José Gil, filósofo: “Trump es un protodictador ultra que ataca regímenes represivos presentándose como liberador”
El ensayista portugués cree que se necesita una revolución democrática para salvar a los países de las alteraciones climáticas. Señala que está en cuestión la supervivencia


Tal vez por haber crecido cerca del océano Índico, el mayor pensador de Portugal siempre ha mirado hacia su país desde varias periferias. La geográfica fue la primera: José Gil nació en 1939 en Quelimane, Mozambique, donde el desembarco de Vasco de Gama, siglos atrás, derivó en un colonialismo que se prolongó hasta que la Revolución de los Claveles lo enterró de una tacada. La distancia se agrandó cuando Gil se refugió en Francia para huir de la noche oscura del régimen que inauguró Salazar en 1933. Cambió las Matemáticas por la Filosofía en la Sorbona, en París, donde se convirtió en discípulo de Gilles Deleuze, vivió el Mayo del 68 y publicó sus primeros ensayos en francés. Y ahí surge la periferia idiomática, en la que se mantuvo hasta 2004 cuando escribió en portugués un libro referencial sobre la parálisis existencial de una sociedad formateada por cinco décadas de represión, Portugal, hoy. El miedo de existir. Ha sido profesor en el Colegio Internacional de Filosofía de París y catedrático de Estética en la Universidade Nova de Lisboa, donde dio su última lección en 2010. En su treintena larga de libros ha reflexionado sobre la filosofía del cuerpo, la estética en el arte o la poesía de Pessoa. Siempre ha esquivado la sobreexposición mediática en un país que fabrica comentaristas en serie, pero sin rehuir la reflexión política sobre el presente. Tras recogerlo en el portal de su casa, un edificio modesto de Alcántara, el barrio donde creció Amália Rodrigues y que aún resiste a los estropicios del turismo, conversamos en un café pequeño y ruidoso. Vaticina un futuro sombrío y totalitario si no se reinventa la democracia y se prioriza la lucha climática.
Pregunta. Nació en Mozambique, entonces bajo dominio portugués. ¿Por qué regresa con fuerza el colonialismo?
Respuesta. Las naciones africanas independientes no supieron crear un poder lo bastante fuerte para servir de barrera a una nueva forma de explotación. Es un colonialismo muy diferente. Ya no se posee el territorio, es un colonialismo capitalista sobre los recursos naturales. Una explotación económica que acaba en explotación cultural.
P. ¿Regresa también el fascismo? Se debate si los actuales movimientos autoritarios equivalen o no a fascismos del siglo XX.
R. Hay que preguntarse si podemos generalizar y hablar de un solo fascismo o de varios. En EE UU hay una tentativa de instaurar un poder de tipo dictatorial que tiene semejanzas y diferencias con el fascismo italiano o el nazismo. El control sobre la prensa o la creación de milicias serían similitudes. La diferencia esencial es cultural. El fascismo actual es ideológicamente pobre. El secuestro de Maduro o la guerra de Irán implican otro sistema de valores. Ahí está un protodictador de extrema derecha que ataca regímenes represivos presentándose como liberador. Despunta una nueva cultura fascista. Nuestra realidad no admite discursos sobre valores espirituales ni apelaciones a otra realidad para justificar el poder político. Es una realidad digital, doble, lo que Naomi Klein llama doppelganger. Ya no necesitamos un dios.
P. ¿Trump representa un estadio hacia algo nuevo?
R. Si este nuevo poder vence, será de un totalitarismo como nunca lo ha habido. Se basa en la IA, como vemos en China. Y se está diseñando con nuestra aceptación. Es algo grave, porque no vemos como liberarnos. Trump es una fase, ya es viejo frente a esto.
