Talar el jardín del Posío: cuando el árbol es una cosa ‘woke’
Quitar árboles parece ser el nuevo mantra de muchos alcaldes reaccionarios. El jardín histórico del Posío, en Ourense, se tala y hormigona para construir una gran cafetería

Toda ciudad tiene un jardín moral. Un lugar que le recuerda a los hombres la complejidad viva sobre la que se organiza esta sopa urbanizada de edificios, calles y tráfico a motor. Un sitio cercado para el recogimiento, donde sucede el encuentro con lo exótico y lo salvaje. Un espejo de nosotros mismos con nuestros anhelos y nuestros temores. En Ourense, la pequeña y antigua ciudad episcopal de la Galicia interior, que los locales llamamos Auria recordando su pasado romano, este lugar singular es el jardín del Posío. Un buen trozo de tierra fundado a mediados del siglo XIX como un jardín experimental.
Para llenarlo de complejidad vegetal, trajeron centenares de especies exóticas del Jardín Botánico de Madrid en un viaje épico en carro de mulas. El Posío fue diseñado para el recreo y la conmoción y en él crecían palmeras canarias, mimosas de Japón, cedros y tilos fabulosos. Hasta hace poco, todavía correteaban por sus parterres los pavos reales. Era la misma idea de un jardín espiritual, un lugar para el reencuentro con la complejidad de los árboles. El parque se ha ido malogrando con los años. Las sucesivas intervenciones municipales lo han ido reduciendo en tamaño y riqueza. Uno de sus lados fue seccionado por una calle irónicamente llamada El Progreso. Después asfaltaron uno de sus caminos de zahorra y amputaron las farolas decimonónicas para sustituirlas por unas luminarias modernas, horribles y totalmente fuera de contexto. Dejaron morir la rosaleda y el paseo de palmeras se infectó del picudo.

Ahora, el jardín está recibiendo su estocada final. El ayuntamiento quiere convertirlo en una explanada que es casi plaza dura y sin sombra natural, haciendo del viejo parque un tormento de hormigón desmemoriado. Hace unos meses que han tapado las hermosas verjas de hierro para que nadie pueda ver lo que está pasando dentro. Un vídeo anónimo enviado por WhatsApp alertó a los vecinos al mostrar la tala indiscriminada y secreta de algunos ejemplares. El experto en gestión forestal Xosé Santos, de la asociación Amigas das Árbores, ha contabilizado la tala de al menos 25 ejemplares de gran porte. Para Santos, están amenazados muchos más árboles, ya que se está usando maquinaria pesada sin control, lo que compacta el suelo, impide la transpiración y la filtración de aguas y degradará irremediablemente a los árboles sanos que aún resisten a las retroexcavadoras.
En un terrorífico render publicado en la web del ayuntamiento y publicitado en el exterior del jardín se ilustra cómo quedará el parque después de gastarse casi tres millones de euros, una cifra escandalosa para “recuperar” un jardín que ya era perfecto: el antiguo parque se secciona y desmembra para ejecutar una gran cafetería de hormigón armado y una zona con columpios modernos, poniendo fin al jardín histórico. Tres millones de euros de un ayuntamiento periférico derrochados para construir una plaza sin casi árboles, sin memoria, sin gusto, que además priva de sombra y transpiración a una de las ciudades con los veranos más calurosos de España. Un desastre mayúsculo que, contra todo sentido común y amor a la vida, avanza impunemente. Y avanza talando árboles que no estaban contemplados en ningún plan, expulsando a las personas de un lugar de encuentro bajo la sombra, que pasa a ser un lugar sin sombra, una gran terraza hormigonada de centro comercial. Xosé Santos lamenta que el proyecto haya sido modificado sucesivamente mientras las obras se están ejecutando “sin el asesoramiento de expertos, ni urbanistas, ni paisajistas ni una exposición pública ni un concurso de ideas”. El fin del parque es el plan de unos pocos y se realiza desde el oscurantismo más terrible.
La importancia de los baños de bosque
El argumento de cualquier experto cabal, en este contexto de cambio climático, para combatir las islas de calor y permitir a los habitantes de las ciudades un reencuentro con la naturaleza es hacer regresar los árboles a los entornos urbanos. La regla 3-30-300 del urbanista Cecil Konijnendijk propone ciudades más verdes y saludables bajo una premisa sencilla: ver tres árboles desde casa, tener un 30 % de cobertura arbórea en cada barrio y vivir a menos de 300 metros de un espacio verde. Porque contemplar árboles y sentirlos cerca reduce el estrés, mejora el aire y favorece la salud. En Ourense, como en la mayoría de las ciudades, esta regla rara vez se cumple: solo un 30–40 % de la población española vive en áreas que satisfacen estos tres criterios. Las fitoncidas, los aceites esenciales antimicrobianos que los árboles liberan para protegerse de bacterias, hongos e insectos, y que también benefician la salud humana al inhalarse en el bosque, le recuerdan al hombre que el árbol no es una necesidad estética, sino física y espiritual. Por eso los japoneses se dan baños de bosque, sumergiéndose conscientemente entre los árboles, con todos los sentidos, sin prisa ni objetivos, para sencillamente saberse parte de todo lo vivo en una conexión inconsciente que mejora su bienestar mental y emocional. Porque la tierra estimula el sistema inmunitario. Nos recuerda quiénes somos. Al fin y al cabo, humano viene de humus.

Pero estos argumentos están muy lejos de las intenciones de corporaciones municipales como la de Ourense. Acorralado por las protestas vecinales, que han rodeado el jardín y han pedido el fin de la tala y una información clara de lo que están haciendo dentro del jardín, el ayuntamiento lanzó un comunicado atropelladamente y en día festivo en el que se excusaba de “árboles improcedentes”, a la vez que esgrimían otro mantra: para ellos es lo mismo plantar un pequeño árbol benjamín que talar ejemplares adultos y consolidados. Biólogos expertos como Óscar Paradelo señalan que la empresa adjudicataria encargada del mantenimiento, que ha cobrado más de un millón de euros por sus servicios, ha firmado informes sin rigor biológico, ni análisis pertinentes, sin sistemas científicos de evaluación como la barrena o los tejidos de sostén, argumentando el buen o mal estado de los ejemplares apenas con unas fotografías.

Son muchos los vecinos que piensan que el jardín del Posío debería permanecer intocado como el Retiro de Madrid o la Alameda de Santiago de Compostela, parques históricos donde se sigue respirando un aire decimonónico y a nadie se le ocurre asfaltarlos, ni construir columpios modernos, ni cortar los árboles viejos o, mucho menos, construir una cafetería de hormigón en una de sus alas. Las asambleas vecinales o las acciones poéticas como rodear el jardín que pedían al consistorio transparencia en los arboricidios del jardín han sido reiteradamente ignoradas y acusados de “bulos de fanáticos”. Este atentado silencioso y su conversión en algo cercano a una plaza dura es tristemente similar a demasiados ejemplos contemporáneos, como la plaza de Santa Ana en Madrid o la tala frente al Mercado Central en Zaragoza. Y es que cuando los jardines han sido agredidos por decisiones que priorizan el cemento sobre las raíces, las consecuencias son irreparables. Como escribió John Ruskin: “La restauración es una mentira. Lo que una vez ha sido destruido, ya no puede restaurarse”. Cada árbol centenario talado, cada sombra perdida, lleva esa verdad escrita. Como los edificios antiguos, los parques históricos también merecen un respeto y adoración escrupulosos: es un atentado contra su historia y su dignidad, que son en definitiva la de todos.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.