Cindy Crawford, los 60 años de la modelo que cambió las reglas del juego
La hoy también empresaria fue de las primeras en compaginar las pasarelas con anuncios como el icónico de Pepsi, acercó la moda a las masas con un programa de MTV y es de las pocas que ha logrado imponerse al edadismo de la industria


Su nombre es historia viva de la moda. Cindy Crawford logró acabar con algunas reglas no escritas de una industria reacia a grandes cambios y es de las pocas que ha logrado imponerse al edadismo en un sector que ignora a las mujeres cuando van cumpliendo años. Este viernes, 20 de febrero, celebra sus 60 compaginando su trabajo como modelo con su faceta de empresaria al frente de la marca cosmética Meaningful Beauty, orientada a mujeres más maduras.
Tenía 16 años cuando fue descubierta por un fotógrafo local de su pueblo, DeKalb, a las afueras de Chicago. Nunca se había planteado la moda como una salida profesional y, de hecho, durante sus tiempos de estudiante desempeñó todo tipo de trabajos: desde limpiar casas hasta doblar ropa en una tienda o recoger maíz, tal y como desveló ella misma a la revista Elle recientemente.
Gracias a sus buenas notas en el colegio, fue becada en la Universidad de Northwestern para cursar la carrera de Ingeniería Química. Sin embargo, la moda le abrió las puertas y cambió los laboratorios por las pasarelas. Como ha relatado en entrevistas a lo largo de los años, los comienzos no fueron fáciles y le costó asentarse como modelo. Empezó a trabajar en una agencia en Chicago donde, paradójicamente, le dijeron que tenía que eliminar el lunar que tenía en la comisura del labio. Ella se negó y ese lunar se convirtió en su seña de identidad, una “marca” que le ayudó a conseguir jugosos contratos. “Es esa unicidad lo que te hace diferenciarte de los demás, por eso hay que abrazar las singularidades, aunque es más fácil decirlo que hacerlo”, contó en una entrevista en 2020.
A mediados de los ochenta firmó con Elite, una de las agencias más poderosas de la industria, y en la década de los noventa todo cambió. Un editorial publicado en el número de enero de 1990 de la edición británica de Vogue, fotografiado por Peter Lindbergh, catapultó a Cindy Crawford a la fama. Es más, el reportaje se toma como punto de origen del fenómeno de las supermodelos. En aquella portada, Crawford aparece con Naomi Campbell, Christy Turlington, Linda Evangelista y Tatjana Patitz, consideradas las top models originales entre mitómanos y amantes de la moda. Poco después, las cinco volvieron a compartir plano en el videoclip Freedom!‘90, de George Michael, una canción convertida en himno que terminó de consagrar a aquellas mujeres como iconos mundiales.
Por primera vez en la historia, las modelos dejaron de ser únicamente conocidas en el ámbito de la moda para convertirse en auténticas estrellas, y eso derivó en una serie de acontecimientos, únicos hasta el momento, en los que Crawford tuvo una presencia destacada. La de Illinois demostró que se podía ser modelo de pasarela y modelo comercial, dos ámbitos excluyentes en esos años. Tan pronto desfilaba de la mano de couturiers legendarios, como Valentino, o firmas punteras de los noventa, como Versace, como firmaba jugosos contratos publicitarios con marcas de gran consumo tan arraigadas en el imaginario estadounidense como Pepsi. Su anuncio para la marca de bebida, emitido en la Super Bowl de 1992, es uno de los más recordados y del que se han hecho infinitas versiones. “Cuando se acerca la fecha [de la Super Bowl] siempre revisito mi anuncio de Pepsi porque me encanta. La música fue perfecta, los niñitos son perfectos y es uno de esos anuncios que gustó a todo el mundo e hizo a la gente feliz”, recordó en la revista People en 2023 sobre este momento icónico que ha reversionado en varias ocasiones. La última fue en 2021, para una causa benéfica: recaudar fondos para el hospital que trató a su hermano pequeño, que falleció de leucemia con cuatro años. Muy sonados fueron también sus anuncios con Revlon, la marca de productos para el cabello con la que trabajó durante más de una década.
Crawford estrechó todavía más su vínculo con las masas y ayudó a democratizar la moda gracias a su rol de presentadora del programa House of Style. El formato, en el que además trabajaba como productora ejecutiva, incluía entrevistas a diseñadores y compañeras de profesión y mostraba el inaccesible y exclusivo mundo de la costura en las televisiones de miles de hogares. El show se emitió en MTV (la cadena más popular entre los jóvenes americanos) desde 1989 y la modelo lo abandonó seis años después, cancelándose de forma definitiva en 2000.
Aparte de su éxito como top model, desde 1991 su nombre fue recurrente en la prensa del corazón. ¿El motivo? Su relación con Richard Gere, el actor del momento tras el éxito de Pretty Woman. La pareja se conoció cuando ella apenas tenía 22 años y él casi 40 y estuvieron casados hasta 1995. “Al principio, cuando eres joven, todo es en plan: ‘¿Te gusta el béisbol? Me gusta el béisbol. ¿Eres de budismo tibetano? Podría ser, lo intentaré’. Ya sabes, eres capaz de amoldarte a la persona de la que estás enamorada“, reveló la modelo en la docuserie de Apple TV+ Las supermodelos, estrenada en septiembre de 2023.

