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De los Saboya a la casa real griega: dinastías que no reinan, pero han sabido cómo tener voz

Sin pretensión política de reinstaurar la monarquía en sus países, hoy funcionan más como una marca privada que como una institución. “No tienen poder real, pero sí tienen atención. Y eso, bien usado, es oro”, analiza la experta en marca personal Ana Jiménez

Ana María de Grecia y su hijo Pablo, en el funeral de Irene de Grecia, en Atenas, el 19 de enero de 2026. Pool (Getty Images)

Manuel Filiberto de Saboya, Pablo de Grecia, Luis Alfonso de Borbón. Los tres son los jefes de sus dinastías y forman parte de una larga lista de casas históricas que ya no reinan, pero que siguen siendo protagonistas de la actualidad: ocupan titulares en medios y también horas de televisión, y comparten tiempo y actos con miembros activos de realezas europeas. Son los máximos representantes y pretendientes a ocupar el trono en países donde las repúblicas llevan instaladas y consolidadas desde hace décadas, e incluso siglos. No tienen pretensión de reinstaurar las monarquías; aunque algunos lo han soñado.

No tienen ningún papel institucional, pero si algo han conseguido es que su nombre sea reconocido. Ya sea por su asistencia a eventos y citas públicas, como por sus negocios e incluso por su presencia en redes sociales, donde no pierden oportunidad de mostrar los privilegios de su día a día. Han descubierto cómo tener voz para conseguir reinar a su manera, aunque sea solo recordando que están ahí. “Viven en una especie de limbo muy interesante: no tienen poder real, pero sí tienen atención. Y eso, bien usado, es oro”, explica Ana Jiménez, experta en marca personal.

Uno de los últimos en mover ficha ha sido Luis Alfonso de Borbón, quien se define a sí mismo como “príncipe Luis de Borbón, duque de Anjou, jefe de la Casa de Borbón y sucesor legítimo de los reyes de Francia”. El pasado mes de diciembre puso en marcha su propia página web, donde subraya que asume el legado de pertenecer a la rama mayor de los Borbones franceses y que quiere mantener vivos los valores asociados a la monarquía histórica francesa. Insiste también en que su papel es de carácter moral y patrimonial, no político. “Los franceses de hoy no tienen por qué negar su historia: esta les permite encontrar modelos para construir la Francia del mañana”, explica en su web.

Nacido en Madrid en abril de 1974, Luis Alfonso de Borbón es hijo de Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón y Dampierre. Por tanto, es bisnieto de Franco y del rey Alfonso XIII. Este parentesco con la monarquía española le convierte en un habitual en celebraciones, como la boda del príncipe Felipe con Letizia Ortiz en 2004. Aunque la mayor parte de su vida mantuvo un discreto perfil, en la última década ha pasado a ser un habitual de los reportajes de la revista ¡Hola!, convirtiéndose así en un personaje más de la prensa del corazón. Tanto es así que su primogénita, Eugenia, fruto de su matrimonio con Margarita Vargas, ya fue portada de la publicación en 2024 cuando fue protagonista en el Baile de Debutantes, en París.

Pero también está presente en Instagram, donde acumula 64.300 seguidores. Es aquí donde comparte su agenda de compromisos y donde recuerda a los usuarios —siempre con publicaciones en francés— que él es el legítimo heredero, a pesar de tener un competidor: Juan de Orleans, actual conde de París. “No basta con venir de dónde vienes, tienes que demostrar que sabes moverte en el mundo actual. Inversiones, empresas, fundaciones... todo eso convierte el legado en algo tangible”, subraya Jiménez.

Otro de los ejemplos que más ha dado que hablar este año es Pablo de Grecia, actual jefe de la casa helena. A diferencia de su padre, el rey Constantino II, fallecido en enero de 2023, él nunca ha mostrado interés por recuperar la monarquía. Apenas vivió un par de años en Atenas antes de tener que exiliarse junto al resto de la familia, primero a Roma y después a Londres, pero ya ha regresado a su país natal con el único objetivo, asegura, de servir de ayuda. “Mi padre no me crio como sucesor para convertirme en rey. Me crio con los principios que él creía que debíamos tener: amor por nuestra patria y ser fieles a nuestras tradiciones”, explicó en una entrevista reciente a una cadena de televisión griega. Sobre si tenía algún interés en restaurar la corona, fue muy claro: “Han pasado 50 años. Creo que la República de Grecia y la Constitución son muy firmes. Ahora se me hace esta pregunta quizá porque fui hijo de un rey. Estamos en 2026. La República continúa y es fuerte. La Constitución es fuerte. No existe tal problema. He adoptado la ciudadanía griega en mi nombre y vivo aquí, cerca de ustedes. Soy un griego que creció en el extranjero y ha regresado. Déjenme vivir mi vida. Quiero contribuir a mi país, quiero ser útil. No pido nada diferente”. Unas declaraciones que han reforzado su figura: “Si se posicionan políticamente de forma demasiado clara o fuera de contexto, el apellido, que durante años ha sumado, puede empezar a restar”, advierte la experta en marca personal.

