¿Un movimiento sexy? El ‘dwerking’, o cómo enseñar el paquete se ha hecho ubicuo en las redes
Bailando, andando o haciendo ejercicio y burlando el control de las redes sociales como si no se dieran cuenta, muchos hombres han descubierto que la mayor fuente de ‘likes’ está en su entrepierna


Es posible que Bad Bunny presuma de ser el primer artista latino en los 68 años de historia de los premios Grammy en ganar en la categoría de Mejor Álbum del Año, pero es poco factible que presuma de otro galardón que le fue otorgado ante el revuelo que generaron las fotografías en las que posaba en calzoncillos para Calvin Klein. Unos boxers que, como indica en Yo siendo yo (Nuevos cuadernos Anagrama, 2026) Hans Laguna, “marcan unos genitales que se adivinan formidables”. Grindr señaló en su anual Grindr Unwrapped que el cantante tiene el “mejor paquete” del 2025. El artista también es considerado el rey del dwerking, término que Urban Dictionary define como “el acto de twerking, pero realizado por un hombre desnudo en el que el pene se mueve al ritmo del baile” (bajo un pantalón, por supuesto). Este tipo de baile, por supuesto, se ha hecho popular en Tiktok.
El hecho de que exista un término con el que aludir a esta manera de bailar y lo habitual que es que las redes sociales aplaudan los atributos masculinos de los famosos indica que la entrepierna masculina, que siempre ha fascinado e intrigado al público pero ha sido censurada por la cámara, ya sea en el cine, la prensa o las redes sociales, se ha convertido en asunto de debate público y ha encontrado una manera de ser visible... sin ser vista. Ya sea a través de anuncios de ropa interior, bailes, ropa apretada o sombras, hay un tipo de lucimiento fálico que ni los algoritmos de las redes sociales pueden censurar.
Incluso Pedro Almodóvar no pudo evitar fijarse en la entrepierna de Jacob Elordi. “Todo los Frankenstein que se han hecho hasta ahora son seres inmundos, el resultado de un montón de partes de otros cuerpos. Siempre ha sido una película de horror, pero ahora le han puesto paquete”, dijo el director en el podcast La pija y la quinqui al hablar de la película de Guillermo del Toro.
La validación del bulto
Hace poco Shredded Baker, un creador de contenido que comparte vídeos horneando pan mientras presume de musculatura, subió una de sus publicaciones. Y se encontró con que los usuarios, que habitualmente alaban sus trabajados abdominales, se fijaron en algo más: “Se hizo evidente que el dinero que se puede ganar solo con contenido en Instagram es mucho menor que el que se puede ganar con OnlyFans”, ha explicado este ingeniero refiriéndose a la monetización de su entrepierna. Desde entonces, su estrellato ha pasado de Instagram a otras plataformas sin censura y con muro de pago.

Anna Sánchez, sexóloga de Platanomelón, subraya aquí una paradoja: las plataformas sancionan lo explícito pero premian el engagement, que muchas veces está atravesado por lo sexual. “Esto empuja a crear un erotismo más sofisticado, más indirecto, pero también más estratégico. No es solo deseo, es performance: se construye una imagen que busca validación, interacción y visibilidad”, dice.
Al hablar de la cantidad de contenido explícito ante el que se encontró al investigar acerca de lo que denomina bulgebait (un juego de palabras con clickbait: si se intuye un bulto genital, muchos ojos se quedarán a mirar), el periodista Eric Schwartau señala que este tipo de contenido es un señuelo perversamente efectivo en la economía de la atención. “En plataformas como Instagram y TikTok, que controlan el contenido explícito, los creadores deben ser lo suficientemente sutiles para sobrevivir a la censura, pero a la vez lo suficientemente sugerentes para despertar el deseo, canalizando así a audiencias con ganas de sexo hacia sitios de suscripción. Las plataformas imponen la modestia mientras explotan la lujuria”, escribe.
“Las mujeres han sido históricamente sexualizadas muchas veces sin control sobre esa mirada, mientras que muchos hombres que hoy se exponen lo hacen desde una posición más elegida y con menor penalización social. Por eso, aunque hay una aparente simetría, las condiciones siguen siendo distintas”Anna Sánchez
Para Eva Moreno, sexóloga, terapeuta de pareja y fundadora de Tapersex, ese contenido, al ser sugerente pero no explícito, conecta con el deseo anticipatorio. “El cerebro se excita cuando tiene que participar activamente y tiene que poner parte de lo que reconoce por la historia que ha vivido, por las experiencias que ha tenido y por el imaginario que se ha creado. La imaginación vive de ese intangible de la expectativa de lo que sugiere, por lo que lo que no se ve es mucho más potente en la mayoría de casos que lo explícito”. Es entonces cuando es oportuno preguntarse si la lascivia está en quien hace la foto, en quien posa o en quien la observa.
Adiós, vergüenza
Ya hablamos de cómo las imágenes de Justin Theroux corriendo en un episodio de la serie The Leftovers (2014-2017) se hicieron populares porque todo el mundo se fijó en que su pantalón de chándal y la actividad que hacía su personaje dejaba intuir sus dotes, más allá de las interpretativas. “No quiero decir que se me cosificó, pero fue algo vergonzoso. Es como si llevas shorts y alguien te los baja de golpe en público”, explicó a la revista Elle. Algo similar le ocurrió a Jon Hamm. Existe un tumblr llamado Jon Hamm’s Wang cuyo lema es “A Jon Hamm le gusta ir sin ropa interior” y para demostrarlo, su creador sube contenido que parece reforzar su teoría. The New York Daily News habló con un trabajador anónimo del canal televisivo estadounidense AMC que aseguraba que la poderosa entrepierna del actor estaba siendo un problema durante el rodaje de Mad Men. “La temporada transcurre en los años sesenta, donde los pantalones son muy ajustados y dejan poco a la imaginación. La impresionante anatomía de Jon distrae tanto que insistieron amablemente en que usara ropa interior”. Al actor no le hizo gracia. “Se llaman ‘partes íntimas por algo. Llevo calzoncillos, joder. Dejadme en paz. No es que sea un minero de plomo. Hay trabajos más duros en el mundo. Pero cuando la gente se siente con la libertad de crear cuentas de Tumblr sobre mi polla, siento que eso no formaba parte del trato… Pero bueno. Supongo que es mejor que ser criticado por lo contrario”, aseguró.