Con la llegada del nuevo siglo, la era de las supermodelos llegó a su fin. En el año 2002, el contrato con Revlon de Crawford, que para entonces había rehecho su vida con el empresario Randy Gerber y era madre de dos niños, Presley (1998) y Kaia (2001), terminó. Algunos medios aludieron al edadismo como una de las posibles causas, aunque la top aseguró que todo se debió a diferencias económicas. A partir de los 2000, su ritmo de trabajo aflojó, pero a diferencia de otras compañeras de profesión, como Claudia Schiffer, quien optó por desaparecer del mapa después de años de intenso escrutinio, ella nunca se ha alejado de la industria. Es una habitual de las semanas de la moda, aunque ahora acude como espectadora —con contadas excepciones, como el desfile homenaje a Gianni Versace celebrado en 2017 con motivo del 20º aniversario de la muerte del diseñador—; protagoniza campañas publicitarias con marcas de lujo como Omega (con quien trabaja desde el comienzo de su carrera) y en algunas ocasiones comparte jornada laboral con su hija Kaia Gerber, también modelo. Tampoco ha dejado de ocupar portadas. En 2018 fue la protagonista de Vogue España en el 30º aniversario de la revista, cabecera de la que también fue portada en su primera edición, lanzada al mercado español en 1988.
En estas cuatro décadas de recorrido, Crawford ha sido testigo de grandes cambios. En su opinión, una de las cuestiones más transformadoras fue la irrupción de las redes sociales. “Han sido el cambio más grande en la industria en los últimos 10 años. (…) Es como tener dos trabajos a tiempo completo. Cuando eres joven, como la mayoría de modelos, es algo precario porque todavía estás tratando de averiguar quién eres y si lo intentas averiguar en una plataforma pública, puede generar bastante presión”, reflexionó en una entrevista concedida a W Magazine en 2024. “Otro gran cambio son los directores de casting. No existían en mi época. Pero cuando mi hija empezó a ser modelo, eran muy importantes”, añadió.

Estar tan expuesta en la década de los noventa tampoco fue sencillo para Cindy Crawford, que todavía recuerda algunas situaciones embarazosas, comentarios humillantes y peticiones fuera de lugar realizadas en una época en la que la cosificación, y más en su industria, estaba a la orden del día. En el mencionado documental sobre las supermodelos, relató una entrevista con Oprah Winfrey realizada en 1996 en la que la presentadora le instó a levantarse y mostrar su cuerpo: “Era como una virgen o una niña, ser vista y no escuchada”, dijo. ”Cuando lo ves con los ojos de hoy, Oprah dice: ‘Ponte de pie y muéstrame tu cuerpo’. En ese momento no lo reconocí, pero al verlo de nuevo pensé: ‘Dios mío, eso no estuvo nada bien. Sobre todo viniendo de Oprah”.
Modelo, presentadora, productora, empresaria… La polifacética Cindy Crawford no solo es un referente para muchas jóvenes que acaban de aterrizar en la pasarela, continúa siendo relevante para una industria habituada a desechar a las modelos a la misma velocidad que se cambia la ropa en un escaparate, y eso no es algo que hayan conseguido muchas compañeras de profesión.
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