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Marjorie Taylor Greene: la lideresa de Trump que le salió rebelde

La congresista republicana, que fue la principal aliada del presidente de EE UU, abandona su cargo tras enfrentarse con él por forzar la desclasificación de los archivos de Epstein

Marjorie Taylor Greene

La primera vez que Marjorie Taylor Greene (51 años) juró el cargo como diputada en el Congreso de Estados Unidos fue el 5 de enero de 2021. Un día después tuvo lugar el asalto al Capitolio, uno de los capítulos más oscuros de la historia de la república. Una turba de fanáticos partidarios de Donald Trump intentó impedir la votación para confirmar la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales de 2020. Taylor Greene nunca aceptó el resultado ni condenó los actos violentos de aquel día. Unos días más tarde, con el país aún conmocionado por el infausto episodio, apareció con una mascarilla en la que se leía “Trump ganó” en su primera intervención como diputada.

Justo cinco años después, la congresista por Georgia, que hasta hace unos meses era la principal aliada de Trump, renuncia a su acta en el Congreso y pone fin a una carrera política tormentosa tras una sorprendente ruptura con el presidente. MTG, las siglas que popularizó esta congresista, ha enviado este lunes cartas al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y a Brian Kemp, el gobernador de Georgia, donde está su distrito electoral, para anunciarles su renuncia en la Cámara, que se hará efectiva a las 23.59 de este lunes (5.59 de este martes, hora peninsular española), según ha adelantado la cadena CBS.

Figura referente del mundo MAGA, (siglas del lema Make America Great Again), el grupo ultraconservador que aupó al republicano a la Casa Blanca para su segundo mandato, Taylor Greene deja atrás cinco años de intervenciones bochornosas. Entre ellas destacan los abucheos al presidente Biden durante el discurso del Estado de la Unión, el acoso a la joven figura demócrata Alexandria Ocasio-Cortez o un llamamiento para ejecutar a Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes.

Abandona Washington tras una amarga ruptura con el presidente. Si el magnate neoyorquino es el padre del movimiento neocón, ella es la madre. El divorcio es sonado y ha causado un terremoto entre los republicanos. Quién sabe si su retirada será para siempre o solo es un paso atrás para relanzar su carrera política a lomos de las huestes conservadoras del America First, una escisión de los fieles del magnate neoyorquino, porque al granítico bloque de apoyo al actual presidente empiezan a salirle grietas.

Conservadora cristiana, nacionalista, de retórica reaccionaria e ideas radicales, conspiranoica y amenazadora de insultos incendiarios, esta política republicana nacida en Milledgeville, una pequeña ciudad en el noroeste de Georgia, ha visto como en 2025 ha pasado de ser una de las acérrimas defensoras del actual presidente de Estados Unidos a otra más de sus defenestrados partidarios. La relación con su mentor político se ha roto de forma dramática en apenas tres meses. “Marjorie Traitor (traidora) Greene”, “lunática” y “traidora de bajo coeficiente intelectual” son algunas de las lindezas que le ha lanzado el inquilino del Despacho Oval en las últimas semanas.

No es fácil entender la trayectoria política de esta exentrenadora de Crossfit, trumpista de primera hora y nueva crítica del republicano al que le augura un trágico final. “Vamos a ver más guerra”, dijo en referencia a la caída de popularidad de Trump mientras se aproxima la mitad de su mandato. “¿Qué haces cuando pierdes el poder, cuando te conviertes en un pato cojo? ¿Cómo te aferras al poder? Vas a la guerra”, auguró a The New York Times.

Capaz de desear la muerte de sus adversarios demócratas, de enaltecer a Putin, apoyar al movimiento QAnon (defensor de alocadas teorías conspirativas), justificar el asalto al Capitolio y sostener que las elecciones de 2020 le fueron robadas a Trump, pero también de buscar la redención esgrimiendo sus valores cristianos. En las últimas semanas, ha asegurado en público que se equivocó por haber sido “muy ingenua”. En una reciente entrevista en la cadena CBS manifestó: “Lamento humildemente haber participado en la política tóxica”.

Un salto a la fama por insultar a los demócratas

Marjorie Taylor Greene creció en el seno de una familia acomodada en el noroeste de Georgia, una de las regiones con menor renta del país. Su padre era el propietario de una empresa de construcción que ella heredó. Separada, con tres hijos adultos, se acaba de comprometer con el periodista Brian Glenn, corresponsal en la Casa Blanca del medio conservador Real America’s Voice. Ambos han anunciado que tras la renuncia se irán a vivir a Georgia.

La republicana empezó a ser conocida en 2016 tras la primera victoria de Trump por sus discursos incendiarios contra los demócratas, a los que llamaba “partido de pederastas”. Con la caída en desgracia de Trump tras perder las elecciones de 2020 y mientras era investigado por el asalto al Capitolio y entorpecer las elecciones, Taylor Greene fue de las pocas republicanas que mantuvo intacto su apoyo al neoyorquino. Era habitual verla con la gorra roja de MAGA en mítines defendiendo a Trump. Fue ella quien lo presentó en una ardiente intervención durante la convención nacional republicana en las que se confirmó su nominación para las elecciones de 2024. “Ví a muchos de mis colegas pasar de burlarse de él, de cómo habla, de mí constantemente por apoyarlo, a que, cuando ganó las primarias de 2024, todos empezaron a besarle el culo y decidieron ponerse una gorra MAGA por primera vez”, dijo ella en una entrevista en la cadena CBS.

