Xavi Puig, humorista: “A un periodista le pido que desmonte pamplinas”
Autor de un ensayo sobre el humor, el cofundador de ‘El Mundo Today’ asegura que quejarse de que hoy en día no se puede decir nada es comportarse igual que un niño de cinco años


Xavi Puig (Barcelona, 1980) cuenta que no quería escribir Hacer reír (Debate, 2025), un ensayo sobre el humor. Superó esas reticencias porque cree que hace falta tratar el humor como un arte, creérselo de verdad, para poder saber cómo funciona, para qué sirve y cuáles son sus límites. No solo los políticos, los de la ofensa y las demandas, sino, sobre todo, los expresivos: ¿hasta dónde puede llegar un humorista sobre el escenario o frente al teclado?
Puig, licenciado en Filosofía, es autor de una novela, La mejor persona (2022, Temas de hoy), que parte de una premisa cómica para ofrecer el retrato descarnado de un personaje trágico. Pero se le conoce más como cofundador, en 2009 y junto a Kike García, de El Mundo Today, un medio satírico que disecciona la actualidad política y social, con titulares como ‘Meterse de nuevo en la cama por la noche, principal motivación para salir de la cama por la mañana’ o ‘El Gobierno intentará aprovechar el Black Friday para sacar adelante los Presupuestos’. Su labor es más difícil, explica, por el “descrédito de las instituciones”, en especial de la prensa tradicional, que ha llevado a que los ciudadanos acudan a los cómicos a informarse y a entender lo que ocurre, algo que no debería ser responsabilidad suya.
Pregunta. ¿Cuál es la función de la sátira?
Respuesta. El desahogo, la expresión de un hartazgo colectivo, o canalizar cierta sensibilidad que no encuentra su expresión en el poder o en la cultura hegemónica. También queremos creer que contribuimos a apuntalar debates y a hacer que ciertas ideas avancen o se visibilicen. Soy un poco escéptico, porque el mundo no ha hecho más que irse a la mierda y sátira ha habido siempre. Pero es verdad que cuando haces sátira a veces abres debates.
P. ¿Ayuda a tratar temas difíciles?
R. Sí, porque el humor tiene un efecto analgésico, y eso permite tocar fibras sensibles en un contexto lúdico. Creo que el efecto es más palpable en la psicología personal que en la social. En el debate público hay tanta contaminación y tanto ruido que la sátira a menudo queda silenciada.
P. ¿En El Mundo Today preferís reíros de Sánchez o de Trump?
R. Depende. Como Trump ya es un payaso andante y ha convertido el payasismo en su propuesta comunicativa, da hasta rabia caer en su trampa. De hecho, es interesante que, desde el humor, Trump dé miedo, no risa. La aproximación a Sánchez también da su juego: es muy gracioso que vaya a Radio 3 con su camiseta. O que esté rodeado de mangantes y salga a pedir perdón por no darse cuenta. Esto es graciosísimo. Salvo que ha colado. Y eso también da miedo, que al final cuele.
P. ¿La sátira no tiene la ventaja de poder decir todo esto de forma directa?
R. Esto quizás no se puede decir en el editorial de un periódico o en una crónica del Congreso, pero ¿no crees que un columnista en un periódico lo puede decir? Hay espacios para hacerlo. Me gustaría decirles a los periodistas lo que les decía [el cómico] Bill Burr: ¿por qué no le echáis huevos? Los humoristas no tenemos herramientas para hacer esos análisis. Si los periodistas podéis humillar a Juan del Val, también podéis hacerlo con Pedro Sánchez. Esta energía la quiero en las crónicas políticas, no me la pidáis a mí. Además, no se trata necesariamente de atacar, sino de desmontar. A un periodista le pido que desmonte pamplinas.
P. ¿Cómo ha evolucionado El Mundo Today desde 2009?
R. Sin pretenderlo, nuestro humor ha ido cambiando al ritmo al que ha cambiado la sociedad. Por ejemplo, al principio hacíamos muchos chistes de gordos y nos hacía mucha gracia la palabra “gordo”. Ahora buscamos otros ángulos que no sean tan facilones. Para mí es un orgullo avergonzarme de chistes que hacía en 2009 porque significa que no sigo haciendo chistes de 2009. Y hemos tenido la suerte de que la audiencia nos ha acompañado.
P. ¿Qué le parece el uso de la palabra woke en los debates públicos?
R. Me parece infantil. Cuando alguien dice que “hoy en día no se puede decir nada”, imagino a un niño de cinco años diciendo eso. Con estos discursos siempre funciona: todas estas quejas, todos estos lloros se pueden aplicar a la psicología de un niño.
P. ¿Entonces son injustas las críticas a la izquierda por su hipersensibilidad?
R. No es una cuestión de la izquierda: cualquiera que venda solemnidad se llevará mal con el humor, porque el humor le va a buscar las cosquillas. A los humoristas, los políticos nos sonríen, pero no se acercan a menos de tres metros porque es peligroso. Pero, mira, siempre que me sacan este tema recuerdo que el único partido político que nos ha mandado un burofax es el PP. La izquierda, que no sé qué partido es ahora mismo, nunca ha llegado a eso, a contratar a un abogado para meter miedo.
P. Las demandas llegan más desde la derecha, como Abogados Cristianos…
R. Eso es hasta medible, ¿no? También digo una cosa: es sano y normal que la gente se enfade. Va con el trabajo de humorista. En el ensayo me tomo muy en serio la pregunta por los límites del humor, que a los humoristas nos da mucha pereza. Pero si nos la preguntan siempre, igual es porque no la estamos respondiendo. En un ejercicio absoluto de arrogancia me he propuesto cerrar este tema de una vez. También fui listo y cogí cuatro ideas de Habermas sintetizadas, intentando no hacer el ridículo. A partir de su teoría de la acción comunicativa, me pregunto cuándo procede debatir sobre un chiste y cuándo no tiene ningún sentido. Porque cuando tú comunicas algo y hay algún problema derivado de ese acto comunicativo hay cierta responsabilidad. No es adulto ni razonable esconderse y decir: “A mí no me toquéis porque soy humorista”. Hombre, no. Es como cuando te das un golpe con el coche. Hay que hablar e intentar llegar a un parte amistoso. Con la comedia, igual: a veces hay que debatir y puede ser fructífero. Pero ¿qué pasa cuando para la otra persona el golpe es lo de menos? En ocasiones, la ofensa en redes sociales es una estrategia de promoción personal o ideológica, no hay nadie herido de verdad. Entonces el debate no tiene sentido.
P. ¿Hay puntos de contacto entre un filósofo y un cómico?
R. Totalmente. En la facultad hablábamos de las conexiones que había entre la filosofía y el jazz. A veces salía de estudiar a Wittgenstein con la sensación de haber escuchado A Love Supreme, porque ahí hay una estrategia retórica de búsqueda. Igual estoy diciendo una barbaridad, pero da la sensación de que el jazz utiliza el lenguaje musical de una manera poco ortodoxa, poco literal. El humor y la filosofía hacen lo mismo. Tienen esta parte de juego, de buscar siempre el sesgo lateral, de entrar por otro lado al mismo sitio a ver qué encontramos.
P. ¿Cree que la inteligencia artificial podrá hacer el trabajo de El Mundo Today?
R. De momento no se le da demasiado bien. Lo que no podrá es utilizar el humor para expresar su mundo propio, porque no lo tiene. Y para mí es lo más importante del humor. La IA puede fingir la expresión de un mundo interior, pero mucha gente que consume cultura da valor a que haya una persona detrás. Lo maravilloso de la lectura es que estás conectando con la mente de otra persona.
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