“No es solo pelo, es narrativa”: por qué tantos hombres presumen de vello en 2026
El vello púbico masculino ha pasado de ser considerado sucio (en más de un sentido) a convertirse en algo que se muestra con intención, genera deseo y resulta hasta... político


“Los hombres están posteando sus matojos… Y es genial”. Es el provocador título de un artículo de GQ que habla de lo habitual que comienza a ser que los hombres, lejos (o aparte) de presumir de pectorales o abdominales en sus redes sociales, muestren con cierto orgullo disfrazado de despiste el vello del pubis en sus redes sociales.
Jon Gómez, creador digital de viajes y estilo de vida, muestra a menudo imágenes de sus viajes con bañadores más bien pequeños que no ocultan el vello de ninguna parte de su cuerpo. Y explica a ICON que mientras que la tendencia en los noventa y principios del siglo fue vender la imagen limpia de un hombre sin pelos, con cierta estética efébica, en las dos décadas posteriores el vello se ha empezado a valorar como algo sexy. “Últimamente, con el vello púbico, se suma otro elemento: hay algo en unos pelitos asomando que inevitablemente suscitan curiosidad y sugieren un caminito que lleva a otro lugar que está tapado. Creo que entre gays esto ha pasado más aún porque en general estamos más conectados a nuestra sexualidad”, explica. Exhibir el vello púbico, para él, supone aceptar la propia naturaleza y aceptar la parte animal de cada uno. “Tiene que ver con ir más allá de esa imagen pulcra e inofensiva. Me parece que hay algo combativo en ello. Todo lo que sea salir de la norma establecida para expresar identidad lo es”, asegura.
Hace tres años Bad Bunny revolucionó las redes sociales al subir una imagen en la ducha en la que se veía su vello púbico. Y una de las imágenes más populares de Robbie Williams es una en la que posa sin camiseta y con el pantalón estratégicamente desabrochado para dejar ver su pubis. En 2023, en una rueda de prensa en Sydney, un becario del show Kyle and Jackie O pidió al británico un vello de su pubis. “Te lo doy luego”, dijo. En la alfombra roja de los VMA de 2025, Yungblud posó ante los medios con el pecho descubierto y el pantalón lo suficientemente bajo como para dejar poco a la imaginación. En la historia de Hollywood hay numerosos ejemplos de momentos en los que el vello de las partes íntimas de un hombre ha sido visto a toda pantalla: Harrison Ford en Frenético (1988), William Hurt en Fuego en el cuerpo (1981), Jamie Dornan en Cincuenta sombras de Grey (2015)... Son ejemplos notables en una industria, la de Hollywood, dada a no mostrar el desnudo masculino (solo el femenino) y a una estética higienizada en la que siempre han reinado, por ejemplo, los torsos masculinos depilados.

Desde hace décadas el exceso de vello masculino se entendió en los productos destinados a todos los públicos como algo que podría resultar demasiado animal, inequívocamente erótico. Estrellas como Clark Gable, Errol Flynn o Cary Grant. Un William Holden de 37 años fue obligado por Columbia Pictures a depilarse el pecho para la película Picnic (1955). El estudio consideraba que la imagen del pecho velludo de Holden era muy “sucia” para el público, y aquí “sucia” tiene muchas connotaciones. Si la historia resulta antigua, saltemos casi 60 años, hasta 2013. Entonces los productores de El hombre de acero pidieron a Henry Cavill que se depilase el pecho para sus escenas como Superman sin camiseta. Solo que, esta vez. Cavill se negó.
El vello sigue siendo más que estética, casi un posicionamiento vital. La serie más popular del año, Más que rivales, también ha dejado declaraciones (y posiciones) sobre el vello púbico. El hecho de que una de sus estrellas, Hudson Williams, hablase durante un buen rato sobre ello en una entrevista y que la revista People le dedicase un artículo ya indica que el tema ha pasado de la anécdota personal o un morbo particular a algo parecido al interés público. Williams explicó en una entrevista en el podcast Shut Up Evan que se había ocupado del vello de sus partes íntimas para el rodaje de las escenas de sexo de la serie, pero remarcó: “No me gusta que la gente se depile por completo. No me gusta el aspecto prepúber. Un pene depilado puede parecer un topo desnudo”.
@symphonystories0 Why does Connor Storrie always show his stomach hair after finishing Heated Rivalry? #usa #fyp #connorstorrie #hudsonwilliams #heatedrivalry
♬ original sound - SymphonyStoriesyys
El otro protagonista de la historia, Connor Storrie, colecciona vídeos en TikTok que analizan el vello que baja desde su ombligo a sus partes íntimas, en el que tanto la realización de la serie como millones de fans en Internet parecen recrearse.
