De Timothée Chalamet a Jacob Elordi: por qué todos llevan broches en 2026 (o cómo lucir un millón en la solapa)
“Es más visible que un anillo y menos invasivo que unos pendientes”, dice un especialista. ¿Puede el broche convertirse en la próxima revolución de la joyería masculina?


Hubo un objeto en las solapas de los invitados a la última gala de los Globo de Oro que llamó especialmente la atención. Más allá de la chapa viral Be good (“Sé bueno”) con la que celebridades como Mark Ruffalo honraron a Renée Nicole Good, tiroteada por un agente del ICE durante una redada migratoria en Minnesota, destacó un accesorio con un menor significancia política pero igualmente llamativo sobre la chaqueta de esmoquin con la que numerosos actores acudieron a la cita. La joya en cuestión, un broche de alta joyería prendido en el doblez de satén que suele acompañar a este tipo de prenda, adquiría formas y lenguajes tan diversos como los personajes que la defendían.


Los hubo discretos y florales, como el diseño de Pasquale Bruni que llevó Orlando Bloom en oro blanco de 18k y diamantes (hay piezas semejantes desde 97,500 euros); frente a fórmulas mucho más historiadas, en concreto, la del ramo de broches diseñado por Dolce & Gabbana que lució en su chaqueta Patrick Schwarzenegger. Un gesto que en redes sociales no tardaron en identificar como un discreto homenaje a Joan Rivers, la legendaria humorista y también reina de las comentaristas de la alfombra roja, que solía llevar a menudo un abejorro de diamantes muy parecido al del protagonista de White Lotus.



Más broches que derrochaban quilates se sucedieron sin descanso en la edición 83 de los premios de cine y la televisión: del llamativo diamante de talla esmeralda Bird on a Rock de Tiffany sobre el Saint Laurent de Connor Storrie –una evolución del famoso broche creado por Jean Schlumberger en 1965 y que está valorado en unos 1,7 millones de dólares–, a la medalla de Bvlgari que Oscar Isaac combinó con su traje a medida de The Row, o la peculiar apuesta del rapero Snoop Dogg por una pieza de Talia Coles, conocida por su marca de chaquetas de cuero, Cisum Couture.
Algunos broches aparecieron por partida doble, como los de la colección Histoire de Style, Untamed Nature, de Boucheron, inspirada en la naturaleza, que se instaló con numerosas hojas de hiedra en la solapa de Colman Domingo o rodeada de pavé de diamantes para el cocreador de Hacks, Paul W. Downs, ambos embajadores de la firma francesa.

Este delirio entre el público masculino por los broches de alta joyería a la hora de vestir de etiqueta viene gestándose desde hace tiempo. Nacido en el Antiguo Egipto para sujetar la ropa –antes de convertirse en un símbolo de estatus adornado con metales y piedras preciosas–, el broche parece haber entrado en pugna con el reloj como la eterna joya del armario masculino. Jeff Goldblum, una de las figuras mediáticas que aporta más color y experimentación a las casi siempre convencionales alfombras masculinas, ha hecho de este accesorio su seña de distinción en la última década. Cada aparición del protagonista de Parque Jurásico, nutrida de trajes a medida de Prada y Saint Laurent que lleva el sello del estilista Andrew T. Vottero, refuerza el personaje. Quedará para la posteridad el trío de broches que llevó en la Met Gala de 2024, donde cabe destacar los 52 quilates del berilo verde de un alfiler de Tiffany; o la cascada de diamantes en forma de mariposas de la joyería De Beers sobre una chaqueta esmeralda, en un ejercicio redondo de method dressing para promocionar su personaje del Mago de Oz en la saga de Wicked.


En esta lista no podía faltar Jacob Elordi, un armario de tendencias andante cuya devoción por Bottega Veneta va más allá del bolso Andiamo que lleva a todas partes, Lo demostró en la última edición del festival de Cine de Marrakech con un broche en forma de rana perteneciente la colección primavera-verano 2025 de la firma italiana.