“Tengo amigos en Francia que pasan horas hablando con la IA y que me dicen son incapaces de verla como una máquina”
P. ¿El peligro para las democracias viene más de los empresarios tecnológicos?
R. Sí, aunque los más peligrosos son los que tienen el poder ahora mismo. Hay una tendencia en EE UU hacia la implantación de un fascismo, pero aún no se ha completado y puede que no ocurra. Vivimos un momento dilemático. Pero quienes tendrán la fuerza en el futuro para imponer un totalitarismo son esos millonarios tecnológicos.
P. Usted cree que la democracia solo puede salvarse si se refunda. ¿Cómo hacerlo?
R. Implica toda una elaboración de pensamiento. Si la democracia está siendo cuestionada es porque ha permitido la injusticia y la desigualdad. Lo que me asombra es ver que las democracias están a la defensiva. Todas. Miremos a las fuerzas de izquierda o derecha democráticas en Europa, ¿qué proponen para la democracia? Nada. Su ausencia de pensamiento es enorme.
P. Europa emerge como una isla solitaria, a la deriva. ¿Sobrevivirá?
R. Lograr la cohesión que hará de la UE una superpotencia capaz de autonomizarse frente a EE UU, Rusia y China implica que acabemos con la realidad del Estado nación y la noción de soberanía jurídica, hay que crear otra noción de federación y hacer que las poblaciones tengan conciencia de eso, y no la tienen. Para oponernos a la degradación que nos impone Trump tenemos que renunciar a una serie de privilegios y contribuir a construir una fuerza política autónoma y un ejército europeo. Algo diferente tiene que hacerse. En Portugal, la reciente catástrofe ocurrida [por la sucesión de temporales] es el resultado del cambio climático y de la falta de preparación de los poderes políticos. Para hacer algo eficaz contra las alteraciones climáticas, tendría que priorizarse esa lucha ambiental. Está en cuestión la supervivencia de Portugal como economía. Falta una revolución democrática para salvar al país de las alteraciones climáticas.
P. ¿Sigue pensando que somos una sociedad de alegres suicidas camino de la extinción o se ha atenuado esta visión?
R. Nada atenuada, al contrario. Vea la política de Trump respecto a la política ambiental o el impacto de los centros de datos. La IA, tal y como es usada por los milmillonarios, es un desastre ecológico. Forma parte de lo que Varoufakis llama tecnofeudalismo, una nueva forma de extraer plusvalías.
P. Los populismos usan la inmigración. Usted cree que no se ha gestionado bien.
R. En Portugal, desde luego. Y en Francia la izquierda no ha sabido trabajar el tema. Hay que pensar cómo integrar a los inmigrantes, lo que es admisible o no de su cultura. Políticamente es un señuelo de la extrema derecha, un punto de similitud entre viejos y nuevos fascismos. Necesitan un polo negativo frente a nosotros, que tendríamos los buenos genes. Los judíos lo fueron para Hitler y los inmigrantes lo son para Trump.
P. Hay tareas que competen a los Gobiernos para salvar la democracia, pero ¿qué pueden hacer los individuos, cada vez más aislados?
R. Los peligros del fascismo son profundos e inciden en lo más íntimo. El peligro de la IA es que afecta a la vida individual de inmediato, no dentro de 10 años. Tengo amigos en Francia, personas instruidas, que se pasan horas haciéndole preguntas a la IA. Me dicen que son incapaces de verla como una máquina. Uno de los peligros de los que no hablamos es esa adicción.
P. Un socialista moderado acaba de ganar la presidencia en Portugal frente a un candidato de la ultraderecha. ¿Cómo lee estos resultados?
R. Hemos ganado tiempo. Yo voté a Seguro, frente a la amenaza. Ventura no es solo amenazador por lo que dice, hay fuerzas que le sobrepasan. Si gana o la extrema derecha consigue el poder en Europa, habrá un giro hacia una sociedad tecnofascista. La victoria de Seguro muestra que aún hay una oposición popular a las tendencias de Chega. Lo que lamento es que sea un aplazamiento. No se está pensando en reformular la democracia y en una nueva forma de hacer política.
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