Púbico/público
Pero hoy el vello público (y su debate) está en las redes sociales. En Tiktok existe la corriente Bushtok, que cubre el tema del vello púbico en las mujeres, pero cada vez son más quienes están extendiendo la conversación hasta los hombres. La moda también se ha dejado seducir por el vello púbico. Las prendas más controvertidas de la colección primavera/verano 2026 de Jean Paul Gaultier (obra del diseñador Duran Lantick) eran trajes ajustados que reproducían un cuerpo desnudo y velludo, tanto en modelos masculinos como en femeninos.
Xènia García, fundadora y directora de CINC Estética, explica que el cero vello ha quedado atrás. “Hoy en día la estética busca algo que siga conservando la masculinidad, pero con un acabado más natural y a la vez que se vea arreglado y pulido. Es decir, que no sea un vello descontrolado sino que sea un vello que baje un poquito la intensidad del vello o más perfilado o más recortado. Ya no existe la tendencia que había antes de ‘no queremos vello’. Y la verdad es que eliminar completamente el vello púbico es difícil”.
“Creo que hay una vuelta, en general, a la comodidad”, añade Nayara Malnero, sexóloga, psicóloga y terapeuta de parejas. “Tanto hombres como mujeres nos hemos dado cuenta de que no pasa nada porque haya pelo. Al fin y al cabo, se trata de reivindicar algo que es natural y, en el caso de los hombres, no hay nada más masculino que el vello corporal. Eso diferencia naturalmente al hombre de la mujer, y el hecho de darle una vuelta y de convertirlo en algo sexy puede ser algo genial”.
La directora de cine para adultos Erika Lust cree que el vello púbico masculino ha sido el gran olvidado por culpa de décadas de obsesión por lo pulido y lo limpio. “Cuando todo está demasiado perfecto deja de ser sexy y provocador. Y de repente, aparece el vello púbico, como un pequeño acto de rebeldía. Es piel real, cuerpo real, deseo real. Es como ese botón de la camisa que no se abrocha del todo: no enseña todo, pero lo sugiere. Y ahí está la magia. Además, ahora se está entendiendo casi como un accesorio más, un detalle que completa el look, algo que se deja ver con intención, no por descuido. Y eso siempre es sexy: cuando algo parece casual… pero no lo es en absoluto”, explica.
Lust considera que en la pornografía predominó durante años una estética muy homogénea y controlada, pero cada vez hay más espacio para cuerpos diversos, menos normativos, donde el deseo no responde a un único modelo. “Y en ese cambio, el vello, también el masculino, deja de ser algo que se elimina automáticamente para convertirse en una elección estética y erótica. Ya no es descuido, es intención. Y cuando hay intención… hay deseo”, asegura.
La mirada homosexual y “el bigote de abajo”
“El deseo gay es mucho más heterogéneo de lo que se nos presupone desde la publicidad o las redes sociales”, afirma Gabriel J. Martín, Autor de quiérete mejor, maricón (Roca Editorial, 2026). “Pero a quienes les gusta el vello suele gustarle porque lo asocia, consciente o inconscientemente, a la masculinidad y, para muchos, esto es algo estimulante. Tambien es cierto que en el caso concreto del vello púbico, por estar tan relacionado con los genitales, lleva aparejada la estimulación sexual de quien lo contempla porque, de alguna forma, anuncia la proximidad de algo erótico y sugerente”.
“Creo que el hombre heterosexual todavía tiene muchos complejos y le cuesta verse como objeto de deseo porque en su imaginario este rol ha estado siempre asociado a la mujer”, remata Jon Gómez. “Para muchos hombres heterosexuales, posar de forma provocadora o sexualizarse es vergonzoso porque les equipara a una mujer y los coloca en el lugar de observados en el que ellos siempre han colocado a la mujer”.
“El vello púbico es como el bigote de abajo: aparece y desaparece según cómo se negocia la masculinidad en cada época”, concluye Lust, que asegura que en momentos donde la masculinidad está más “controlada” o estetizada, se elimina. “Cuando hay una necesidad de volver a lo auténtico o incluso de cuestionar qué significa ser masculino, el vello vuelve con fuerza. No es solo pelo: es narrativa. Históricamente ha estado ligado a la virilidad, a lo no domesticado. Pero lo interesante ahora es que no responde solo a eso”, asegura. “Hoy vemos algo más complejo: no es solo ‘soy muy macho’, sino ‘soy dueño de mi cuerpo y lo muestro como quiero’. Es una masculinidad más consciente, más libre, incluso un poco exhibicionista, pero con estilo. En un mundo cada vez más filtrado y artificial, enseñar algo tan básico y tan humano es casi un gesto político… o al menos un coqueteo con la idea de ser real”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