Las desavenencias entre ambos comenzaron al poco de la vuelta de Trump a la Casa Blanca. Ella había manifestado que le hubiera gustado ser secretaria de Seguridad Nacional, pero el presidente optó por Kristi Noem. Aunque el romance se empezó a romper a partir de mayo, cuando manifestó opiniones discordantes con su partido, al que acusaba de alejarse de la agenda MAGA. Cuestionó los aranceles porque a su juicio empobrecían a los trabajadores; expresó su malestar porque la Administración no retiraba las vacunas de la covid, que ella considera un engaño, y acusaba a las élites de su partido de estar al servicio de las farmacéuticas. Criticó la concesión de visas a estudiantes chinos, pese a que durante la campaña electoral el inquilino del Despacho Oval dijo que las prohibiría; también cargó contra las políticas favorables a las criptomonedas o la inteligencia artificial.

Su actitud desafiante y rebelde le granjeó enemigos dentro del partido. Su ascendencia entre los republicanos empeoró cuando en septiembre decidió condenar como genocidio la guerra de Gaza. Pocas semanas más tarde, a principios de octubre, se opuso a los suyos por el cierre presupuestario del Gobierno, que tuvo paralizada a la Administración durante ocho semanas. Defendió la extensión de las ayudas públicas para costear los seguros de salud a través del programa del Obamacare que su partido quería retirar.

La ruptura por el caso Epstein

Pero si hubo un episodio que precipitó el distanciamiento total fue el caso Epstein. “Representan todo lo malo de Washington”, dijo en una entrevista en The New York Times. Marjorie Taylor Greene participó en septiembre en una comisión a puerta cerrada con víctimas del depredador sexual, examigo de Trump, que durante décadas abusó de niñas de 14 y 16 años. Jeffrey Epstein murió en 2019 mientras esperaba en la cárcel el juicio por las acusaciones de pedofilia y explotación sexual. Tras aquella reunión, la congresista por Georgia apoyó a algunos representantes demócratas para denunciar la situación por la que habían pasado las víctimas y amenazó con divulgar los nombres de algunos de los que habían abusado de aquellas mujeres. El presidente la llamó a su despacho enfurecido y le dijo, según ha contado ella en varias entrevistas: “Mis amigos saldrán lastimados”.

La espita que provocó la ruptura total se produjo cuando ella se alió con varios representantes demócratas para forzar la publicación completa de todos los archivos de Epstein, algo a lo que se había opuesto la Casa Blanca por miedo al impacto que pudiera tener la relación de Trump con el depredador sexual fallecido. Ese movimiento lo precipitó todo. El presidente empleó sus redes sociales para atacarla. A través de Truth Social le retiró su apoyo en la carrera electoral para renovar su asiento en el Congreso y el 15 de noviembre escribió: “¡Marjorie traidora Greene es una vergüenza para nuestro GRAN PARTIDO REPUBLICANO!”. En otra publicación durante esos días escribió: “Todo lo que veo hacer a la chiflada Marjorie es ¡QUEJARSE, QUEJARSE, QUEJARSE!”.

Un día después, ella le envía un mensaje al presidente porque había recibido amenazas contra su persona y contra su hijo. La policía registró al menos dos amenazas de bombas caseras en su casa y en su empresa, así como una de muerte contra su hijo Derek. El presidente, según ella, le contestó con un mensaje “extremadamente cruel”. Al día siguiente ella anunció que dejaría su cargo a principios de enero.

Desde entonces ha multiplicado sus apariciones en medios tradicionales, que acostumbraba a desprestigiar, para criticar las políticas del presidente y augurar su fin. “Tiene serios problemas con los republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado, quienes se distanciarán de él en el futuro”, dijo Green en una entrevista en CNN hace dos semanas. “Creo que las elecciones intermedias van a ser muy difíciles para los republicanos. Soy de las que está dispuesta a admitir la verdad y decir que no veo a los republicanos ganando las elecciones intermedias ahora mismo”, apostilló.

Aunque ha reiterado que quiere distanciarse de la política y se ha retirado a Rome, una pequeña ciudad de Georgia, donde vive con su prometido, no ha parado de saldar cuentas contra Trump y las élites de la Casa Blanca. En una publicación en X el pasado 30 de diciembre escribió: “Estoy siendo atacada por muchos en el establishment del Partido Republicano, por los asesores políticos y por sus voceros a sueldo porque les gano a todos por la derecha, no estoy controlada por nadie y eso les intimida. Soy más conservadora que ellos, y mi historial de votaciones lo demuestra”. Y agregó: “Trump me llamó traidora porque me puse del lado de mujeres que fueron violadas y traficadas por Epstein en su adolescencia, y porque me negué a obedecer sus órdenes y a retirar mi nombre de la firma de la petición para desclasificar el caso y que se publicaran los archivos”.

La todavía congresista emerge como una figura a seguir de cara al próximo ciclo electoral. Con un discurso más moderado, pero manteniendo la retórica nacionalista, antiélites y populista, algunos la sitúan como posible candidata independiente.

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Sobre la firma

Jesús Sérvulo González
Corresponsal en Washington. Ha sido redactor jefe de Economía y Negocios. Antes, contó las consecuencias de la crisis financiera y de los años de los ajustes presupuestarios. Aprendió el oficio durante su paso por la información local de Madrid.
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