás, mientras que la organización islamista rechaza entregar las armas si no existe un camino creíble hacia la creación de un Estado palestino.
“Estados Unidos espera que Hamás cumpla totalmente con sus obligaciones”, dice Witkoff en el comunicado, “incluyendo la del retorno inmediato del último cautivo muerto”. “No hacerlo”, afirma el enviado en una nota que publica “en nombre” de Trump, “traerá consecuencias muy serias”.
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