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Fallece a los 96 años Eva Schloss, superviviente de Auschwitz y hermanastra de Ana Frank

Exiliada de la Austria nazi y residente en Londres, dedicó su vida a combatir el antisemitismo y preservar la memoria histórica

Eva Schloss sintió por primera vez el odio antisemita en su país natal, Austria, de donde huyó a los nueve años con su familia para esquivar el terror nazi. Más de ochenta años después, recuperó la ciudadanía austriaca en una sencilla ceremonia en la embajada de aquel país en Londres. “No podemos arrastrar todo el tiempo el odio y la discriminación. Los nazis ya no están entre nosotros, y los jóvenes necesitan ver que podemos ser amigos”, dijo entonces. La superviviente del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau y hermanastra de Ana Frank falleció el pasado sábado en Londres, a los 96 años, después de toda una vida dedicada a desterrar el odio, pero también a mantener viva la memoria del Holocausto y explicársela a los jóvenes.

“Los horrores que soportó como adolescente son imposibles de comprender, y aun así dedicó el resto de su vida a superar el odio y los prejuicios, a promover la bondad, la valentía, el entendimiento y la resiliencia a través de la Fundación Ana Frank del Reino Unido, así como a educar sobre el Holocausto por todo el mundo”, ha escrito el rey Carlos III de Inglaterra, uno de los primeros en homenajear la figura de Schloss.

Su apellido original era Geiringer. Nació y vivió sus primeros años en Viena, junto a sus padres y su hermano Heinz. Cuando la Alemania Nazi se anexionó Austria, el 12 de marzo de 1938, la vida de los Geiringer, como la de millones de judíos, cambió trágicamente. “Recuerdo que fui a casa de mi mejor amiga, una niña católica, y al llegar su madre me cerró la puerta en las narices. Me miró con tal odio, y me dijo ‘no quiero volver a verte de nuevo”, contó Eva a la BBC. Al llegar a su casa llorando fue su madre, Elfriede, la que vaticinó el futuro inmediato: “Las cosas van a cambiar para los judíos”, dijo.

La familia perdió la nacionalidad. Pasaron a ser alemanes. En sus nuevos pasaportes se indicaba claramente que eran judíos. Lograron cruzar clandestinamente hasta Bélgica, donde permanecieron un breve tiempo hasta establecerse finalmente en Holanda. En Amsterdam, Eva se hizo amiga de otra niña que vivía en su mismo bloque de apartamentos llamada Ana Frank.

Al poco tiempo, sus destinos se separaron. Las dos familias se vieron forzadas a esconderse y huir de la persecución nazi contra los judíos. Después de dos años de clandestinidad, en mayo de 1944, el día del cumpleaños de Eva, la familia fue apresada y enviada a Auswitch-Birkenau. Un agente doble, que colaboraba con la resistencia holandesa pero pasaba información a los nazis, les delató.

El ejército soviético liberó a los prisioneros en enero de 1945. Eva y su madre lograron sobrevivir, aunque fuera con un escaso hilo de vida. Habían sido separadas del padre y el hijo al llegar al campo. Los dos murieron allí.

Cuando ambas fueron repatriadas a Holanda, la madre volvió a casarse. Lo hizo con Otto Frank, el padre de Ana, que también había logrado sobrevivir. Fue de ese modo como, de manera póstuma, Eva se convirtió en hermanastra de la niña cuyo diario ha vendido más de treinta millones de copias por todo el mundo, se enseña en multitud de escuelas y es lectura obligada para poder entender el sufrimiento de los judíos a manos de los nazis.

“Ana era mucho más madura que yo. Iba al colegio Montessori, un curso por delante de mí. Yo iba a un colegio local normal”, recordó Schloss en 2017, en una entrevista para el diario The Guardian.

Durante medio siglo, como una de las fundadoras de la Fundación Ana Frank en el Reino Unido, Schloss se volcó en difundir y preservar la memoria de su amiga de la infancia, además de la propia memoria del Holocausto.

En 1951 viajó a Londres, donde quería estudiar fotografía. En la capital británica conoció a su marido, Zvi Schloss, un judío alemán que había logrado huir a la entonces Palestina bajo mandato británico durante la guerra, después de que su padre fuera capturado y enviado al campo de concentración de Dachau.

Ambos decidieron hacer de Londres su hogar, allí vivieron el resto de sus días y allí obtuvieron su nacionalidad británica. Pero mientras su marido, que murió hace ya casi una década, rechazó hasta el final la posibilidad de recuperar la ciudadanía alemana, Eva decidió que volver a ser austriaca -a la vez que británica- era “la decisión moralmente correcta”.

“Su compromiso inalterable en la tarea de desafiar prejuicios, a través de la educación sobre el Holocausto, ha dejado una huella indeleble en numerosas vidas. Su legado seguirá guiando y empoderando a muchos jóvenes para construir un mundo libre de odio y discriminación”, ha dicho Dan Green, el director ejecutivo de la Fundación Ana Frank del Reino Unido, al recordar la figura de Schloss.

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Sobre la firma

Rafa de Miguel
Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.
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