Tampoco fallaría el músico Omar Apollo, visto también con un motivo reptil diseñado por Chopard sobre un traje de Valentino, un supuesto guiño a la estética de su personaje en la película Queer de Luca Guadagnino, en la que debutó como actor. Con el cineasta italiano comparte la misma filia por esta joya. En la gala de los Oscar 2018 no solo deslumbró por las nominaciones de Call me by your name, sino por un prominente broche en forma de araña de oro amarillo y blanco, diamantes y perlas barrocas. Una primera incursión en la tendencia que se repetiría a lo largo de los años, y que no tardó en replicar su protegido Timothée Chalamet, como el diseño vintage de diamantes y rubíes de Cartier que lució en los Oscars de 2019.

Más allá de estrenos de cine y eventos de moda, la realidad es que esta joya usada desde el Renacimiento por la realeza para comunicar poder –el joyero de la Reina Isabel se nutría de icónicos diseños como el Cullinan V con un diamante central del mismo nombre, el más grande del mundo hasta la fecha– ha visto un rebrote significativo en 2025. Según un informe de la plataforma digital RetailBoss especializada en el mercado minorista, las ventas de charms y broches experimentaron un aumento del 207% durante el segundo trimestre del año pasado.
El maximalismo emergente en la moda y la personalización en la demanda de accesorios, apunta la fuente, serían los motivos que han impulsado la compra de estas piezas de coleccionismo. Para Sebastian Kaufman, creador de la plataforma JWL dedicada al comercio de joyas vintage y de segunda mano, si concretamos el interés entre el público masculino, tendríamos que empezar por la apertura del hombre a experimentar en otros campos de estilo. “Esto es algo evidente, que sucede desde la pasarela hasta incidir en la calle”, explica a ICON. También cree que el hecho de que marcas de alta joyería hayan puesto el foco en una nueva ola de embajadores masculinos como Colman Domingo, Timothée Chalamet o Jacob Elordi refuerza el fenómeno. Pero, ¿por qué luciendo un broche y no otro tipo de joya? “Resulta más visible y complementario al rostro que un anillo, pero menos invasivo que un pendiente”.
En ese mapa aspiracional que dibujan las firmas y diseñadores durante las Semanas de la Moda, el broche ha irrumpido con fuerza en las últimas temporadas. La nueva era del hombre Dior, con el desembarco de Jonathan Anderson en su dirección creativa, resetea los códigos del clasicismo masculino a través de un panal de épocas y con piezas de joyería que adquieren la forma de un trébol, a un caballo o una abeja articulada. Diseñadas en plata de ley y con cierre de alfiler, forman parte de la colección Dior Couture Charms, la primera del diseñador que reafirma ese ideario moderno palaciego creado por Anderson para la firma francesa. Saint Laurent, Valentino o Hermès (con su diseño Destrier Minérale, que referencia el mundo ecuestre) son otras casas de costura que se han sumado al fenómeno con diseños creados en exclusiva para el público masculino.
En el plano terrenal, alejado de alfombras rojas y pasarelas, Kaufmann augura un futuro próspero a este tipo de joyas y apunta que la demanda por parte del público masculino es equiparable al femenino. “Es muy gratificante ver que lo incorporan a su look de forma orgánica. Los broches son capaces de aportar desde simbolismo religioso hasta juego y diversión; desde una nota de sobriedad hasta un mensaje de extravagancia. La versatilidad es infinita”. Y no es necesario recurrir a ellos solo en un vestuario de gala. “Un buen broche puede acompañarnos en el día a día sobre una cazadora tejana o una bomber. Y, al mejor estilo de A$AP Rocky, nada como superponer varios en un mismo look dándole un giro divertido, informal y sumamente individual”.
Con un amplio catálogo de piezas limitadas de alta joyería procedentes de los siglos XIX y XX, el empresario confiesa que entre sus consumidores masculinos no existe un perfil concreto; pueden desempeñar desde profesiones tradicionales –”que buscan dar una nota de individualidad a su traje sastre”–, a creativos para los que el broche es una extensión de su visión artística. “Los más buscados son los diseños de inspiración animal de Cartier, Bvlgari y Van Cleef & Arpels. No solo por la maravillosa creatividad histórica de estas marcas sino también por su valor de reventa”. Individualidad y una inversión segura, dos valores definitivos para atreverse a probar la tendencia.
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