Esto ocurrió hace años, pero hoy esa mirada antes no deseada, esa interpretación sexualizada de cualquier bulto, sombra u objeto, se busca activamente. Y. por supuesto, hay una mirada por parte de millones de internautas que está dispuesta a encontrarla.
El influencer Anwar White es el artífice del término catching print, que implica estimar el tamaño del pene de un hombre observando el contorno de sus pantalones y clasificándolos. Tiene más de medio millón de seguidores. Pero hay quienes no necesitan que la gente estime el tamaño de sus genitales porque se asegura de presumir de atributos en sus redes y en sus aplicaciones de citas, algo que no todo el mundo valora.
Miguel, periodista y usuario de este tipo de aplicaciones, explica sobre los perfiles que presumen, demasiado abiertamente, de atributos sexuales: “Me genera sentimientos encontrados y me da la impresión de que es una persona insegura o alguien que solo se valora a sí mismo por su pene. Si lo primero que veo es un tío marcando paquete de forma disimulada o de forma descarada, me genera rechazo”.
“¡Los gais somos la avanzadilla en tantas cosas!“, opina Gabriel J. Martín, autor de Quiérete mejor, maricón (Roca Editorial, 2026). “Nosotros hemos tenido que idear docenas de formas de sortear prohibiciones, censuras y habladurías, somos expertos en hacer llegar un mensaje con todo el disimulo aunque, la verdad, eso es algo que se está quedando atrás. Las nuevas generaciones, también los heterosexuales, se han encontrado un mundo mejor donde pueden mostrarse sin miedo y sin más censura que la que establezca la red social”. En este sentido, lo que apunta Martín es una idea que se viene apuntalando desde hacer años: el deseo especular, ese que antes parecía afectar a alguien que siente atracción por su mismo sexo, también alcanza a los hombres heterosexuales. Cada vez más se lucen, se miran y se comparan con otros cuerpos masculinos. Si esto fuese una competición, la mirada homoerótica habreía ganado.

Anna Sánchez apunta a este respecto: “Durante mucho tiempo, el cuerpo masculino no se ha ofrecido como objeto de deseo de forma tan explícita en lo mainstream, pero sí ha circulado en espacios del colectivo LGTBIQ+, donde la mirada hacia el cuerpo de los hombres, y su erotización lleva más tiempo siendo visible y legitimada. Lo que vemos ahora en redes generalistas es, en parte, una expansión de esos códigos hacia el público masivo”, asegura.
Lamenta que, pese a estar asistiendo a una apertura del “derecho a ser objeto de deseo”, esta no implica necesariamente una transformación completa de las reglas del juego. Es decir, ahora más hombres se exponen, erotizan su cuerpo y buscan validación a través de él. “Las mujeres han sido históricamente sexualizadas muchas veces sin control sobre esa mirada, mientras que muchos hombres que hoy se exponen lo hacen desde una posición más elegida y con menor penalización social. Por eso, aunque hay una aparente simetría, las condiciones siguen siendo distintas”, dice. Considera que lo interesante no es solo que los hombres también se muestren, sino cómo se redistribuye la mirada: quién mira, quién es mirado y qué consecuencias tiene eso. Por ahora, en las redes sociales, cada vez vemos más. Pero, algoritmo mediante (y tal vez, afortunadamente), seguimos sin verlo todo.


























