Tanto él como sus cinco hijos y su esposa han conseguido hacerse un hueco en las redes sociales: Pablo de Grecia acumula 108.000 seguidores en Instagram y Marie Chantal tiene 263.000; su hija mayor, Olympia de Grecia, posee 309.000; Constantino Alexios, 159.000; Achileas es el que más followers tiene de la familia, 335.000; Odysseas, 16.800; y Aristides, 6.900. “Antes dependían de la prensa. Ahora tienen el control absoluto de su narrativa. Las cuentas que mejor funcionan mezclan dos cosas: estética de linaje y vida normal. Fotos cuidadas, actos, referencias históricas... pero también deporte, viajes, familia. Esa mezcla humaniza sin quitar estatus. No dejan de ser príncipes, pero no parecen de otro planeta”, analiza Jiménez.

Manuel Filiberto de Saboya, nieto del último rey de Italia y quien también se ha convertido en un personaje más del papel couché, es el actual pretendiente a la corona italiana. Es una figura particular y camaleónica: ha sido empresario culinario, showman, diseñador, mecenas, tertuliano, jurado de concursos televisivos, concursante, cantante, presentador... En un país que no reconoce los títulos nobiliarios ni les otorga ninguna relevancia desde 1946, cuando los ciudadanos eligieron la república como forma de gobierno, él se postula como el máximo representante de la casa de los Saboya. “Si no haces nada, el apellido se convierte en decorado. Cuando uno de ellos monta un proyecto, lidera una institución o se mete en iniciativas culturales, está haciendo algo muy simple: darle contenido a su historia”, aporta Jiménez.

Su hija, Victoria de Saboya, también se está haciendo un hueco en la industria del modelaje. Ella cuenta con 102.000 seguidores en Instagram; él suma 142.000. “Hijas como Olympia de Grecia o Victoria de Saboya han llevado todo esto al terreno de la moda, la imagen y la cultura visual. Han traducido siglos de historia a un lenguaje que entiende su generación”, expone Jiménez.

Algunos de estos royals cuentan con más seguidores en redes sociales que otros perfiles oficiales de casas reales europeas como la belga, con 222.000 seguidores, y la de Mónaco, 226.000. “Al no tener responsabilidad institucional, tienen una libertad que las monarquías reinantes no pueden permitirse. No están sometidos al mismo nivel de escrutinio político ni a la presión constante de lo público. Eso les da un blindaje digital muy potente” apunta Jiménez. Y añade: “Si hay polémica, pueden bajar el perfil, cambiar el foco, controlar su narrativa desde sus propias redes. No tienen que emitir comunicados medidos al milímetro ni responder a estructuras rígidas. Funcionan más como una marca privada que como una institución del Estado”.

Pero estas tres dinastías no son las únicas que utilizan las redes para tratar de ser relevantes pese a no ejercer ningún papel institucional. Otros ejemplos, aunque no tan conocidos, son el del Gran Duque Jorge de Rusia, heredero de los zares, quien acumula 34.300 seguidores en Instagram; Leka de Albania, que suma más de 66.000 y que en los últimos años ha protagonizado polémicas por sus relaciones sentimentales y que ha llegado a ejercer como colaborador de políticos albaneses; el príncipe Felipe de Serbia, con casi 40.000 seguidores, quien ha convertido su perfil en una mezcla entre historia, actos públicos y familia; y Simeón de Bulgaria, que se sigue autodenominando rey en sus redes sociales, a pesar de que Bulgaria es una república desde 1946. “Todo esto va de lo mismo: han pasado de ser figuras históricas a ser marcas personales. Y como cualquier marca, tienen distintos caminos. Algunos juegan a lo institucional, otros al lujo discreto, otros a lo mediático. Pero todos están haciendo lo mismo: gestionar atención”, sentencia la experta.

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