La represión de las manifestaciones en Irán causa 34 muertos
Las protestas persisten ante las tímidas concesiones del Gobierno, que denuncia la injerencia y el tono “amenazante” de EE UU

Irán registra este martes protestas por décimo día consecutivo en unas movilizaciones menores a las que hubo en años anteriores, pero que reflejan un agotamiento ciudadano hacia las autoridades que sacude el país de forma cíclica. El anuncio el lunes de una pequeña concesión por parte de la República Islámica, en forma de estipendio mensual para gastar en supermercados, ha carecido de efecto sobre el curso de las concentraciones, donde la represión policial ha causado al menos 34 víctimas mortales entre los manifestantes —cuatro de ellas, menores— y más de 1.200 detenidos, según informó este martes a EL PAÍS la organización Activistas por los Derechos Humanos en Irán, radicada en Estados Unidos. También han muerto dos miembros de las fuerzas de seguridad.
Las autoridades se encuentran entre el pulso que plantean miles de civiles en las calles y el que sugieren EE UU e Israel desde el exterior. El presidente estadounidense, Donald Trump, se fotografió el lunes con una gorra con el mensaje “Make Iran Great Again” (Hacer grande a Irán otra vez), días después de amenazar de manera directa con una intervención militar en el país. En Israel, el diario The Jerusalem Post indica que el secuestro del líder venezolano, Nicolás Maduro, a manos estadounidenses sorprendió a los líderes israelíes, que ahora estarían “recalculando” posibilidades en Irán.
La semana pasada, el Gobierno de Benjamín Netanyahu aseguró a Teherán, con Rusia como intermediario, que no intervendrá en el país, según informó la emisora pública israelí Kan el lunes. Aquella misiva sucedió en paralelo al comunicado que la agencia de inteligencia israelí en el extranjero, la Mossad, publicó en X: “Salid a las calles”, se leía en lengua farsi: “Estamos con vosotros (...) También sobre el terreno”.
Esos mensajes alientan la posición de las autoridades iraníes, que vinculan la mano occidental al recrudecimiento de las protestas. Ante el desconcierto, los dirigentes de la República Islámica han emitido este martes mensajes para cada escenario. El líder supremo de Irán, el clérigo octogenario Alí Jamenei, ha sacado pecho en un comunicado al argumentar que “el poder del pueblo iraní” llevó “al enemigo a pedir un alto el fuego durante la guerra de 12 días” con Israel, ocurrida en junio, y a enviar ahora “mensajes diciendo que no quiere luchar”.

Simultáneamente, el Consejo Supremo de Defensa de Irán ha condenado el “lenguaje amenazante” y los “comentarios intervencionistas” dirigidos al país, en clara referencia a EE UU e Israel. El comunicado afirma que “cualquier agresión contra los intereses nacionales” se enfrentará a “una respuesta firme y proporcional”, y sugiere incluso algún posible ataque preventivo. “En legítima defensa, la República Islámica no se limita a responder únicamente tras un acto de agresión, y considera los indicadores tangibles de amenaza” como parte de su ecuación de seguridad, se lee en el documento.
Sobre el terreno, la acción de los uniformados ha dejado víctimas mortales durante las últimas horas en varios municipios del oeste del país. En la zona del Kurdistán iraní, al noroeste de Irán, la organización kurda Kurdpa denuncia detenciones arbitrarias en la provincia de Ilam, donde las fuerzas de seguridad habrían irrumpido en domicilios para llevarse detenidos sin orden judicial. El domingo, las autoridades practicaron una redada en un hospital del territorio, practicando arrestos en el interior tras tumbar las puertas del centro.
En el Gran Bazar de Teherán, el disparo de gas lacrimógeno para disuadir concentraciones en un contexto de comercios cerrados ha dejado este martes imágenes de estampidas por los callejones del mercado.
El fuerte despliegue policial no ha frenado unas protestas que estallaron por el deterioro de las condiciones de vida. Irán sufre carencias en servicios básicos a pesar de ser rico en hidrocarburos. Además, el rial iraní ha perdido la mitad de su valor en el último año, mermando el poder adquisitivo de las familias en un aspecto económico —el del tipo de cambio en el mercado negro— que escapa al control del Gobierno, a diferencia de otros barómetros.
El declive se ve exacerbado por las sanciones que EE UU recuperó sobre Irán en 2018 durante el primer mandato de Trump, al terminar con un acuerdo nuclear al que Irán siempre se ha dicho dispuesto a volver. La medida pesa sobre la venta de crudo y sobre las transacciones internacionales. Pero los manifestantes objetan un modelo de gobernanza que aseguran que coarta sus libertades y que sospechan que convive con las malas prácticas. La organización Transparency Internacional, radicada en Berlín, clasifica a Irán como uno de los países con mayor índice de corrupción percibida en el mundo.
Se trata de un momento difícil para la República Islámica. El Gobierno navega una nueva crisis después de haber sufrido en 2025 sendas ofensivas de EE UU y de Israel —que mató varios miembros destacados de la Guardia Revolucionaria, un ejército paralelo creado para proteger el régimen— y de haber perdido la protección de sus aliados en la región, como Hezbolá o Hamás, demasiado debilitados para seguir ejerciendo como defensa avanzada ante los enemigos de Irán.
La última propuesta gubernamental tampoco ha enfriado los ánimos. El lunes, el Gobierno anunció que a partir del 10 de enero proveerá a los ciudadanos de un crédito electrónico mensual no canjeable equivalente a seis euros para utilizar en determinados supermercados, según la agencia semioficial Tasnim. La portavoz del Ejecutivo, Fatameh Mohajerani, indicó que el objetivo de la iniciativa es “preservar el poder adquisitivo” de los iraníes y “controlar la inflación”, que en diciembre alcanzó el 42%.
Reformas estructurales
Aunque las clases más modestas —con salarios que rondan los 130 euros— podrían notar la diferencia, no se espera que la medida vacíe las calles ni que la República Islámica evite futuros ciclos de movilización —después de los surgidos en 2009, 2017, 2019 o 2022— sin aplicar reformas de mayor calado.
Arash Azizi, analista e historiador sobre Irán y profesor en la Universidad de Yale (EE UU), asegura que “no habrá paz social” mientras las autoridades no remedien las causas del descontento popular. “Existe un consenso amplio de que Irán debe aplicar cambios significativos en su estructura de gobierno y en sus políticas fundamentales”, explica a EL PAÍS desde Nueva York. El iraní señala como “obstáculos para Irán” aspectos estructurales de la República Islámica, como la existencia de un líder supremo, “un cargo no electo poseído por un clérigo de alto rango”, o la doctrina antioccidental, sumada a una represión doméstica de tipo “social e islamista”.

Según Azizi, la “obsesión” que el régimen tiene con Occidente “terminará con Jamenei”, de 86 años de edad. Después, “habrá un régimen autoritario con algún tipo de legado revolucionario”, pero sin este, considera: “Le hace rechazarlo todo e intentar cambiar el mundo. Y cuando digo cambiar el mundo, me refiero a luchar contra EE UU e Israel”.
En junio, durante la guerra con el ejército israelí, un grupo de personalidades políticas, militares y religiosas en Irán comenzaron a trazar planes para imaginar una gobernanza sin Jamenei, según dos fuentes explicaron entonces a Azizi. “El estado de ánimo en el círculo cercano al régimen se ha bifurcado”, escribía en un artículo en The Atlantic el día después del ataque de EE UU contra tres plantas nucleares en el país. “Y algunas personas de ese círculo querrían alcanzar un acuerdo con Trump, aunque esto suponga abandonar a Jamenei”.
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